sábado, 5 de octubre de 2013

La Historia vuelve a repetirse pero de distinta forma

El artículo que hoy presento lo escribí en febrero de 2006. Eran momentos difíciles en los que el corte del puente atentaba contra años de trabajar la integración con Uruguay. El resultado fue “la nada, excepto lo que se pudo haber realizado sin tanta agresión. Apenas queda el recuerdo simpático de la bella Evangelina Carrozo reina del carnaval de Gualeguaychú, protestando con poca ropa ante los deleitados ojos de los  presidentes reunidos en la IV Reunión de la Unión Europea, América Latina y el Caribe realizada en Viena el 12 de mayo de 2006. Eran tiempos en que Néstor Kirchner tenía dificultades de comprensión cabal de la integración suramericana. Recordemos que debido a sus ya conocidas diferencias con Eduardo Duhalde se había abstenido de participar en la primera reunión previa a la constitución del UNASUR que se realizó en Ayacucho en ocasión del aniversario de la batalla del mismo nombre.
No importa, luego se avanzó, el gobierno nacional debió dar marcha atrás con sus primeras posiciones ante el tema pero la torpeza y la liviandad de gran parte de nuestra dirigencia que solo piensa en elecciones y votos a cualquier precio, nuevamente nos ha llevado a las pequeñas reyertas entre hermanos y sobre el mismo tema. No  creamos que es un tema solo nacional. El anterior gobernador de Entre Ríos, hoy opositor a la presidencia, Jorge Busti, fue uno de los impulsores del entredicho a la vez que se preparaba para atraer esas pasteras a su provincia, de allí la cantidad de eucaliptus sembrados en su gestión.
No hay otra solución en esta instancia que negociar un macro acuerdo que permita a las dos naciones beneficiarse de la producción que ya está en marcha. El MERCOSUR está pasando por una profunda crisis debido al resurgimiento de los patriotismos de campanario. Los argentinismos, los uruguayismos, brasilerismos, etc. etc. Mucha retórica y poca concreción, la liviandad y la falta de formación de muchos dirigentes colabora en el desastre que se cierne sobre nuestra región y que solo beneficia a los grandes intereses globalizados. Un antiimperialismo universitario que solo sirve para acentuar la inmovilidad y los errores, unido a una desideologización total de la política nos pone en peligro. Se impone la Unión Suramericana. Es tan importante como la discusión sobre las bases norteamericanas en Colombia o Paraguay, acordar con nuestros hermanos orientales.
El artículo puede necesitar de un experto y de correcciones dado los cambios explosivos en las ciencias y la tecnología, pero es bueno recordar el tema, debatirlo para no repetir frases obsoletas y demagógicas al estilo que ese nuevo/viejo político que resulta ser De Angelis.
Es necesario volver a introducirnos en una cultura iberoamericana. Ojalá sea posible que una nueva camada de dirigentes pueda impulsar el desafío de la integración iberoamericana.      





LA CRISIS CON URUGUAY Y LA UNIDAD SURAMERICANA

Un mismo cielo cubre nuestras dos orillas, su azul se refleja en nuestro paisaje, en nuestras aguas y en nuestras banderas.
Aceptemos ese simbólico abrazo de la naturaleza como un signo de fraternidad que nos convoca a la paz, al trabajo en común, a la prosperidad y a la felicidad de nuestros dos pueblos.

Presidente Juan Domingo Perón el 15 de noviembre de 1973 en Montevideo en ocasión de la firma del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo    


Si luego de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata una fuerte tendencia sudamericanista recorrió nuestros países, si el bloque MERCOSUR adquirió un fuerte protagonismo político en esa ocasión –aunque no sin algunas disidencias internas- fortaleciendo la decisión política de 1991, si esta fuerte corriente integradora se vio fortalecida por el triunfo de Evo Morales en Bolivia y en fin, si Uruguay o Chile han ratificado su vocación habiendo ya declarado entre sus prioridades la unidad latinoamericana; el enfrentamiento por la instalación de las fábricas de celulosa en Fray Bentos sobre el río Uruguay fue -y aun es- una rayo en la noche que como tal produce daños que nunca se sabe si podrán repararse. Nuestro imperioso deber como sudamericanos, es impedir que esta crisis siga avanzando descontroladamente entre irresponsabilidades políticas, falsos nacionalismos trasnochados, intereses económicos no muy explicitados o modestísimas y mezquinas especulaciones políticas.

ALCA o MERCOSUR

Los mismos militantes ambientalistas que hoy -virtualmente impulsados al menos por una parte del gobierno y funcionarios de Entre Ríos-  han devenido en piqueteros,  seguramente sostienen una postura contraria a la concreción del ALCA y por supuesto a la firma de un tratado bilateral (uruguayo o argentino) de “libre comercio” con EE.UU. ¡Vaya paradoja! El actual conflicto ribereño, entre sus patéticas secuelas, no hace sino mostrar  descarnadamente las debilidades del MERCOSUR, favorecer objetivamente dentro del país oriental a quienes impulsan aquel tratado bilateral con el norte y también a los que hace ya un tiempo se ocupan con ciertos fundamentos teóricos (que obviamente no compartimos), de agitar el alejamiento uruguayo del Tratado de Asunción (MERCOSUR).
Quienes hoy cortan el paso con la Banda Oriental, contribuyen -seguramente sin saberlo- a debilitar el mayor intento de unidad de los países de la Cuenca del Plata con proyección continental, del siglo XX y seguramente del XXI.

Una agresión injustificada

En realidad no es que la Argentina y quienes viven a orillas del hermoso “río de los pájaros o de los caracoles” no deban preocuparse por el desarrollo sustentable del mismo. Lo absolutamente injustificable es que para hacerlo se corten las vías de comunicación con nuestros hermanos de la otra banda. Si Uruguay  violó, o al menos incumplió el Tratado del Río de la Plata firmado durante el tercer gobierno de Perón -cosa que ellos niegan, pero aun suponiendo que así fuera-, la respuesta no puede ser un “acto punitivo” como es el corte de los puentes que unieron e integraron y fortalecieron y son la culminación de una historia, una lengua, una religión y una cultura común. Infringir un tratado resulta de hecho opinable y en definitiva posible de solucionarse mediante el diálogo político, lo segundo constituye una agresión aventurada de impredecible consecuencias.[1]
Desprolijamente, el gobierno argentino discrimina los piquetes que impiden el paso en rutas y puentes. A los desocupados, marginados u obreros en conflicto, los presiona por la fuerza y el diálogo, y los obliga a no cortar... nada de esto se logra idílicamente y los hechos de Santa Cruz o los de la ruta a Mar del Plata, así lo atestiguan. Sin embargo parece ser que los piquetes de las “clases pensantes” no merecen el mismo tratamiento. Estos han decidido discutir en una asamblea popular medidas que afectan a toda la nación como si la república fuera una especie de democracia ateniense en la que “el Puente” cumple la función del ágora de la antigüedad... con la diferencia que en Gualeguaychú una minoría resuelve sobre las mayorías (el resto de los argentinos) que no pueden expresarse.
Sería deseable que no suceda con este conflicto, lo que al cine de Bruno Crespi en el Macondo de Cien Años de Soledad, cuyas sillas fueron destrozadas por los espectadores indignados por “la aparición con vida de uno de los personajes que en una película anterior había muerto”... tocándole al alcalde del pueblo explicar mediante un bando que “el cine era una máquina de ilusión que no merecía los desbordamientos pasionales del público.”
La unidad de Sudamérica, vital en los tiempos de globalización en que vivimos y una necesidad para garantizar el futuro desarrollo de los pueblos de la región, se sustenta esencialmente en una alianza argentino-brasilera. Como la Unión Europea lo hizo sobre la base de Alemania y Francia, algo impensable a mediados del siglo XX debido a los millones de muertos que en la Segunda Guerra Mundial  separaron a ambas naciones. La condición de países líderes –tal el caso de los nombrados- no otorga mayores  privilegios sino mayores obligaciones y estas son: la de propiciar las medidas políticas, económicas y sociales prácticas que consoliden la unión. En Europa los más poderosos sostienen en forma concreta –es decir con aportes monetarios importantes-a los menos desarrollados como España o Portugal para citar solo a los cercanos a nuestra América.
 Argentina no puede negligentemente desconocer que el proyecto de producción de celulosa en Uruguay tiene alrededor de 20 años y que representa una inversión de 1800 millones de dólares, para un país que no ha podido salir de su antigua estructura agraria y financiera (“la Suiza del Plata” la llamaban). Es demasiado importante el plan para simplemente pararlo por las demandas vecinales hechas con prepotencia. Esta es la única realidad aunque no guste. Si Argentina y Brasil no encuentran la forma de acompañar las necesidades de los más pequeños como Paraguay y Uruguay y encontrar un marco de entendimiento... alguien ocupará ese lugar, recordemos que en política “los espacios que se abandonan los ocupa el adversario o el enemigo generalmente en contra de aquel que se distrajo demasiado”.

Cuidar el medio ambiente sin abandonar la necesaria industrialización

Alfredo Calcagno, acertadamente, en un artículo de la revista Qué, vincula soberanía económica (en América Latina) con industrialización y no puede ser de otra manera en un continente en el que las distintas potencias mundiales favorecieron la sobre explotación de las materias primas y la monoproducción animal, vegetal o mineral.
Hoy ambiciosamente se empieza a hablar de la integración mediante un acuerdo energético sudamericano; de hidrovías continentales, particularmente en el  Paraná, el Paraguay y el Uruguay, de corredores bioceánicos que surquen el territorio nacional en el norte, el centro y el sur, para llegar al Pacífico, descomprimir los puertos sobre el Atlántico y favorecer el comercio con Asia.
Todos estos propósitos afectan en mayor o menor medida el ecosistema continental. Será necesario entonces discutir permanentemente, a la luz de las más modernas tecnologías de resguardo del medio ambiente, pero de ninguna manera dejar de realizar los proyectos en danza porque significaría auto condenarnos al atraso eterno.
No hay industrialización que no contamine. Pero el mundo ya no funciona sin ella y además tecnología, ciencia e industrias también promueven el conocimiento de nuevas invenciones para proteger el medio ambiente. No se puede entonces llevar la teoría a extremos del absurdo. Digamos para ser justos que hasta el humo del asado contamina el aire...
                                                         
La Alianza argentino-brasilera es estratégica solo si contiene a los pueblos más pequeños

Argentinos, paraguayos, uruguayos, brasileros y bolivianos desconocemos la historia común de la Cuenca del Plata pero lo más trágico culturalmente es que poco se hace por transformar esta situación. En nuestro país, por ejemplo, los Núcleos de Aprendizaje Prioritarios (NAP) -rimbombante denominación que otorga el Ministerio de Educación de la Nación a los conocimientos esenciales que deben enseñarse a niños y jóvenes- referidos a las Ciencias Sociales no se enfocan los temas desde la óptica de Sudamérica y el MERCOSUR. Se los incluye en una sumatoria de temas en los programas, pero no conforman un eje central y transversal. Seguimos enseñando la historia “nacional argentina” que la sociedad agro exportadora delineó en la segunda mitad del siglo XIX. 
No es el tema que nos ocupa, aunque la ignorancia mencionada y la falta de un proyecto sudamericanista que recupere efectivamente nuestro origen común serviría para evitar los excesos “barriales” que cada tanto aparecen en algunos de las regiones del continente. Sin pretender hacer demasiada historia interesa recordar algunos hechos del pasado. “¿Qué somos al final sino herencia?” Dijo el Embajador Álvaro Teixeira Soares[2].
Ni Brasil ni Argentina pueden hacerse los distraídos o al menos mirar para otro lado, como si ninguna responsabilidad histórica los alcanzara respecto a sus vecinos de la Cuenca del Plata.
La acción combinada de parte de la clase dirigente argentina (el grupo rivadaviano) y brasilera y los intereses británicos en el Plata, favorecieron en 1828, el surgimiento del Uruguay independiente, un verdadero “estado divisorio” que evitaba el dominio del estuario por una o las dos grandes potencias sudamericanas[3]. La creación de esta república, de lo que históricamente fue una provincia del Virreinato del Río de la Plata, ha sido y es uno de los factores centrales de la parálisis y el atraso oriental y la fragilidad Argentina.
Paraguay tuvo un destino más signado por la tragedia debido a las ambiciones de los dos “grandes” del Plata. En la época de la independencia, Buenos Aires pretendió someter a aquella provincia lo que motivó y dio justificación al aislamiento del resto de los estados de la región, que impuso el gobierno del Dr. Gaspar Rodríguez de Francia con una interesante política de proteccionismo económico que lo favoreció pero al mismo tiempo lo separó y lo condenó -en el transcurso de los años- al fracaso. Sobrevendría luego la infamia y la vergüenza de la “Triple Alianza” [4]. Brasil, Argentina (dominada por Mitre) y el Uruguay (manejado por los Colorados, amigos de Mitre) sellaron un tratado que implicó una guerra en la que la nación guaraní fue desbastada y pocos recuerdan hoy que el estado argentino y brasilero (uruguayo también) fueron los responsables de una verdadera matanza de la población paraguaya activa. De 600.000 hab. que había  en 1865, antes de la contienda, solo quedaban 231.000 en 1872 al finalizar la guerra. La misma solo concluyó con la muerte de Francisco Solano López, el valeroso presidente, en Cerro Corá alcanzado por una partida militar brasilera. La recuperación del nivel poblacional anterior solo se recuperó medio siglo después hacia la década de 1920.[5]
Bolivia, el menos “platino” de los países de la región, era en las épocas de la independencia “la provincia del Alto Perú”, al punto que Bolívar ordenó a Sucre consultar a Buenos Aires sobre el destino final de esos territorios. El gobierno porteño de Martín Rodríguez y su ministro Rivadavia contestó que las dejaba “en libertad de acción”, lo que dejó al venezolano azorado, calificando la displicente respuesta de “inaudito desprendimiento”. Luego Rosas contribuyó en alianza con Chile a derrocar al Mariscal Andrés de Santa Cruz que había constituido la Confederación Peruano-Boliviana, que hubiera permitido a ambas repúblicas unidas otro destino. Más tarde en la Guerra del Pacífico (1878) Chile procedió a quitarle la salida al mar, hasta nuestros días. En la conflagración  los intereses económicos británicos tuvieron una decisiva ingerencia para desatar la guerra. Hasta el día de hoy esa guerra separa a bolivianos, peruanos y chilenos. Estos últimos saquearon la Biblioteca Nacional del Perú y cometieron todo tipo de tropelías que ni siquiera los auto denominados “progresistas” socialistas plantearon desde el poder redimir. En cambio los “populistas autoritarios” como Yrigoyen y Perón y ahora Cristina Fernández sí contribuyeron a cerrar heridas.  
En casi todos los hechos descriptos, Gran Bretaña hizo sentir su poder en forma abierta o solapada, pero en todos ellos también fue decisivo el accionar de las clases dirigentes argentinas, brasileras, y chilenas en el caso boliviano. El devenir histórico acrecienta las responsabilidades internas, ya no tenemos excusas para no unirnos y enfrentar el futuro. Toda otra opinión o acción solo ayuda a mantener la pobreza y la crisis.
El Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil Celso Amorim, reconoció que Brasil y Argentina poco hicieron por los hermanos menores hasta el momento, aunque también criticó la posibilidad que Uruguay firmara un tratado bilateral de libre comercio, con EE.UU. al margen de MERCOSUR.
Tratar de impedir el acceso de los uruguayos a una industria que cada vez adquiere mayor importancia en el mundo, es en el mejor de los casos un error. Actitudes integristas descontextualizan el necesario y creador debate y favorecen expresiones de un mediocre nacionalismo como el del Presidente de la Unión Industrial Paraguaya, Guillermo Stanley, típica de un cerebro aherrojado por el “mercado”: "La actitud de Argentina muestra que los grandes países del Mercosur quieren someter a los más chicos a un estado primario de producción". Stanley (¿será William en lugar de Guillermo?) parece querer incentivar los enfrentamientos ignorando o simulando ignorar que toda la Cuenca del Plata ha sido condenada a una producción primaria por la acción de las grandes potencias europeas y EE.UU. y que solo la integración ofrece otra perspectiva. Lamentablemente este tipo de pensamientos se propagan cuando conflictos como el de las papeleras se sobredimensionan. Exigir el control ambiental de los desechos tóxicos que las fábricas en construcción, pueden arrojar al río común, es un imperativo de ambos pueblos, pero este solo podrá ser efectivo si se realiza mediante el diálogo y con un adecuado consenso. Esta es una de las ocasiones en las que la Patria exige transigir -“que se doble pero que no se quiebre”- para superar los enfrentamientos, o sea levantar los cortes y sentarse a una mesa sin condicionamientos para ninguna de las partes.
El presidente Perón el 10 de junio de 1974 en la VI Reunión de Cancilleres de la Cuenca del Plata decía: “¿Cómo no podemos llegar también nosotros a un acuerdo para integrar países, en donde todo nos une y nada nos separa? Aquí es cuestión de hacerlo, allá, (en Europa) era cuestión de meditarlo muy profundamente. Aquí ni la meditación es necesaria es cuestión de comenzar.” Luego agregaba: “Creo que ya ha pasado la época histórica en que los países se defendían solos; para el futuro creo que ningún país aislado podrá subsistir. En consecuencia y aunque no nos gustara, tenemos que unirnos, porque estamos en la parte del mundo que posee las más grandes reservas, en las que se tiene una gran esperanza.(...) Si nosotros no estamos preparados para defendernos, nos van a quitar nuestras riquezas y para ello existen muchos medios.” “Unidos y organizados podremos defendernos.” Al concluir el estadista profetizaba: “Si nos unimos y nos integramos (los países dela Cuenca del Plata) sucederá inmediatamente la integración del resto de los países.”
Tanto el gobierno nacional como el provincial son peronistas, por lo que deberían ampararse en esta magnífica tradición sudamericana de quien fuera tres veces presidente electo de los argentinos.

Las catástrofes ecológicas

Este tipo de disputas, que predicen desastres ambientales recuerda algunas del  pretérito nacional, que fueron superadas por la realidad y que en muchos casos servían para ocultar fuertes intereses conservadores (de un pasado irrepetible) o “progresistas” (promotores de un futuro inexistente) o económicos (ambiciones de algunas empresas por la obra principal o las secundarias ligadas con aquella). Recordemos la construcción del Dique San Roque en el siglo XIX, Itaipú, Yaciretá, Corpus, Salto Grande -cercana a la zona hoy en disputa-, las centrales nucleares, como las de Embalse a  orillas del lago los Molinos, en el XX.[6]
En Brasil la construcción de la ruta Transamazónica  que exigió desmontar casi tres millones de has. de bosques vírgenes, causó similares conflictos y debates internos. Todos estos emprendimientos tuvieron oposiciones que predecían gravísimas consecuencias ecológicas: la “contaminación eléctrica”, el aniquilamiento de la flora y la fauna, cambios climáticos, etc. etc. Tanto pesimismo ideologizado ya fue superado por el bienestar que estas  grandes obras han llevado a los pueblos y los problemas ambientales que se presentan y se presentarán, se van a ir solucionando gracias a los avances diarios de la tecnología[7].
Si de contaminación ambiental se trata, no ocultemos que uno de los mayores contaminantes del ambiente son los escapes de los automóviles, que quienes hoy defienden el río en ningún momento se han planteado inmovilizar... Los vehículos gasoleros -combustible con el que funcionan las maquinarias agrícolas de quienes hoy (en buena hora)  reciben magníficas ganancias de las exportaciones de la soja, o las 4x4 que la televisión mostraba en las movilizaciones- son los más degradantes del aire que respiramos. Ni que hablar del faenamiento del pescado en los ríos de la zona.
En referencia  a la soja, podemos decir que serios informes de especialistas abundan sobre los efectos negativos que la tala del bosque nativo tiene para con el ecosistema. La degradación de los suelos debido a la falta de rotación de los cultivos en muchos lugares; o los pésimos efectos de los agroquímicos que se utilizan. No se puede advertir solamente sobre algunos contaminantes... los que nos convienen. 
Las  pesqueras en la zona de Concepción del Uruguay tiran agua cruda al río con nocivos efectos y en el río Gualeguay aparecen permanentemente peces muertos aparentemente por falta de oxígeno. Todo esto y algunas otras cuestiones que se podrían plantear nos muestra claramente que al río hay que cuidarlo “entre todos” y “de todos” los que lo contaminan sin adoptar medidas fundamentalistas, sino a estudiando los temas para encontrar salidas científicas a las agresiones diarias que la humanidad  produce a la naturaleza.
En Japón ya se utilizan en los edificios algunas pinturas que absorben ciertas partículas contaminantes del aire. Que podemos decir hoy de la “ecologista” Europa que se ve en la obligación ¿? o instancia ¿?, de retomar la energía nuclear –que oportunamente dejó de lado y criticó- debido a la dependencia energética que tiene de los combustibles fósiles que como se sabe son no renovables y atraviesan toda la ex URSS a través de un gasoducto sumamente vulnerable en épocas violentas. La misma opinión pública que antes condenó la energía nuclear, hoy ante la grave situación que podría ocasionar la falta o el encarecimiento excesivo de los combustibles tradicionales, empieza a cambiar su manera de pensar por una posición más favorable.[8]

Argentina también produce celulosa

 Las industrias que se atacan en la Banda Oriental, son bienvenidas sobre el Paraná en Misiones donde ya existen emprendimientos de importancia  como Alto Paraná en Puerto Esperanza, que produce unos 350.000 toneladas- año, Papel Misionero en Puerto Mineral, con 70.000 ton. año, Celulosa Puerto Piraí con 30.000 ton. año, todas en Misiones y con planes de expansión.(Cifras tomadas de “La Polémica Planta de Celulosa en M'Bopicuá” Informe del Esc. Fernando Vélez Molina). Tanto el gobernador peronista Rovira como el ex gobernador radical Barrios Arrechea disienten abiertamente con las posiciones del ejecutivo entrerriano. Además las tres papeleras mencionadas se encuentran cercanas a Iguazú cuyo turismo no disminuyó precisamente en estos últimos años (en 2005 pasearon 1.000.000 de personas por la zona).(Fuente La Nación 30-01-2006 en “Unánime defensa de las fábricas de celulosa en Misiones”).
También existen plantas productoras de celulosa en la costa santafecina, Celulosa Argentina en Capitán Bermúdez, oportunamente denunciada por “Greenpeace” (con todas las dudas que nos provoca esta ONG extrañamente rica) por contaminación, con una producción de unos 150.000 toneladas año.
 En provincia de Buenos Aires se encuentra Celulosa Campana con 30.000 ton. año y  Celulosa Argentina  en Zárate con 20.000.
Sin embargo lo más contradictorio para el gobierno de Entre Ríos es que a 120 kms. de Gualeguaychú tiene una fábrica de celulosa: de unas 17.000 ton. al año.
Esta producción totaliza para Argentina, sobre el Paraná, unas 800.000 toneladas al año, lo que es la mitad de lo que tienen planificado Botnia y Ence(esta empresa finalmente desistió) en Fray Bentos. No podemos ser “ecológicos” para con los demás y permisivos para con nosotros mismos.
En el caso argentino, como lo señala en un informe el Ingeniero Agrónomo Gustavo Cetrángolo, somos exportadores de celulosa pero importadores de papel, materia en la cual tenemos un déficit de unos 500.000 millones de dólares anuales. ¿No sería viable lograr acuerdos que nos permitan mejorar la situación de ambas orillas y beneficiarnos mutuamente, en lugar de tanta disputa estéril?
Uruguay tiene una 650.000 has. forestadas con eucaliptos para la producción de celulosa pero Entre Ríos posee aproximadamente 1.000.000 de has. aunque más nuevas. Este hecho nos mueve a pensar que también los argentinos estamos pensando en celulosa... y no está mal. Lo que sí es malo que “solo miremos la paja cuando es en el ojo ajeno”.
En el discurso de Perón mencionado en el epígrafe hablaba justamente de la necesidad de cuidar el río entre los dos países: “Hemos tomado conciencia de la s enormes riquezas naturales de que disponemos, cuya defensa y racional aprovechamiento nos crea una obligación irrenunciable ante la humanidad... Avizoro un horizonte lleno de esperanza para ambas naciones: nuestros pueblos lo merecen.” En dicha ocasión reivindicó a Roque Saenz Peña y Gonzalo Ramírez que en 1910 dieron el primer paso para encontrar soluciones amistosas a las diferencias platenses. Debemos transitar, aquel camino de fraternidad y solidaridad, en lugar de apelar a una verborrea inconducente y por momentos, provocativa.
Los hermanos  uruguayos también deben ponerse el sayo, pero estoy convencido que Argentina tiene hoy la principal responsabilidad.

La tecnología que se va a usar en las plantas

En el diario La Nación del 30-1-2006  se reconoce que “según los informes de impacto ambiental presentados por ambas empresas al gobierno uruguayo, se comprometieron a usar sistemas de recuperación y tratamiento de los líquidos y las sustancias químicas recomendados por la Unión Europea, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos y el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes, suscripto por la Argentina en 2001.
 Justamente en Fray Bentos, Botnia y Ence, se proponen utilizar la tecnología ECF (según sus siglas en inglés) o libre de “cloro elemental”  que es el que se utiliza hoy, mayoritariamente, en todo el mundo desarrollado. EE.UU. que posee la segunda empresa productora de celulosa en el mundo –la Georgia Pacific-, o Canadá que tiene la tercera, utilizan ECF que además es el admitido por el Banco Mundial como “preferente” aunque reconociendo que lo ideal es el TCF (siglas en inglés) -que es el promocionado por Greenpeace- sobre la base de peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) oxígeno y ozono. En la reglamentación estadounidense sobre las tecnologías para blanqueo de papel elaboradas durante el gobierno de Clinton en 1997, se condena el uso de “cloro elemental” y se alienta el uso del ECF. No creo entonces que estos países auspicien el envenenamiento de sus propios territorios.
El TCF si bien es una tecnología libre de cloro no permite elaborar papel reciclado que pudo haber sido blanqueado con cloro, y el que se obtiene de dicha celulosa es más débil, por lo que se requiere mayor cantidad de árboles o sea de forestación. Al mismo tiempo genera otro tipo de contaminación según informes técnicos, aunque seguramente preferibles o más aceptables que los del CL2 (dióxido de cloro).  Obviamente es mucho más caro también, lo que no debería tenerse en cuenta, si preservara el medio ambiente, algo que es relativo, según explican los especialistas.
  En el mismo artículo de La Nación, la ingeniera química María Cristina Area, experta en tecnologías limpias de pulpado y blanqueo de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) afirmó que  “Según (...) investigaciones realizadas en los últimos años sobre plantas instaladas y, en especial, sobre cómo evoluciona la vida acuática en aguas en las que las fábricas vierten sus efluentes dieron resultados que sorprenden. ‘Tras 15 años de estudios, y con los cambios introducidos en el proceso industrial, los niveles de sustancias contaminantes emitidas son mínimos como para dañar la salud o el ambiente’, sentenció la titular del Programa de Investigación de Celulosa y Papel de la UNAM y puso como ejemplo que a principios de la década del 90 había alertas sobre el consumo de peces en 25 ecosistemas río abajo de las plantas de Estados Unidos, el mayor productor de pasta de celulosa del mundo. ‘Después de dieciséis años de blanqueo libre de cloro elemental se ha levantado la mayoría de los alertas’, señaló.”
Alberto Venica, doctor en Ciencias de la Madera y Papel de la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos) sostuvo que “técnicamente, con el dióxido de cloro no se producen dioxinas y casi no se generan organoclorados” altamente tóxicos y además “Cuando el blanqueo es del tipo ECF, no se llegan a detectar dioxinas en los efluentes porque durante el proceso de blanqueo de la pasta el dióxido de cloro oxida las sustancias orgánicas. Luego, esas sustancias sufren un tratamiento biológico en el que bacterias las degradan a anhídrido carbónico y agua antes de salir al río.”[9] Area concluye, “En 1996, el Banco Mundial recomendó el blanqueo TCF, pero la Convención de Estocolmo validó en 2001 que la tecnología ECF genera una contaminación similar al proceso TCF.”[10] Dicha Convención ha sido firmada por la Argentina.
El 85 % de las plantas de los países desarrollados  utiliza la tecnología ECF y el 15 % restante las dos, la TCF y la ECF con lo que suponemos que no todos pueden suicidarse al mismo tiempo y por cierto que se rebate el  argumento de un “antiimperialismo infantil” que sostiene: “vienen aquí porque ya destrozaron su medio ambiente”... No lo dudemos, vienen aquí porque al valor de sus monedas la producción en América Latina es infinitamente más barata (hoy se denomina a esto “ventajas comparativas), tanto en la inversión como en los trabajadores. En suma “es un buen negocio”.
Los europeos –tan ecológicos ellos- rechazan las semillas transgénicas de la soja que utiliza tanto EE.UU. como la Argentina por ser “peligrosas para la salud”, con lo que en materia agrícola (y hay productores agropecuarios cortando los puentes) nos colocamos en la situación inversa: según la UE nuestros productos no son ecológicos. ¿Quién tiene la razón?
En síntesis. El debate técnico-científico es complejo y difícil de determinar la posición más acertada aunque, como sucede en la vida, tal vez ambas posturas encierren alguna verdad.
Pero hoy es necesario que la Argentina deponga la actitud impedir el libre tránsito en los puentes y retome el camino del diálogo. Se trata de una discusión de familia y quienes tienen responsabilidad (y la Argentina por su ubicación en Sudamérica la tiene) deben adoptar todas las medidas que conduzcan a la superación del conflicto.

Causa Nacional es la Comunidad Sudamericana de Naciones

El gobierno nacional y el de la provincia de Entre Ríos han otorgado, desafortunadamente, al “conflicto de las papeleras”, el carácter de “causa nacional”. El hecho no solo es desdichado sino peligroso.
Causa nacional es la recuperación de las islas Malvinas o más importante aun, la construcción de una Comunidad Sudamericana de Naciones. El presente diferendo, debido a la insistencia beligerante de algunos vecinos, no puede tener ese carácter ni siquiera por equivocación.
Las disidencias deben únicamente abordarse dentro del diálogo y en todo caso como un conflicto “interprovincial” porque en realidad de esto se trata: la unidad de América del Sur debe ser asumida hasta las últimas consecuencias especialmente por quienes declaman la necesidad de la integración.
Nuestra realidad actual no admite más fracasos. No se entra al futuro retrocediendo. Urgentemente debemos deponer las actitudes provocativas y absurdas contra el Uruguay y sentarnos a conversar sin condicionamientos porque científica y tecnológicamente existen soluciones para el diferendo planteado De otra manera estaremos haciendo el juego a quienes desde nuestras independencias medraron con la debilidad del Sur.

Febrero de 2006.  

       




       



  


   




[1] Quien fuera dos veces presidente de Uruguay el Dr. Julio María Sanguinetti en una columna escrita para el diario La Nación el 24 de febrero pasado dice:  “Nada de lo que hoy se discute, entonces, es producto de un arrebato improvisado, sino de políticas de larga duración. En aquel 2003, el gobierno uruguayo dio una autorización provisional (que por no ser definitiva es discutible que hubiera obligación de informar, conforme al tratado del río Uruguay). En cualquier caso, si hubiera habido alguna omisión, ella se salvó, porque ante la queja argentina se adelantó una negociación diplomática que culminó el 2 de marzo de 2004, con un acuerdo entre los cancilleres Opertti y Bielsa, del que da cuenta LA NACION al día siguiente. En su crónica, se recoge la opinión del entonces canciller argentino, que dijo que los cortocircuitos iniciales respondieron "a que no se había acordado un mecanismo como el suscripto hoy con Uruguay, que permite que no haya ningún aspecto fuera del escrutinio de quienes están interesados". Se cae así la afirmación de que hubo una violación del tratado, cuando incluso este acuerdo es transformado en un acta, firmada el 15 de mayo en la Comisión Administradora del río Uruguay. De todo lo cual da cumplida cuenta la Memoria anual del Ministerio de Relaciones Exteriores, que pone "fin a la controversia" y consigna que se ha diseñado un "Plan de monitoreo de la calidad ambiental del río Uruguay en áreas de plantas celulósicas”.

[2] En el Prefacio a La formación de los Estados en la Cuenca del Plata. Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay. Luis Alberto Moniz Bandeira. Grupo Editorial Norma. Pág. 20.
[3] Es justamente un uruguayo, Blanco, el Dr. Luis Alberto de Herrera quien en su libro: “La Misión Ponsomby y la Independencia del Uruguay” -que Eudeba reeditó en 1973 en la colección Iberoamérica en la Historia dirigida por Jorge Abelardo Ramos- publicó las pruebas de esta infamia. Es interesante destacar que Lord Ponsomby también actuará en la creación de Bélgica como estado independiente de Holanda, política de “equilibrio” impulsada por Gran Bretaña permanentemente en todo el mundo. No es casual que este inteligente diplomático según cuenta José María Roxas y Patrón (Min. De Rel. Exteriores de Dorrego)se haya sincerado con su interlocutor diciendo: “...la Europa no consentirá jamás que solo dos estados, el Brasil y la Argentina, sean dueños exclusivos de las Costas orientales de la América del Sud, desde más allá del Ecuador hasta el Cabo de Hornos.” Extraído de Política Británica en el Río de la Plata – Raúl Scalabrini Ortiz-Edit. Plus Ultra 1971-Pág. 127
[4] Antonio J. Pérez Amuchástegui en Mas allá de la Crónica escribe: “El Tratado secreto de la Triple Alianza fue hecho público por el Foreign Office de Gran Bretaña a principios de marzo de 1866, en versión inglesa, y según el testimonio británico la copia había sido obtenida el año anterior del canciller uruguayo Carlos de Castro. La versión inglesa fue difundida por el Times de Londres...” En la Argentina se conoció traducida del inglés y se desconoció hasta fines del siglo XX el texto original castellano de la misma.  Crónica Histórica Argentina. Tomo IV Ed. Codex  en Más Allá de la Crónica Pág. LXVI.  
[5] -Extraído de Liliana Brezzo, “Argentina-Paraguay- (1810-2000)” Caviar Bleu Edit. Andina Sur-. Autores brasileros sostienen que los datos de población y  víctimas son discutibles y de mucha variación numérica (Ver Francisco Doratioto) pero en todos los casos las cifras son inhumanas.   

[6] En un encuentro de ambientalistas realizado en 1983, en Santa Fe se elaboró un manifiesto en el que se enumeran una serie de verdades imposibles de cumplir pero que al mismo tiempo nos condenaría al atraso. Decían por ejemplo: “NO a las fuentes energéticas contaminantes. NO a los faraónicos aprovechamientos hídricos que trastornan tal vez irreversiblemente vastas regiones... NO a la energía nuclear... NO a la distorsión demográfica que concentra una población desmesurada en los grandes centros urbanos... NO a la ganadería que abusa del sobrepastoreo y desestima las especies nativas que han evolucionado en íntima adaptación con el ecosistema americano. 
[7] En Brasil por ejemplo en la zona del Acre, grupos de ecologistas con gran pragmatismo buscan las formas de defender la selva húmeda sin impedir la construcción de la carretera, fundamental para el desarrollo de la región  y el mantenimiento de la industria del caucho que como se sabe no es de las menos contaminantes. Tal cual lo dicho, “la polución” existe pero al mismo tiempo el hombre genera la defensa de su medio con los adelantos científicos y técnicos que  surgen permanentemente.
[8] Hasta ahora la política de la UE funcionaba sobre la base de la denominada "ecuación de las tres E": crecimiento económico, seguridad energética y protección del entorno (medio ambiente).A esos parámetros, que comienzan a ser insuficientes, ahora hay que agregar la "ecuación de las tres S": seguridad de aprovisionamientos, seguridad de las instalaciones, y solidez y estabilidad del mercado. Según el criterio de los expertos, la energía nuclear representa, en ese contexto, la solución más barata, segura y limpia. La opinión pública, que durante el último cuarto de siglo se había opuesto tenazmente a la opción atómica, abandona su resistencia y se inclina ante los imperativos de la realidad. (Clarín 31 de enero de 2006-  Laura Corradini). También en este artículo se menciona que la Argentina se encuentra entre la élite de los países nucleares del mundo: Cabe preguntarnos si esto hubiera sido posible si hubiéramos hecho caso de aquellos militantes de los 80 que impulsaban la supresión de los programas atómicos.

[9] La Nación 30-1-2006
[10] Ídem. Ant.

Cacho Castaña Gran Rex 2012 - Garganta con arena/La gata Varela (con Adr...

domingo, 11 de agosto de 2013

AMÉRICA LATINA INDEPENDENCIA Y REVOLUCIÓN- Exposición realizada en el Seminário Internacional Independências nas Américas realizado en Salvador de Bahía (Brasil)



AMÉRICA LATINA INDEPENDENCIA Y 

REVOLUCIÓN


…el pensamiento empieza a ser de América…
…Crear es la palabra de pase de esta generación.
José Martí


LA CIVILIZACIÓN AMERICANA

La tarea ineludible que tenemos en Iberoamérica es recuperar la historia conjunta que fue nuestra génesis dado que, parafraseando a Abelardo Ramos, “fracasamos en ser latinoamericanos”.
En Argentina, igual que en otros países de Suramérica y del resto de América Latina, la mirada que se da a la historia es “nacionalista” es decir: argentina, brasilera, peruana, ecuatoriana, guatemalteca… A pesar de la existencia del MERCOSUR, el UNASUR, la CELAC, la COMUNIDAD ANDINA, no hay todavía en los distintos países una mirada  latinoamericana. Esta regla, se vuelve excepción con algunos historiadores profesionales especializados en historia de América Latina, pero los gobiernos en general y especialmente los ministerios de educación no pasan de declaraciones retóricas y rimbombantes aunque en muchos casos sin demasiado contenido.
En la región que podemos llamar el Río de la Plata o el cono sur: Uruguay, Paraguay, Brasil, Argentina (que es a la que voy a referirme para acotar el tema) se han producido avances generales desparejos según el país, pero sin acceder a abordajes americanos. Incluso existe un generalizado desconocimiento entre sí y actitudes peyorativas que generalmente suelen expresarse en espectáculos públicos. El imperativo categórico de unirnos para salir adelante o por lo menos integrarnos, unido a las facilidades del turismo regional nos ha llevado a los argentinos hermanos, a conocer algo más de Chile, Bolivia, Venezuela, especialmente gracias a la mediática y popular figura del fallecido presidente Hugo Chávez y su “Bolivarianismo”.
No obstante desde la historia tanto científica como de difusión y en las escuelas primarias, secundarias y universidades no hay un esfuerzo para que nuestras historias nacionales, creadas bajo el contexto de la formación de los distintos países del continente luego de la separación de España y Portugal -en el caso de Brasil-, se estudien como un todo.  
Esto implica en los hechos –en ocasiones es deliberado, pero no siempre- una visión falsa de nuestros orígenes. No es posible comprender acabadamente nuestros padecimientos posteriores a las independencias si no asumimos que somos países de una nación inconclusa. Nos  incorporamos a la globalización de fines del siglo XV con especificidades  pero como totalidad y nos separamos de la península ibérica también integralmente, casi al mismo tiempo. La excepción brasilera, es relativa, porque lo hizo en 1822/23 cuando todavía Hispano América luchaba contra el absolutismo español.
América conformó con España como centro y Portugal (Brasil) el primer gran imperio universal. Incluso es preciso destacar que entre 1580 y 1640 ambos países “fueron dos” pero en “una sola corona”, la de Felipe II inicialmente.
La hoy denominada América Latina, es hija de la “balcanización”[1], de la fragmentación, que sufrió el imperio hispanico luego de las revoluciones de 1810, la guerra de la independencia y las contiendas civiles posteriores a la misma.
Brasil, proclamada la independencia en 1822 una década después, con más el hecho de haber pertenecido a Portugal y ser sede física, de dicha monarquía en tiempos de la Europa napoleónica, tuvo una política conflictiva con sus vecinos. Se trata de un hecho singularmente contradictorio, al tiempo que  confrontaba, en ocasiones se aliaba y carecía de una identidad nacional clara. En esto, no se diferenciaban los lusos brasileros del resto, aunque los hispanos parlantes siempre tuvieron mayores factores de unidad ligado el idioma común y la pertenencia al mismo imperio durante más de 300 años. La dependencia de Portugal, adversaria/aliada de España pero muy ligada a Gran Bretaña, a la sazón enemiga del león español, llevó a que la voluntad de unificación se pretendiera realizar mediante la fuerza militar. Esta  política, más temprano que tarde, fracasó, al menos en sus designios más atrevidos.
Para analizar las razones que llevaron al movimiento independentista, que sobreviene en América española a partir del siglo XVIII, es necesario analizar la conformación que España dio a estos territorios. Allí radica, parte de las fortalezas y debilidades del continente.
Durante el reinado de los Habsburgos, América, reiteramos, formará parte del primer gran imperio universal en la cabeza de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. Fue aquella una construcción, no medieval, como sostienen algunos, sino de transición entre las nacionalidades que se desarrollarían sobre los finales del siglo XVII y aquellos autónomos reinos medievales. Era un imperio multinacional, característico del siglo XVI. Pretender otra organización si tenemos en cuenta la historia de los Habsburgos, y la de la propia España con los Reyes Católicos, sería casi un anacronismo. Especulaciones aparte, en última instancia los hechos fueron los narrados.
Carlos, apenas un joven de 16 años, encontrará una España relativamente unificada conseguida por sus abuelos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. El cimiento de dicha unidad fue la expulsión total de los moros con la toma de Granada –la espada- y la religión católica. Esto que pareció una fortaleza ideológica a los reyes, llevó a la expulsión de judíos y moros con el consiguiente atraso económico del país, puesto que estas comunidades pertenecían a las clases más activas: la de los comerciantes, financistas, agricultores, manufactureros y artesanos. Contra lo que pensaron Isabel y Fernando una mayoría optó por emigrar antes que convertirse, que fue la opción que se les dio.
El padre del joven rey era Felipe “el hermoso” nieto de emperador Maximiliano I de Austria, quien transmitió a su hijo una formación austríaca. Su madre, Juana de Castilla, apodada en razón de intereses políticos, “la Loca” fue apartada del poder, con la complicidad de Fernando de Aragón, su propio padre.
Los asesores extranjeros de Carlos, su inexperiencia y el clima de época en Europa continental, lo llevaron a guerrear por un imperio destinado a perecer, para dar paso a las unidades nacionales, en poco tiempo más. Del hecho supieron aprovecharse algunas potencias occidentales como Francia, Gran Bretaña y Holanda que ya se construían como “naciones”.
Sin embargo, el acceso a la corona imperial de Carlos I hubiera quedado en deseos y las guerras en ilusiones, de no ser por el hecho que transformó política, la economía, y la cultura del mundo occidental: el “descubrimiento” de América por Cristóbal Colón al servicio de Castilla. “Descubrimiento” que también podemos considerar inversamente: el descubrimiento de Europa, por los aborígenes que habitaban el continente.
Con América -ya que así pasará a la historia la terra nova- casi como una “sorpresa”, llegará el oro y la plata que los españoles robarán a las grandes civilizaciones indígenas, entre las que figuran como más conocidas, incas, aztecas y mayas, pero que no fueron las únicas.
El oro y la plata impactarán en la economía de España favoreciendo la vida a partir de una renta parasitaria. Esto paradójicamente colaborará en el desarrollo de otras potencias europeas –enemigas de España- que manejaban las finanzas, el comercio y las manufacturas. Servirá el metálico americano a Carlos I, entre otras cosas, para comprar a los príncipes electores del Sacro Imperio y concretar su sueño imperial, trascendente voluntad del componente ideológico de los Habsburgos. A la sazón América financiará las guerras religiosas del emperador, tan estériles como deficitarias.
España construirá en América una organización política similar a la heredada de la guerra de Reconquista contra los árabes y de las libertades medievales generadas por esta misma razón. Carlos, en su política centralista solo lograría suprimir sangrientamente, aunque en forma parcial dichas libertades ganadas por el “pueblo” español.
Los Reyes Católicos manejarían institucionalmente las Indias, a través del Consejo de Castilla un organismo asesor del rey con mucho ascendiente político sobre la corte.
Prontamente, dada la necesidad de un efectivo control económico de los nuevos territorios, se creará la Casa de Contratación de Sevilla (1503) que llegará a detentar un poder absoluto aunque burocrático, de todas las actividades económicas que se desarrollarán en Indias.
Con el tiempo, en 1511, la cantidad de asuntos que demandaban atención en semejante extensión de territorios, obligará a la corona a crear dentro del Consejo de Castilla, uno denominado Consejo de Indias.  
Esta organización se mantendrá con pocas modificaciones durante dos siglos aproximadamente, coincidente con el reinado de los Habsburgos. Dicha institucionalidad se modificará con el advenimiento de la familia de los Borbones en el siglo XVIII.
 Se trataba de un “sistema solar” cuya fuerza centrípeta, “el sol”, era España que lograba, no sin dificultad mantener la unidad. No obstante tanto en la península como en el nuevo continente los brotes autonomistas resurgían cada tanto, algo común en unidades políticas multinacionales. Las distancias y las dificultades del transporte y las comunicaciones permitían de hecho que las gobernaciones o reinos y los dos virreinatos creados (Nueva España en lo que hoy es México y Centro América, y Perú básicamente en lo que hoy es Suramérica con excepción de Brasil), un marco de autonomía parcial de hecho, “similar a la de los planetas que tiene órbita propia aunque regulada”, si mantenemos el ejemplo tomado arbitrariamente. Es preciso recordar la rebelión pizarrista de 1540 o la del hijo de Cortés, Martín, en México en 1566, intentos conspirativos contra la corona.
El mejor reflejo de dicha liberalidad de manejo, es que buena parte de las leyes de Indias no se cumplían y los funcionarios reales decían livianamente: “Se acata pero no se cumple” o “cumplir pero no obedecer”. El sistema de los Habsburgos era horizontal a pesar de ellos mismos. Esta particularidad será elemento constitutivo de posteriores autonomías cuando sobrevenga la independencia, conocidas como federalismo.
América formaba parte del Imperio, pero la organización política era no solo discriminatoria, solo españoles peninsulares podían ser nombrados funcionarios reales, sino burocrática, llena de papeles y con disposiciones creadas por hombres que nunca conocerían las tierras objeto de sus leyes. En los doscientos años que perduró el Consejo de Indias solo 7 de los consejeros habían integrado una audiencia americana antes de ocupar dicho cargo.
Esto dio al imperio y a los virreinatos, gobernaciones, capitanías generales o reinos americanos un grado de unidad a la vez que de independencia entre sí. Una alta centralización-descentralizada, aunque parezca un contrasentido. Sin embargo esta superposición institucional, de funcionarios políticos y eclesiásticos que se controlaban y enfrentaban o aliaban entre sí permitiría dos siglos de inestable calma, basada en dicha autonomía de hecho entre otras razones.
Debemos destacar que serán también los reyes de España quienes manejen la política de la Iglesia a través del Real Patronato, que les permitía no solo designar a las jerarquías sino también evitar que pasen a América, las Bulas papales que no convenían o ellos creían que no convenían, a su autoridad real.
Otra organización importante fue la administración de justicia por parte de las Reales Audiencias. Estas, constituidas por su presidente y los jueces u oidores, tenían en numerosas ocasiones mayor poder que los virreyes o gobernadores. De hecho los controlaban en el cumplimiento de la norma. Menciono las audiencias porque serán los institutos que tal vez no por casualidad, darán origen, aproximadamente, a los países que hoy existen en América del Sur.
En 1700 cambia la casa real en la península y llegan al poder los Borbones de origen francés, imbuidos del despotismo ilustrado y la unidad nacional que Francia había logrado principalmente con Luis XIV. La alianza “familiar” entre España y el absolutismo francés, hizo que otro posible heredero al trono (Carlos II de Habsburgo no tuvo herederos directos) el archiduque Carlos de Austria, se lanzara con el apoyo interesado de aragoneses, austriacos, británicos y holandeses a una guerra de sucesión por la corona española. Fue derrotado pero España en virtud de los tratados de paz que se firmaron, el de Utrecht en 1713 y el de Rastatt luego en 1714, perdió su predominio en el concierto europeo para no recuperarlo más. 
Los nuevos reyes van a comenzar un cambio en la estructura organizativo/política de América. Esquematizando, diríamos que las transformaciones incluían una política de libertad comercial interna, impulso de la educación, y mayor centralización política (despotismo). Es así que se crearan dos nuevos virreinatos: el de Nueva Granada y el del Río de la Plata (este en la última parte del siglo XVIII). Dentro de los mismos surgirán las gobernaciones intendencias. Al mismo tiempo habrá un cambio fundamental en la consideración jurídica de estos territorios. Serán tomados no ya como integrantes del imperio sino como colonias que debían sostener a la metrópoli.
El impacto fue importante. Los Borbones otorgaban algunas libertades, favorecían la educación pero al mismo tiempo quitaban todo tipo de participación política a los criollos (españoles blancos nacidos en América). Los “efectos no deseados” ni previstos de la nueva política, contribuiría a generar gran inestabilidad, sublevaciones y conspiraciones a lo largo del siglo del siglo XVIII.
También la ilustración que admiraban, especialmente Fernando VI y Carlos III los hijos de Felipe V (el primer Borbón de España), iba a promover la llegada a América, legal o ilegalmente de libros con nuevas ideas que comenzaban a expandirse por Europa. Gran Bretaña será la iniciadora a partir de John Locke entre otros, pero Francia acaparará la promoción intelectual de los nuevos tiempos.
Los cambios impactan en la sociedad americana. Si bien desde los Reyes Católicos estaba casi prohibido el paso a Indias de quienes no fueran castellanos (aunque esto dependió mucho de la conveniencia política de Fernando e Isabel mientras esta vivió)  y mucho menos de los lusitanos, en la práctica, sobre todo mientras Portugal y España fueron dos países regidos por una corona (1580-1640), Buenos Aires por ejemplo estaba poblaba por portugueses cuyos apellidos mutaron, para protección personal, de la misma manera que sucedió en la Península y en toda América con judíos o moros. 
En suma, es de destacar que tan pocos controles habían existido durante el gobierno los Habsburgos, que en 1573 cuando Juan de Garay funda Santa Fe, desde Asunción, lo hace con 70 mancebos de la tierra…obviamente no eran sino mestizos nacidos de los españoles y las mujeres indias del Paraguay.
En suma si hay algo que está fuera de discusión es la falta de pureza de sangre que abunda hasta hoy en América, indios, blancos, negros, asiáticos, semitas tanto árabes como judíos en fin  es como dijo José Vasconcelos somos “la raza cósmica”.
Es bajo esta matriz que surgen y se forman algunos con mejor educación y otros solo con la posible, a veces casi analfabetos, los hombres que van a llevar adelante primero la revolución y luego la independencia de España, cuando esta se niegue a comprender el cambio de la realidad del mundo occidental.
La relativa libertad de comercio autorizando la apertura de 24 puertos en América y 13 en España en 1778 favoreció los intereses de americanos dedicados a esta actividad aunque perjudicó parcialmente a quienes vivían del monopolio anterior. Produjo un efecto no deseado, entre los comerciantes criollos y también entre los españoles qu8e en definitiva aspiraron a una mayor libertad.  
La creación de nuevos virreinatos y la Real Ordenanza de Intendentes para el Río de la Plata, así como el aumento de los impuestos unido al privilegio notorio de España sobre sus colonias, iba a generar conflictos de difícil resolución entre las clases acomodadas americanas (criollos blancos nacidos en estas tierras) o entre los propios caciques indios, tal el caso de José Gabriel Condorcanqui, más conocido como Tupac Amaru II (1780), cuyo levantamiento es una de las señales, aunque no la única, de la disconformidad que generaban los impuestos y el despotismo real. El visitador José A. de Areche delegado del rey fue con sus políticas de exacción impositiva, el gran responsable de la sublevación que será reprimida sangrientamente. La derrota de Condorcanqui, estuvo ligada a la imposibilidad de atraerse a los criollos a su causa. Este hecho se producía por los conflictos étnicos que existían en la sociedad colonial y que influirían decisivamente, cuando los americanos se levanten contra la corona.
También en Brasil a causa de los excesivos impuestos, se levantarán en lo que se conoce como la  Inconfidência Mineira, o conspiración minera liderada por Joaquim José da Silva Xavier (1746-1792)  más conocido como Tiradentes –por su profesión de “saca dientes” u odontólogo quien asumió la responsabilidad de la misma y fue el único condenado a muerte al que no se le conmutó la pena. Tal vez porque era uno de los más humildes dentro del grupo sublevado. La traición fue abominable en la rebelión, ya que algunos de los complotados delataron para recibir condonación de impuestos o títulos menores. El movimiento tuvo caracteres independentistas, sin embargo como la independencia de Brasil se dio a través de Pedro I de Braganza (nieto de María I que era quien había ordenado la represión) la reivindicación de Tiradentes, a la sazón republicano, solo sobrevendrá con la República Vieja y sus ideólogos positivistas.   
En 1791 se sublevan los esclavos negros de la colonia francesa de Santo Domingo. Luego de años de lucha, en 1804 se independizan formando el estado de Haití, el primer país negro en América. Esto fortalecía las convulsiones americanas aunque se tratara de una colonia francesa.
También aplicaron los borbones una reforma eclesiástica quitando privilegios y exenciones fiscales a la Iglesia e imponiendo una política regalista (manejo real de la política eclesiástica), que culminó con la expulsión de los jesuitas, quienes tenían un poder importante dentro del reino y que repetidamente fueron acusados de atentar contra el rey. Esto ocurrió en 1767 pero ya había sucedido  en Portugal (1759) y en Francia en 1762. La medida coherente con el despotismo ilustrado imperante fue errada por varios motivos. En América  los jesuitas habían contribuido al crecimiento social y la educación no solo de los más desposeídos sino también de los criollos ricos, tanto en la región hispánica como en el Brasil. La ciudad de San Pablo fue en sus orígenes una misión jesuítica, luego transformada en gran ciudad comercial, industrial y financiera. Al mismo tiempo aunque en defensa de sus intereses, en las misiones, la orden servía de defensora de la frontera rioplatense con el Brasil al luchar contra los bandeirantes, cazadores de esclavos indios al servicio de Portugal.
Gran Bretaña, atenta a sus intereses acogerá a los jesuitas perseguidos y dará refugio tanto a ellos como a los liberales españoles que propiciaban la ruptura del “pacto colonial”. Tomaba de esta manera venganza del apoyo que Francia y España había dado a sus colonias de América del Norte cuando se independizan en 1776.  

Nuestro Norte es el Sur


Una reflexión sobre la historia y la actualidad
Si volvemos a la referencia que hicimos sobre el sistema solar, podemos decir que los borbones cambiaron la fuerza de gravedad “del centro” y esto generó un conflicto de planetas.
Muy cercanamente en el tiempo tenemos el ejemplo de ese “imperio socialista multinacional” que fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que con el advenimiento de Gorbachov y su Perestroika (reforma) y la Glasnost (transparencia) no creó un socialismo democrático, sino la fragmentación total del imperio, el nacimiento de nacionalidades reprimidas durante siglos y un capitalismo difícilmente previsible en su desarrollo final.
La decadencia de España
Si los Borbones, utilizando conceptos europeos, intentaron “modernizar” España, su “ilustración” no prosperará demasiado tiempo especialmente luego del estallido de la revolución francesa y su posterior derrotero, hasta llegar a Napoleón.
Fueron “reyes con ideas burguesas” limitadas, medrosos, que equivocarán las alianzas o en todo caso, gobernabrán una España en decadencia, que tenía serias dificultades para jugar la política europea y por lo tanto la americana.
  Gran Bretaña va a intentar por todos los medios frenar el crecimiento de Francia y la alianza con España. Será desde un comienzo el principal apoyo de Portugal, promoviendo la rivalidad peninsular. Al mismo tiempo y cuando Napoleón llegue al gobierno y promueva los postulados revolucionarios por Europa, los ingleses apoyarán a los Austrias y a Rusia para derrotarlo.
España luego de Carlos III quedará en manos de Borbones débiles y sin demasiadas luces para la política. Es el caso de Carlos IV y Fernando VII, cuyas oscilaciones y debilidades los llevará a perder casi todo lo que quedaba del antiguo Imperio hispánico.
Desde el punto de vista jurídico las monarquías absolutas modificaban las concepciones pactistas del derecho natural que era predominante con los Austrias. No pocos historiadores españoles sostienen incluso, que es más “española” la corriente de los Habsburgos que la afrancesada de los borbones.
De manera que todo colaboraría para las crisis americana del siglo XVIII y principios del XIX. Todo tipo de rebeliones se darán, no solo populares sino también de las clases altas. Tal el caso de Nueva Granada en 1809, Cochabamba y la Paz en el mismo año y luego en 1810 en toda América española.
Brasil no estará al margen de todo lo que sucedía, más aun teniendo en cuenta la cercanía de la corte lusitana, en la cual la hermana de Fernando VII, Carlota Joaquina era la esposa de Juan VI y regente consorte del reino. Varios de los patriotas rioplatenses como Belgrano, Castelli, los hermanos Rodríguez Peña y algunos otros buscaron la posibilidad de establecerla como regente del Río de la Plata, para independizarse del Consejo de Regencia a quien no respondían los americanos. Estos asumían la doctrina pactista aunque racional, del poder político. No existiendo ya el poder de Fernando VII, obligado a abdicar por Napoleón, dicho poder debía volver al pueblo.
 La Independencia de Hispanoamérica
El proceso que hemos descripto rápidamente es el que lleva a que en 1810 se produzcan movimientos en toda la América española. El proceso de las guerras napoleónicas que aisló a España de América, impidió a la corona la posibilidad de reprimir las revoluciones.
Existió una base material del inicio de los movimientos. No se trató solo de la proliferación de ideas “subversivas”. El orden de la monarquía española con sus controles y sus prohibiciones, los impuestos que resultaban abusivos, la falta de posibilidades para discutir dichas medidas antojadizas y la discriminación hacia los criollos iba a generar un clima favorable. Se buscaba la ocasión para reorganizar el imperio o independizarse.
Tenemos en todo este proceso algunas originalidades americanas que se van a repetir en el tiempo. No todo lo que en Europa significaba mayor bienestar y libertad, se trasladaba automáticamente a estas tierras con el mismo efecto. Por ejemplo las reformas del "libre comercio" establecidas por los Borbones, si bien beneficiarían a algunos comerciantes españoles y americanos u otros extranjeros, al mismo tiempo y por la reorganización política que incluyó dentro de los límites de virreinato del Río de la Plata al Alto Perú con su riqueza en plata y oro, generó disputas interminables entre "peruanos" y "rioplatenses". También la competencia de mercaderías inglesas generaría resistencias en los artesanos del interior americano.
Fue un cambio en las rutas comerciales. Antes del decreto borbónico, las flotas llegaban desde España al Callao (Lima) y luego a lomo de mula y carretas, a Buenos Aires y de vuelta nuevamente (no menciono el contrabando del Río de la Plata que era endémico pero ilegal). En el  último tercio del siglo XVIII en cambio, la ruta era España, Buenos Aires, Alto Perú y vuelta a Buenos Aires. Lo que significó un gran desarrollo del litoral "argentino" (así se denominaba a los porteños de Buenos Aires, "argentinos").
Si alguien pensó que la mayor afluencia de metálico podía servir para calmar los ánimos, se equivocaba absolutamente. Luego, en el Río de lña Plata, sobrevinieron, las invasiones inglesas (1806 y 1807), resistidas y rechazadas, pero con las cuales en un breve lapso se probó el libre comercio abierto a todos, es decir con los ingleses especialmente. La defensa y reconquista de Buenos Aires y Montevideo, de la que participaron los americanos, armando sus propias milicias, con sus propios fondos, terminó otorgando a estos el manejo de las principales fuerzas militares del virreinato.
Esta conjunción de hechos y cambios efectivos en el poder existente va a preparar las condiciones para las revoluciones que sobre vendrán continentalmente.
En algunos lugares como México la misma tendrá una connotación social profunda, con Morelos e Hidalgo, pero en otros lugares como Venezuela, Nueva Granada o el propio Río de la Plata, serán llevadas adelante por la burocracia americano-española, comerciantes, algunos pocos ganaderos, incluido españoles y militares. En efecto no eran tiempos en los que las nacionalidades, especialmente en América estuvieran consolidadas. Habrá españoles y americanos en ambos bandos si hablamos de los blancos, pero también podemos decir lo mismo respecto de los mestizos, indios, zambos y en general todas las clases más postergadas, incluido los esclavos. No obstante podemos decir que lentamente los revolucionarios irán tomando medidas que servirán para atraerse a las clases humildes sin necesidad de obligarlos siempre a ir a la pelea.
En Brasil está el caso -no sé si famoso- de Domingo Fernandez Calabar lusobrasileño que se pasó durante las guerras contra Holanda, al bando de esta última y cuando lo capturaron terminó ejecutado. No se trató de un caso tan aislado, respondía a este hecho sociológico de que las nacionalidades tenían todavía un escaso desarrollo ideológico.
¿Quiénes fueron los que lideraron las revoluciones transformadas en movimientos independentistas, cuando España gobernada por Fernando VII -con asesores conservadores o liberales la política hacia América no era muy diferente- intente recuperar las colonias y hacer la guerra a los sublevados?
Fueron los criollos en general de fortuna, con buena educación, viajeros y/o estudiantes en Europa, militares embebidos de las nuevas ideas liberales surgidas de la revolución francesa o americana y que una vez derrotado Napoleón, recibieron el padrinazgo de la "Vieja raposa", Inglaterra, debido a sus propios intereses económicos.
Será el caso en Quito de Eugenio Espejo (hijo de un indio tuyhuquin), mestizo, que debió cambiarse de nombre, con la complicidad de algún sacerdote, para poder ingresar a la universidad. También, Francisco Miranda, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Bernardo de Monteagudo, Simón Bolívar, Bernardo O'Higgins, José Francisco de San Martín, Martín Miguel de Güemes, y José Gervasio de Artigas, Gaspar Rodríguez de Francia  para citar algunos representativos.
No eran lo mismo, ni tenían ideas totalmente coincidentes. Todos ellos tenían una diferente historia personal y estudios o formación. Miranda aunque se trataba de un aventurero, galante, y revolucionario provenía de las clases altas y aspiraba a la conformación de un Imperio Hispanoamericano independiente. Para ello intentaría lograr el apoyo del gabinete inglés y también de no ser posible de los norteamericanos. Bolívar era un "mantuano", es decir que pertenecía a la clase criolla rica importante, con esclavos y hacienda de Caracas. Más joven no era muy diferente aunque sus vínculos sociales eran más sólidos e importantes quizás.
El proceso independentista en Venezuela y Nueva Granada hacia 1810 termina en un fracaso porque los realistas venezolanos lograron el apoyo de las clases más bajas, numerosas y grandes jinetes en el caso de los llaneros, conducidos por el español José Tomás Boves, conocido por el "Urogallo" o "Taita" simplemente entre sus hombres. Este hombre se transformó en un caudillo popular que aprovechó el odio de los humildes hacia las clases altas criollas y formó la más formidable caballería de aquel momento con los llaneros venezolanos. Derrotó a Bolívar y los patriotas que intentaban constituir la República y obligó a Bolívar a huir al Caribe. Será en Jamaica donde escribe una famosa carta que es todo un programa político (en ella menciona su voluntad de construir una gran América) y luego se refugia en Haití donde Alexander Petión líder de la independencia le da ayuda para retornar al continente a la vez que le exige que libere los esclavos ni bien pise tierra continental.
En tanto, Boves había muerto en batalla y su liderazgo no encontró reemplazo. España a la par enviaba al general Morillo con un poderoso ejército a Nueva Granada para derrotar a los patriotas. Este general  formado en las tradiciones españolas desecho el ejército de Boves. Para tener una idea de la complejidad del proceso independentistas y las necesidades sociales digamos que el "Taita" reclutaba llaneros bajo la consigna de: "¡Guerra a los blancos explotadores del pardo y del indio! ¡Las tierras de los blancos para los pardos!"  Lógicamente que los blancos conducidos por Bolívar fueron derrotados.
Sin embargo es Petión el que le da nuevo programa a Bolívar, para triunfar, al exigirle la manumisión de los esclavos. Este cumple parcialmente su palabra y libera a sus propios esclavos, pero sus compañeros de lucha fueron más duros para aceptar esta medida.
No obstante la revolución ya era imparable, los generales para la guerra provendrían de todas las clases sociales y muchos de las humildes como en el caso de Páez. En suma fue Bolivar quien convenció a los llaneros de integrar el bando patriota lo que le permitiría el triunfo en este nuevo intento. Sin embargo es necesario admitir que nunca perdió el Libertador sus prejuicios raciales.
Su capacidad tampoco fue la de un militar, sino la de un político que intento tal vez bajo las enseñanzas de Miranda constituir una Confederación hispanoamericana e incluso Iberoamericana.
Pero su proyecto fue derrotado. Bolívar venció a través de José Antonio de Sucre en Ayacucho al último intento español absolutista de recuperar algo de aquel vasto imperio. Lo venció por las armas Pero el intento de organizar una gran confederación americana fracasó por múltiples causas.
Una no menor fue la interferencia de los intereses económicos de las grandes potencias: Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos en ese orden, que trataban de dividir y fragmentar todo lo que pudieran. Otra fueron las tradiciones regionales, que arrastraban rivalidades y autonomismo desde la colonia. También el accionar egoísta de las altas clases que dominaban en los puertos de ultramar o en los enclaves mineros ligadas al comercio exterior. Las distancias y difíciles comunicaciones, la desconexión económica entre los distintos núcleos urbanos, la vasta geografía, en fin numerosos fueron los problemas. No había un centro de atracción con suficiente poder político como lo había sido España.
El Congreso de Panamá, convocado por Bolívar fue un fracaso. Sólo concurrieron Perú, Centroamérica, Colombia y México. Como invitados no latinos, lo hicieron, Gran Bretaña, los Países Bajos y Estados Unidos. Todo se diluyó y la reunión se terminó trasladando a Tacubaya (México) donde solo quedaron Colombia, México, Centroamérica y EE. UU.
Bolívar cercano a la muerte en 1830 dirá el 9 de noviembre desde Barranquilla al general Juan José Flores que ya era presidente del pequeño Ecuador: “(…) 1º la América es ingobernable para nosotros; 2º el que sirve una revolución ara en el mar (…) La súbita reacción de la ideología exagerada va a llenarnos de cuantos males nos faltaban (…) Ud. verá que todo el mundo va a entregarse al terreno de la demagogia, y ¡desgraciados de los pueblos! Y ¡desgraciados de los gobiernos!”[2]

Otro fue el caso de San Martín, hombre que habiendo nacido en Yapeyú lo que hoy pertenece a la provincia de Corrientes, solo pasó unos pocos años en el Río de la Plata. Estudió en España donde desarrolló la carrera militar con éxito y volvió ya "treintañero" a ponerse al servicio del gobierno rioplatense en marzo de 1812. Imbuido de las ideas de Miranda y de la masonería escocesa a la que frecuentó, no solo deseaba la independencia de América sino mantener la mayor unidad continental posible. En esto tenía similares objetivos que Bolívar. Su formación ideológica fue la de un militar liberal español, moderadamente afrancesado, aunque un tanto conservador. Esto le generó siempre desconfianza hacia los caudillos populares  como Artigas, aunque buen político, siempre supo cuando debía aceptarlos para desarrollar la guerra a los realistas que fue la misión autoimpuesta.
Fueron personalidades muy diferentes las de Bolivar y San Martín. Sin embargo eran demasiado fuertes ambos para convivir bajo la misma causa. San Martín llegó al Perú, declaró la independencia, pero no pudo derrotar plenamente a los realistas. Buenos Aires que ya se sentía segura de cualquier invasión y se disponía a enriquecerse con su comercio, puerto y aduana, lo abandonó a su suerte en Lima. No tuvo otra alternativa que retirarse luego de Guayaquil, aunque protestaran algunos de sus amigos como Tomas Guido. Optó por hacerlo a Europa porque no deseaba participar de las guerras civiles que se avecinaban. No volvió más y cuando lo hizo, en plena guerra entre unitarios y federales, solo llegó al puerto de Montevideo para volverse, rechazando un ofrecimiento de Lavalle, ex subordinado suyo, de ponerse al frente de la sedición que él estaba encabezando.
A partir de estos momentos, alrededor de mediados y finales de la década de 1830, se iniciará el proceso de constitución de los países que hoy forman Suramérica. Fue el fracaso final de los libertadores. No todo es triunfo ni todo derrota. Expulsaron a España del continente, pero no pudieron mantener la unidad, aunque sea confederal, de las antiguas colonias. Gran Bretaña que había apoyado los movimientos independentistas, inclusive el de Brasil que tuvo otras connotaciones, se abocará a fomentar las divisiones entre las regiones. De cada audiencia española surgirá una nación lo que debilitará las posibilidades de políticas soberanas, sin depender económica y en ocasiones políticamente, de Europa primero y luego de Estados Unidos.

CIVILIZACIÓN Y GESTACIÓN


CONCLUSIONES
Habrá que esperar hasta finales del siglo XIX y principios del XX para que surja un nuevo movimiento intelectual que  retome las ideas de los libertadores de unificar la América Ibérica. Ya en este momento se incluirá a Brasil.
Son aquellos intelectuales que denominamos de la generación del 80, los positivistas (no en todos los casos), y lo novecentistas que inician una revisión de nuestra historia: Adolfo Saldía, los Quesada, Manuel Ugarte, Manuel Gálvez, José Martí, José E. Rodó, los reformistas de Córdoba de 1918, Saúl Taborda, Deodoro Roca, y más adelante Victor Raúl Haya de las Torre en Perú, para citar solo a los más importantes.
Si bien aspiraban a realizar una revolución, solo lograron moverse en el plano espiritual.
También Brasil va a sentir los efectos de una oleada americanista aunque con  particularidades. En efecto, con el comienzo del siglo (1902) asume el ministerio de Relaciones Exteriores de la nueva República, José María da Silva Paranhos Junior, Barón de Río Branco quien permanecerá en el cargo hasta su muerte en 1912. Es indudablemente el gestor de la moderna diplomacia brasileña, que hizo de Itamaraty, un instrumento de gobierno hábil y poderoso, respetado interna y externamente. Su política oscilará pendularmente entre un acercamiento a EE. UU., por razones comerciales y geopolíticas, (existe una cierta complementariedad entre ambas economías) y una mirada hacia Argentina y Chile, a quienes consideró compañeros estratégicos de ruta para una política sudamericana.
Río Branco tuvo buenas relaciones con el segundo gobierno de Roca y con el de Sáenz Peña, especialmente por el accionar de un gran embajador argentino en aquel país que fue el cordobés Ramón J. Cárcano. La acción diplomática de este ayudó a la firma del primer tratado de ABC (Argentina, Brasil, Chile) que no podrán ver ni Paranhos ni Sáenz Peña porque mueren antes.
Contradictorio, por momentos imitando tal vez sin sentido el armamentismo europeo de la época, con astucias y fuertes razones de estado el Canciller carioca estuvo convencido siempre y actuó en consecuencia: “de que una cordial inteligencia entre Argentina, Brasil y Chile sería de gran ventaja para cada una de las tres naciones y tendría influencia benéfica dentro y fuera de nuestros países”
Es destacable también que en 1892, el historiador lusitano Joaquín Pedro Oliveira Martins en ocasión del 400 aniversario del descubrimiento de América, haya propiciado “recuperar la unidad histórico cultural de América Latina”. Con anterioridad, el diputado brasileño Aristide Maia, propuso en la retórica parlamentaria conformar una “Confederación Sudamericana”. Claro está el tema no era solo ideológico, Brasil y Argentina tenían un importante comercio bilateral del que Argentina era acreedor. También Assis Brasil, diplomático originario de Río Grande, el mismo estado del que provendría Getulio Vargas, iba a impulsar ya en esta época una alianza integradora de Uruguay, Argentina, Brasil y Chile. Pero quizás la obra precursora de la conciencia latinoamericana brasileña es “A América Latina: males de origem” aparecida en 1903 y escrita por Manoel Bomfin, en la que se denuncia el imperialismo y el colonialismo y se sustenta la idea de “salvarnos juntos”.
Recién a mediados del siglo XX, podemos decir desde la crisis del 30,  aquel movimiento novecentista buscará con posibilidades reales de concreción. Será el caso de Juan Domingo Perón en Argentina, Carlos Ibañez del Campo en Chile y Getulio Vargas en Brasil, el nuevo ABC ya intentado por Julio Argentino Roca a principios del XX. Lamentablemente ninguno de los tres fue comprendido por muchos de sus ciudadanos: Ibañez terminó a duras penas su mandato en soledad y en medio de una fuerte inflación, Perón fue derrocado por un golpe cívico militar y antes, en 1954 Getulio se había suicidado.
A fines del siglo XX y en este XXI renacerá como necesidad social y política la posibilidad de integración latinoamericana. Esta debe ser impulsada por las nuevas juventudes dirigentes que inventen las nuevas formas de integración, dejando de lado personalismos y antiguos rencores para dar paso a una gran política que permita a Suramérica y si es posible a toda Latinoamérica ser una gran potencia.
La integración no puede ser desigual, debe ser solidaria, equilibrada porque la unificación sobre la base del predominio de algunos sobre otros solo será motivo de nuevos conflictos.
Chile deberá rever la guerra del Pacífico y otorgar la salida al mar a Bolivia y lo que sea necesario al Perú. Brasil debe replantearse la guerra contra el Paraguay, Argentina ya lo hizo, Ecuador sus desavenencias con Perú y Venezuela con Colombia. Paraguay superar esa terrible guerra contra Bolivia.
En eso la cultura, tiene una asignatura pendiente. A esto debemos agregar lo esencial: la economía. No habrá integración sin economías entrelazadas, y sin una cultura que le de sustento. Por otra parte si no nos unimos en una gran Patria Grande, olvidemos el ideal de un continente plural, respetuoso de los derechos humanos y con justicia social.
Para finalizar me voy permitir citar a un gran militante de la Patria Grande: Manuel Ugarte quien define un pensamiento que hoy tiene algo de profecía: “Iberoamérica procede de dos vertientes que nada puede desviar o suprimir: la que emana de la América precolombina y la que irrumpe de la presencia hispana (…) hay que evitar que corran riesgo de desaparecer porque constituyen la promesa de una nueva modalidad humana, de un pensamiento distinto de los valores universales. Tengo ciega  fe en Iberoamérica y en su predestinación. Llego a creer que su existencia como organismo autónomo es necesaria para el equilibrio del mundo.”


UNASUR


Lic. Enzo Alberto Regali
San Antonio de Arredondo junio de 2013
BIBLIOGRAFÍA
JORGE ABELARDO RAMOS, Historia de la Nación Latinoamericana Editorial Continente Argentina
ENZO ALBERTO REGALI, Abelardo Ramos, la izquierda nacional en la Argentina. Editorial Ciccus. Argentina
BORIS FAUSTO, Historia Concisa de Brasil. Fondo de Cultura Económica de México.
JUAN CARLOS CHIARAMONTE, Usos de la historia. Lenguaje de clases y revisionismo histórico. Buenos Aires, Sudamericana.
        ANDRÉS CISNEROS Y CARLOS PIÑEIRO IÑIGUEZ. Del ABC al MERCOSUR. La integración Latinoamericana en la doctrina y praxis del peronismo. Nuevo Hacer, Grupo Editor Latinoamericano. 2002
ANDRÉS CISNEROS. Política Exterior Argentina 1989-1999. Historia de un éxito. Nuevo Hacer. Grupo Editor Latinoamericano. 1998
HELIO JAGUARIBE, Sudamérica y América Latina en Revista de Derecho Internacional y del MERCOSUR. La Ley Año 7 Nº 4. Sintese Editora.
ALBERTO METHOL FERRÉ Y ALVER METALLI, La América Latina del siglo XXI. Ensayo Edhasa.2006
CARLOS PIÑEIRO IÑIGUEZ, La Nación Sudamericana. Nuevo Hacer Grupo Editor Latinoamericano. Buenos Aires, 2004
------------------------------------------, Herejías Periféricas, Raúl Prebisch Vigencia de su pensamiento. Nuevo hacer. Grupo Editor Latinoamericano. 2003
JORGE ABELARDO RAMOS, Manuel Ugarte y la Revolución Latinoamericana. Editorial Coyoacán. Bs. As. 1961.
LUCIANO TOMASINI. Felipe Herrera Idealista y Realizador. Fondo de Cultura Económica Chile 1997.

 




[1] Palabra que hace referencia a la división en pequeños países en la península Balcánica (actual Grecia y otros). La comparación no puede ser tomad al pie de la letra dado que los países de dicha península europea no tenían entre sí, ni un mismo idioma religión o cultura, solo una historia común de confrontaciones y alianzas.
[2] Bolívar, Simón, Escritos Políticos, Alianza Editorial, Madrid 1969. Pág. 169