sábado, 3 de diciembre de 2011

LA HISTORIA CIRCULAR






LA HISTORIA CIRCULAR

“Era nuevamente la barbarie de los caudillos, el naziperonismo o una combinación de ambos’; así lo resume José Luis Romero el 3 de diciembre de 1945, cuando se abre la contienda electoral con partidos reorganizados: ‘Ciudadanos: un fantasma recorre la tierra libérrima en que nacieron Echeverría y Alberdi, Rivadavia y Sarmiento: el fantasma fatídico que se levanta de las tumbas apenas cerradas de Mussolini y Hitler. Solo la movilización de la ciudadanía puede disiparlo, y el Partido Socialista (…) saluda a la Universidad por su conducta heroica y convoca a sus hombres para cubrir sus filas’.”[1]

Con este lenguaje se lanzaba la denominada izquierda socialista de José Luis Romero (el medievalista, el profesor aséptico, el académico) a dar la pelea contra Perón en las elecciones de 1946. Pocos días antes, el viejo Partido Comunista dirigido por Victorio Codovilla[2], (ambos grupos  integraron la Unión Democrática junto a radicales y conservadores), ante las masas movilizadas el 17 de octubre de 1945 decía desde la publicación comunista “Orientación” Nº 310 del 24 de octubre de 1945: ‘Estos sectores engañados de la clase obrera fueron en realidad dirigidos por el malevaje peronista que, repitiendo escenas de la época de Rosas y remedando lo ocurrido en los orígenes del fascismo en Italia y Alemania, demostró lo que era arrojándose contra la población indefensa, contra los hogares, contra las casas de comercio, contra el pudor y la honestidad, contra la decencia, contra la cultura, e imponiendo el paro oficial pistola en mano y la colaboración activa de la policía que, ese mismo día (…) entregó las calles de la ciudad al peronismo bárbaro y desatado. A pesar de todo esto no logró el peronismo ni la décima parte de lo reunido el 19 de septiembre (…) por la Marcha de la Constitución y la Libertad”[3]

Traigo a colación estos dos hechos para demostrar que, tanto académicos como difusores de la historia utilizan a esta para hacer política, aunque lo disimulen, como lo hacía José Luis Romero que era medievalista para su lustre académico aunque hacía política militante con la historia argentina, a la que denostaba, aunque no obstante supo usar para ser designado rector interventor de la UBA por la Revolución Libertadora en 1955.
Tulio Halperín Donghi una especie de discípulo de don José Luis nos cuenta que en una oportunidad le comentó al medievalista su voluntad de dedicarse a la historia argentina por lo que recibió una clara respuesta respecto de la visión que tenía el viejo socialista: “El desaprobaba que yo quisiera dedicarme a la historia argentina. Su relación con la historia argentina era un poco como la que tienen con la pintura esos "pintores del domingo" que dedican el resto de la semana a una tarea profesional seria: en su caso, la historia medieval. Una vez me dijo que querer hacer historia argentina era tener una ambición intelectual muy modesta, y creo que en cierto sentido tenía razón.”[4]
   Este es el verdadero mundo de los académicos, plagado de política, pero ocultos detrás de una supuesta ciencia aséptica que permite llamar “científicamente” nazismo al peronismo, y consentir el bárbaro anacronismo de igualar a Perón con Rosas, a la quema de las iglesias de 1955 con “La Mazorca”…Todo esto está académicamente permitido. Si dudan de quien esto escribe, desafío a los incrédulos a releer o leer a Jose Luis Romero en Las ideas políticas argentinas (1946). Este libro que todavía integra muchas bibliografías de profesores “progresistas” del secundario y a veces hasta de la universidad, es un panfleto contra Perón y Eva Perón y el movimiento popular surgido en 1945.

¿Acaso deberíamos salir tal Beatriz Sarlo o el propio Santiago Kovadloff o a rasgarnos las vestiduras por la cantidad de antojadizos calificativos, sin el menor rigor científico, que Romero puso en el texto de marras? ¿Acaso esto lo invalida a dicho autor en sus grandes aportes al medievalismo, la historia antigua u otros temas que sí asumió con rigor científico? De ninguna manera.

Esta, así, con enfrentamientos, con epítetos y calificativos con denuncias y contradenuncias, es la historia que nuestro país construyó. Afortunadamente hoy estamos en un punto donde las disidencias se lavan mediante el debate abierto y la creación de organismos institutos, que gusten o no, aportan al conocimiento de nuestra identidad.

Hemos avanzado. En 1946 los enfrentamientos culturales que lideraron Romero, el propio Jorge L. Borges, Ezequiel Martínez Estrada, Victoria Ocampo y la revista “Sur”, terminaron en bombardeos, golpes y fusilamientos políticos…No lo traigo a colación por revanchismo sino para que por lo menos otros sepan que hay otra forma de ver la historia ¿Se enojan porque traigo a colación fusilamientos y represiones en las que ese mundo de intelectuales supuestamente no tuvieron nada que ver?

Bien, desafío a cualquiera de los escribas (dicho este nombre no peyorativamente sino en forma de profesionalismo) de los diarios serios, a los que leo y respeto y les reconozco aportes en muchos temas, a que encuentren algún documento de condena de la represión y los fusilamientos de 1955/56…De los políticos surge solitario aunque golpista el gran Amadeo Sabatini desde Córdoba, que puso lo que había que poner, para enfrentar a la Libertadora en este aspecto perverso (no en lo demás, ya sabemos que la UCR apoyó el golpe  aquel).

Pero si aun esto no basta cito a Borges: “(…) en un reportaje otorgado a la revista “Propósitos” (ligada a Leónidas Barletta y al PC) en 1955: “Las epopeyas de Córdoba y Río Santiago  no deben dejarse de atrapar poéticamente. Mis futuros cuentos aun cuando se desarrollen en Islandia tendrán un contacto imponderable, abstracto con los sucesos que hemos vivido. No pienso documentarme mucho. Si Homero lo hubiera hecho no sé si hubiera creado ‘La Ilíada’.” [5]

En el caso de Victoria Ocampo (sería injusto dejarla de lado) las opiniones “estéticas” y “literarias” sobre el peronismo son muy similares a las de su amigo: “En noviembre de 1955 comenta que le han ofrecido (no dice quien del gobierno) la embajada en Nueva Delhi, que rechaza porque no soporta los climas cálidos pero comenta que al canciller Mario Amadeo (nacionalista), no le gustaban las mujeres en cargos públicos: era un antifeminista al igual que el resto de sus colegas, aunque “después de una dictadura de 12 años la revolución ha sido un milagro y hay gente buenísima en el gobierno”. La directora de SUR estaba “feliz de haber salido de la horrible dictadura de Perón y sus gangsters.” Agradece a “quienes arriesgaron su vida en esta reconquista del país: país ocupado por una banda de ladrones de torturadores. Sin escrúpulos, ni sentido del deber.” Luego (al igual que Borges) menciona especialmente a la Armada…” que lideraba el democrático ex evitista y ex peronista Almirante Isaac Rojas[6]”.

Esto que hice brevemente es revisar la historia, darle otra mirada. No condeno, sino que intento un relato que polemiza con el que algunos grandes medios tradicionales, Luis Alberto Romero, y numerosos académicos todavía sostienen y por ello quizás se asustan tanto ante la aparición de un grupo REVISIONISTA de la historia que desea mostrar otras visiones.

Algún periodista preguntó si estos relatos que el Instituto produciría podía llegar a las escuelas… ¿Y si llega qué?  Por supuesto que como profesor voy a dar TAMBIÉN, esta versión de la historia. ¿Acaso el texto de José Luis Romero del año 1946 no se sigue dando en nuestras escuelas? ¿Porqué no dar entonces también a Abelardo Ramos, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Pepe Rosa y tantos otros?   

¿No es esto, el estudio de la diversidad de miradas, la verdadera democracia cultural? ¿Acaso en el CONICET –que tiene su propio sistema de selección de miembros y que de ninguna manera cuestiono- no hay intelectuales como Vicente Palermo cuya visión sobre la recuperación de las Malvinas está más cercana a la visión anglosajona que a las de nuestro país? Que sepamos nadie siquiera ha cuestionado su presencia allí seriamente y su obra se consigue en cualquier librería.

¿A qué peligro  se refiere entonces Beatriz Sarlo cuando descubre la obviedad de que en las universidades hay historiadores de todos los signos políticos? ¿Es que crear un instituto revisionista niega esto? ¿Y la Academia Nacional de la Historia o la de Letras? ¿Son totalmente asépticas?  

Parafraserando a la propia Beatriz Sarlo, a quien respeto, leo y valoro, como dijo en “678” ... ¡“a nosotros no Beatriz”! Usted misma en un reportaje admitió ser social demócrata, ex marxista y ex maoísta lo que no dice demasiado, solo los “tontos no cambian” pero el caso es que desde su tierna juventud, lo que nunca logró comprender plenamente fue el peronismo. Cuando era marxista fue guevaristas con aquello del PCR de “Ni golpe ni elección Insurrección o Revolución”: traduzcamos: ni golpe –bien, acuerdo- ni elección, es decir NI Perón, porque negar las elecciones en 1973 era negar el retorno del general y aquí comenzamos las diferencias profundas. “Revolución o Insurrección” y cuál era el significado de esta consigna vacua… Si la clase obrera y el pueblo como lo demostró luego el 11 de marzo y el 23 de setiembre buscaba expresarse en las elecciones… ¿es que aquellos grupos disidentes del PC tenían fuerza para otra cosa que no fueran las elecciones?

No es de hoy que Sarlo, no comprende la diferente visión histórica que tienen las corrientes nacionales en nuestro país. Desde su juventud lo hizo, se aggiorno luego, hay que reconocerlo, y realizó aportes importantes intentando comprender aquellas ideas que en el 73 le resultaban controvertidas, pero ya madura vuelve a sus primeros amores: descalificar por la vía de declarar arcaico y peligroso a quienes tienen otra visión histórica, al revisionismo de quien ella como muchos académicos aunque hoy lo oculten debieron aprender mucho.

El gobierno nacional ha facilitado la expresión de aquellos sectores que como el nuestro piensan diferente a buena parte de la academia…Y es solo eso, Cristina “ha facilitado” sin proscribir o menoscabar o negar los derechos de aquellos que como Beatriz Sarlo o Santiago Kovadlof o Luis Alberto Romero o Tulio Halperín Donghi, se dedican a hacer política cultural contraria  a la que ellos consideran “oficial”. Opuesta,  a quienes formamos parte del revisionismo permanente de nuestra historia. En suma con plena y absoluta libertad estos grupos pueden sistemáticamente condenar o menoscabar a quienes estamos en una permanente búsqueda de la  identidad latinoamericana y nos negamos a las verdades eternas y absolutas. Como ocurrió ayer en el CELAC y en la reunión anterior entre el comandante Hugo Chávez y la presidenta Cristina Fernández, cuando se leyeron párrafos de la Historia de la Nación Latinoamericana de Abelardo Ramos.  

En suma Beatriz Sarlo con todo respeto si los griegos entendían la historia como circular, la suya personal lo ha sido ya que hoy vuelve a su punto de partida. Negar la visión nacional, popular, revisionista de nuestro pasado. No cuestiono que tenga este punto de vista, cuestiono que en lugar de discutir sobre historia y Latinoamérica lance frases respecto de supuestos peligros y arcaísmos…









[1] Citado por Silvia SIGAL, “Intelectuales y peronismo”, en Juan Carlos Torres (Director) Nueva Historia Argentina “Los Años Peronistas (1943-1955)”, Barcelona, Sudamericana, 2002, Tomo VIII, Pág. 502.


[2] Ex miembro de la KGB actuante en España como agente soviético, implicado en la captura y muerte de Andrés Nin -un comunista no satalinista enfrentado al aparato ruso-)


[3] Niceto ANDRÉS, “La crisis del stalinismo”, en  Octubre Nº 2,  Ob. Cit. pág 11. Negrita nuestra.


[4] “La serena lucidez que devuelve la distancia”, reportaje a Tulio HALPERÍN  DONGHI en “Ñ”, 28-05-2005. José Luis Romero fue rector de la UBA designado por la “Libertadora” de una terna propuesta por la FUBA participante del golpe y no fue precisamente magnánimo con quienes habían apoyado al gobierno peronista. Negritas nuestras.


[5] Rafael  R. DE STEFANO,  reportaje en “Propósitos”, Buenos Aire, Año V, Nº 704, 3 de noviembre de 1955  en Jorge L. BORGES, “Textos Recobrados (1931-1955)”  tomo 2, Buenos Aires, EMECÉ, 1ª edición, 2007.  Pág. 368.  Córdoba y Río Santiago refiere a la sublevación del 16 de setiembre de 1955,  iniciada en la ciudad mediterránea y apoyada por  la Marina desde Río Santiago. Recordemos que los marinos encabezados por Isaac F. Rojas amenazaron con bombardear  Buenos Aires. Citado en Enzo Alberto REGALI, Abelardo Ramos, de los Astrónomos Salvajes a la Nación Latinoamericana”, Ediciones Ferreyra y del Corredor AUSTRAL, Córdoba, 2010.


[6] Enzo Alberto REGALI, Abelardo Ramos, de los astrónomos salvajes a la Nación Latinoamericana, Córdoba, Ediciones Ferreyra y del Corredor Austral, 2010.  











jueves, 7 de julio de 2011

DE AMERICANOS A ARGENTINOS. UNA ASIGNATURA PENDIENTE.

Sobre los finales de 1810, los distintos intereses económico-sociales-culturales del ya ex virreinato, se expresaron en distintos grupos. Algunos más localistas –portuarios- y otros americanistas.  

José Gervasio de Artigas en la Banda Oriental subleva al cuerpo de Blandengues  en enero de 1811, para ponerse a las órdenes de la Junta Grande. El 18 de mayo obtiene el estratégico triunfo de Las Piedras que permite iniciar el sitio de Montevideo y lo insinúa como caudillo de su provincia.
En septiembre cae la Junta Grande y se forma el Primer Triunvirato, cuyo numen teórico será su secretario, don Bernardino Rivadavia, y cobra fuerza la política de la burguesía comercial porteña, medrosa y localista que contribuirá a gestar un largo enfrentamiento con el caudillo oriental y otros dirigentes provincianos.
La dirigencia surgida de la Revolución se debatía a la búsqueda de una nacionalidad que a veces era americana, en ocasiones rioplatense y con Rivadavia y su grupo, excesivamente “porteña”.

Mapa jesuítico de 1600 en el cual se denomina "Paraquaria" a la región del Río de la Plata. El mismo me fue facilitado por el amigo uruguayo Alberto Umpierrez.

Mapa jesuítico de 1632 de la región, también facilitado por Alberto Umpierrez. Ambas cartografías demuestran la importancia de Asunción y la Banda Oriental en épocas previas a la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776/1777.
En los escritos del período se utilizaban diversas designaciones. El Plan de Operaciones de Moreno hablaba de “Provincias Unidas del Río de la Plata”, pero también de un difuso “Estado Americano”. En realidad, sea por razones coyunturales o por convicciones estratégicas, o en última instancia porque se trataba de un “clima de época”, nadie abandonaba totalmente la visión americana de la revolución. El Triunvirato a pesar de su  moderación y localismo, escribía a la Junta que presidía el Paraguay solicitándole hombres para los ejércitos orientales (lo mismo hizo Artigas) y la nota concluía con una exhortación impecable: “Los bravos paraguayos sólo pueden defender la libertad y la gloria de su provincia peleando entre las filas de sus hermanos y auxiliándoles en la lucha contra los implacables enemigos de la América del Sur.” (Nota a la Junta Paraguaya: 12-mayo-1812).
La Asamblea del año XIII, sesionó en nombre de las “Provincias Unidas del Río de la Plata”, lo cual reflejaba un concepto centralizador del estado, dentro de la antigua territorialidad virreinal. Esta Asamblea rechazó, en una muestra de miopía política “porteñista”, a los diputados “artiguistas” con mandato federal, temiendo la pérdida de la hegemonía de Buenos Aires, acción que favorecerá las guerras internas. Artigas a pesar de ello mantuvo, hasta su derrota en 1820 y con posterioridad hasta su muerte, una postura americanista y federal. En 1846 –cuatro años antes que falleciera- José María Artigas, su hijo, lo visita en el Paraguay, intentando hacerlo retornar a Montevideo, en ese momento sitiada por Manuel Oribe ligado a Juan Manuel de Rosas, pero el gran patriota rechazó volver adonde “aun peleaban”: “Siendo que hasta aquí llega la Patria, quedaré, hasta que Dios me llame, porque mi corazón idolatra la formación de América Grande…[1]”
En 1812 habían llegado a Buenos Aires, a bordo de la fragata inglesa George Canning, José de San Martín, Carlos M. de Alvear y José  Matías Zapiola, quienes estaban vinculados a la logia de Londres, Gran Reunión Americana. Todos participaban de una ideología americanista propiciada tempranamente por el singular venezolano Francisco Miranda.


A poco de arribados, el 8 de octubre, “los logistas” dan un golpe contra el Triunvirato rivadaviano, conforman uno nuevo y se vinculan con algunos de los  “morenistas”, como Manuel Belgrano, Bernardo Monteagudo, entre otros, para impulsar su proyecto. Crean también la “Logia de los Caballeros Racionales” -en una segunda etapa (circa 1816) por influencia de San Martín se denominaría “Lautaro”-, que a la vez tendría una filial en Chile encabezada por Bernardo O’Higgins, quien dejó un apunte manuscrito en el que  establecía que esta organización se creó por “la falta de sistema  y combinación entre los dirigentes del movimiento emancipador” quienes hasta ese momento actuaban sin plan, en forma pragmática e improvisada. Por cierto este “partido americano” tenía por objeto trabajar “con sistema y plan en la independencia de la América y su felicidad”. Por este motivo, la logia matriz tuvo dos secretarios: uno para la América del Norte y otro para la del Sur[2].
Impulsados por este espíritu independentista y americanista, los gobiernos de las Provincias Unidas, en medio de fuertes conflictos –uno de ellos era el enfrentamiento con la Liga del Litoral de Artigas- avanzaron en la convocatoria de un Congreso General en Tucumán.
Mientras tanto San Martín, licenciado del Ejército del Norte por enfermedad, intentaba reponerse en Saldán, en una casa facilitada por Eduardo Pérez Bulnes, al tiempo que planeaba su estrategia libertadora por Chile junto a algunos colaboradores. Entre estos se contaba su cófrade y amigo de la logia de Londres, Tomás Guido. Seguramente durante su estadía en Gran Bretaña, el hombre de Yapeyú, debió conocer algunos de los planes que los ingleses preparaban contra el imperio español utilizando la ruta del Pacífico, sin embargo hubo influencias americanas. Enrique Paillardelle (hijo de un francés y una limeña) líder de una derrotada revolución en Tacna, estaba convencido que la ruta del Desaguadero no era la mejor para llegar al Perú y proponía una expedición desde Valparaíso[3]. También el delegado argentino ante Chile en 1813, Dr. Bernardo de Vera y Pintado –luego sería auditor de guerra del ejército de los Andes- había escrito al Segundo Triunvirato proponiendo la acción conjunta de Chile y Buenos Aires sobre Lima.
Recuperado San Martín de su dolencia, pide al Director Supremo, la gobernación de Cuyo para preparar su campaña libertadora. Como gobernador, a través de sus diputados, insta al Congreso de Tucumán a declarar la independencia, lo que se concreta el 9 de julio de 1816. El acta es inequívoca en su ideología: “Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América”… declaran su voluntad de ser “una nación libre e independiente”[4]
La denominación adoptada no es casual, había un espíritu y un proyecto sudamericano. Lamentablemente, la nacionalidad se contrajo en lugar de expandirse, predominaron los mezquinos intereses de campanario y las políticas de las grandes potencias de la época. El Alto Perú abandonado por Buenos Aires se transformará en Bolivia. Charcas, Mizque y Chichas provincias participantes del Congreso pasarán a ser parte de ese país. La Gran Colombia se “balcanizaría” a pesar del esfuerzo de Bolívar. La diplomacia inglesa fraguaría la creación del Uruguay y el Paraguay mantendría un aislamiento que le sería letal hacia 1865.

El proceso abierto en mayo de 1810 se cerraba con algunos triunfos y muchas cuestiones pendientes.
Sombrío final aguardaba a quienes habían imaginado una grande América. Bolívar moriría tuberculoso a los 47 años. San Martín, concluiría su vida en Europa, como virtual desterrado rioplatense. Artigas agonizaba en la selva paraguaya, “protegido” por el cerril localismo del “ex monserratense”, el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia.
¿Acaso en el siglo XXI lograremos redimir aquel grandioso proyecto de una Patria Grande?  Este es el desafío y el porvenir. Así sea.


    





[1] Pedro GAUDIANO, Artigas católico, Montevideo, Universidad Católica de Uruguay, 2002, pág. 185.
[2] Antonio J. PÉREZ AMUCHÁSTEGUI, Ideología y acción de San Martín, Buenos Aires, EUDEBA, 1966,  pág. 16
[3]Paillardelle, luego se enfrentó con San Martín, se hizo “alvearista” y terminó fusilado por sus enemigos políticos.  Patricia PASQUALI, San Martín, la fuerza de la misión y la soledad de la gloria, Buenos Aires, Sudamericana, 1999,  pág.  196.
[4] Comienzo del Acta de Declaración de la Independencia de Tucumán.

domingo, 26 de junio de 2011

UN NUEVO REVISIONISMO

América Latina necesita una revisión de la historia para consolidar su unidad
Hay que desandar el pasado que nos separa


“La hora ha llegado. Basta de palabras y vamos a los hechos. Que esas exclamaciones que pueblan el aire no sean un vano ruido que se lleva el viento. Que ellas sean el toque de alarma, la llamada popular que convoque a todos los ciudadanos, para correr en veinticuatro horas al cuartel, en quince días en campaña, en tres meses en Asunción.”
Presidente Bartolomé Mitre 12-04-1865 en la Plaza de la Victoria

“López ha muerto, luego la guerra del Paraguay está concluida para el  logro de su objeto, dicen los cómplices del Brasil en ese crimen, el más grande que haya presenciado la América del Sud de medio siglo a esta parte. La muerte de López no es sino el punto final de la muerte de un pueblo llevada a cabo en el espacio de cinco años (…) Decir que la guerra no tuvo más objeto que suprimir la persona de López, es una impertinencia insultante lanzada al sentido común.”
Juan Bautista Alberdi – Escritos Póstumos

Todas las cuestiones suscitadas (…) admiten soluciones de paz y buena voluntad, sin afectar principios fundamentales. No está comprometido el “honor nacional” ni los “espacios vitales”.
Ramón J. Cárcano en su Guerra del Paraguay

“La maldita guerra” será “la ruina del vencedor y la destrucción del vencido”
Irineu Evangelista de Souza vizvonde de Mauá





En una entrevista aparecida en La Nación (6-01-08) realizada por el periodista Pablo Mendelevich al erudito historiador brasileño Francisco Doratioto, se exhiben con sibilino estilo por lo menos dos intencionalidades claras. (Seguramente se pueden descubrir más)
La primera, reivindicar la infame guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay o el “infame tratado” que le dio origen y especialmente a uno de los mayores responsables de aquel fratricidio, el fundador de dicho diario, don Bartolomé Mitre[1]. No es nueva esta actitud en algunos periodistas y como propósito es loable, malo sería morder la mano del amo que da de comer.
La segunda desprestigiar con un estilo de “clase” y no poco resentimiento del pasado, a la presidenta de los argentinos Cristina Fernández, dudando de sus posibles lecturas de joven o adulta y de sus conocimientos sobre la historia nacional. En esta instancia el periodista aprovecha para reiterar algo que parece ser línea editorial (“bajada de línea” se suele denominar en el lenguaje político): atacar al gobierno nacional por las influencias que este recibiría del nacionalismo de izquierda o de la izquierda nacional, mencionando en este caso a Hernández Arregui y a Abelardo Ramos. Este último junto a Jauretche y José María Rosa ya  habían sido nombrados por el secretario de redacción Jorge Fernández Díaz el 26 de enero de 2006 como  representantes de la genéricamente denominada “izquierda nacional”, en otro artículo editorial titulado: “Bienvenidos a la moda del neonacionalismo”. 
El reconocimiento que Cristina realizó para con el Paraguay y su entonces presidente Francisco Solano López -héroe y mártir de la nación guaraní- imponiendo su nombre a un regimiento en la provincia de Entre Ríos, tiene una importancia estratégica para la consolidación de las relaciones en el MERCOSUR y Sudamérica. Pero no solo se trata de un acto “políticamente  correcto” y de la recuperación de la verdad histórica desde el presente para poder entrar al futuro, algo que no es poco en tiempos en que el debate de ideas se encuentra subestimado y devaluado, sustituido por “técnicos” que “no son políticos”; también constituye un acto claro por el debate cultural que los latinoamericanos nos debemos.  
Francisco Doratioto como varios historiadores brasileros todavía no se atreven a cuestionar las acciones de agresión militar y diplomática llevadas  adelante por su país en el contexto sudamericano. Nos referimos a la guerra de la Triple Alianza y también al avance sobre la zona boliviana del Acre. Por cierto que este déficit no es privativo de los brasileros. En Chile un importante grupo de intelectuales reivindican agresivamente la Guerra del Pacífico y sus consecuencias para con Bolivia y Perú. No pocas resistencias han encontrado  los distintos presidentes de la democracia al intentar tímidos pero importantes avances en las negociaciones con el país del Altiplano.
No podríamos entrar en este breve espacio en una discusión a fondo pero sí desmigajar algunas posturas que al ser deformadas impiden una visión cultural latinoamericana.
En la actualidad resultaría excesivamente simplista atribuir –monocausalmente- al imperialismo británico la responsabilidad de la guerra. Hasta aquí podemos aceptar el aporte del especialista carioca, aunque no sin precisar algo que ni Brasil ni Chile han asumido con la fuerza que se dio en nuestro país. El revisionismo histórico argentino y especialmente el que La Nación denomina genéricamente de la izquierda nacional, tuvo una virtud esencial: contribuyó aun en su exageración política a intentar otras miradas de la historia que por el contrario el “mitrismo” y sus aliados o ciertos círculos académicos con pátina de “modernos” nunca siquiera tuvieron en cuenta.




Obra del artista Cándido López sobre la Guerra de la Triple Alianza




Si bien hoy resulta simplista  inculpar a Gran Bretaña, no menos simplista, y peor aún “ingenuo”, resulta desconocer la permanente injerencia de está potencia y su accionar en las sombras en toda la región.
La guerra fue seguida de cerca por Gran Bretaña, es más el tratado secreto de la “Triple Infamia” (en esto disiento en parte con Cristina ya que me parece que esta palabra refleja mejor lo que ocurrió que la de “traición”, pero una u otra  son reales porque desde la tradición suramericanista de Bolívar, San Martín y Artigas hubo traición de parte de Argentina y Uruguay al menos) fue hecho público por el Foreign Office  de Gran Bretaña a principios de 1866, en versión inglesa obtenida el año anterior del canciller uruguayo Carlos de Castro. Esta versión publicada por el Times de Londres también lo fue, traducida, por La América, el diario de Carlos Guido Spano y Agustín de Vedia  el 5 y 6 de mayo de 1866 diciendo “¡El tratado es secreto, la sesión es secreta, solo la vergüenza es pública”. El original castellano permanecía desconocido hasta los años 70 del siglo XX según nos refiere A. J. Pérez Amuchástegui.[2] “(…) el tratado de alianza que permanecería secreto debido a sus comprometedoras cláusulas. Los aliados se comprometían a respetar la independencia, soberanía e integridad del Paraguay. Los objetivos de guerra establecidos eran los siguientes: por el artículo 11º, quitarle a Paraguay la soberanía de sus ríos; por el 14º, responsabilizar a Paraguay de la deuda de guerra; y por el 16º, repartir el territorio en litigio o exclusivamente paraguayo entre la Argentina y Brasil. Mitre tomaría el Chaco paraguayo hasta la Bahía Negra y el Imperio el área fronteriza hasta el río Apa por el lado del río Paraguay y hasta el Igurey por el Paraná. (…) por los artículos 6º y 7º, la guerra no se detendría hasta la caída de López. Esta se hacía contra el presidente y no contra el pueblo paraguayo (¡!)  Se firmó también un protocolo adicional, también secreto, que establecía lo siguiente: 1) demolición de las fortificaciones de Humaitá; 2) desarme de Paraguay y reparto de armas y elementos de guerra entre los aliados; y 3) reparto de trofeos y botín que se obtuvieran en territorio paraguayo. (El subrayado y los signos de exclamación son nuestros).”[3]
Según Escudé y Cisneros –que nada tienen que ver con la izquierda nacional o el revisionismo- Mitre ocultó la formal declaración de guerra del Paraguay con el objeto de preparar a la opinión pública nacional y extranjera residente en el país contra el país guaraní.
El historiador anglosajón F. J. McLynn analizado por los mismos autores sostiene: “Un estudio profundo de la guerra paraguaya la revela como el aspecto más serio de una guerra civil continua en el Río de la Plata desde 1863 a 1871, desde la última revuelta de Peñaloza a la derrota de Ricardo López Jordán en Entre Ríos. Los levantamientos montoneros de 1863 y 1867, la guerra civil oriental de 1863-1865 y el golpe de 1870, el asesinato de Urquiza y la revuelta de Entre Ríos en 1870 son acontecimientos que están íntimamente conectados con la Guerra de la Triple Alianza (…). Una de las más severas debilidades de la montonera radicaba en su falta de contenido ideológico o conciencia política; líderes como Peñaloza o Felipe Varela no explicaban en sus pronunciamientos cuál era la alternativa al capitalismo liberal propuesto por Mitre. En cambio, Paraguay constituía un ejemplo vívido y floreciente de un sistema político y económico totalmente diferente al pretendido por el mismo mitrismo.
Pero esta situación no significaba precisamente que una economía controlada por el estado como la paraguaya fuera capaz de derrotar a la burguesía comercial en su propio juego: más allá de esto, debido a que las provincias del Interior de la Argentina necesitaban la protección económica que el estado de Paraguay extendía a sus productores y que los intereses del librecomercio porteño no otorgaban, el ejemplo de Paraguay era peligroso e insidioso. (…) Una dimensión adicional en el molesto ejemplo paraguayo era la integración social de su población guaraní.”[4]  
Por último y para tratar de no tergiversar, citaremos al propio Mitre en su discurso del 21 de febrero de 1869 ante los comerciantes porteños que lo homenajeaban al término de sus mandato: “En la guerra del Paraguay que (…)puede darse por terminada, ha triunfado no solo la República Argentina(…) no solo la triple alianza (…) sino también los grandes principios del libre cambio (…) Para el comercio se han derribado las fortalezas que amenazaban las costas; para el y por él también se ha conquistado franca navegación de los ríos superiores; la libertad de comercio y la derrota del monopolio y la explotación de los pueblos por sus tiranos (…) Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña (…) podrá el comercio ver inscriptos en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado(…) porque también esos principios han triunfado (…) (Aplausos).”[5] Los guerreros regresaron y también con ellos la fiebre amarilla, los muertos y mutilados y el peso de la devastación del Paraguay.




Bartolomé Mitre, uno de los responsables de la guerra contra el Paraguay 


Mclynn y el mísmisimo Tulio Halperín Donghi (duro crítico del revisionismo histórico argentino y especialmente de la izquierda nacional) asignan enorme responsabilidad por la guerra a las “necesidades políticas" internas de Mitre. 
Ahora bien, sería absolutamente injusto cargarle la romana solo a don Bartolomé. Los colorados uruguayos hicieron lo suyo (ahí están las acciones de Venancio Flores y el crimen de Paysandú para probarlo)[6]. El imperio esclavista del Brasil (barbarie esta que algunos historiadores brasileros soslayan como así también la compra “de carne” esclava para enviar al frente) según lo expresan Texeira Soares (ampliamente citado por José M. Rosa), Moniz Bandeira, Boris Fausto y Nabuco un diplomático de la época, intenta deslindar  responsabilidades  pasándoselas a las ambiciones territoriales argentinas (que indiscutiblemente las tenía). Esta concepción es en el mejor de los casos de una ingenuidad infantil: basta tener en cuenta el accionar brasilero en la cuenca del Plata desde época colonial (recordemos los límites originales de la ex colonia lusitana), o el posterior arrebato a Bolivia de la zona del Acre. A las cosas hay que llamarlas por su nombre y en este siglo XXI el mejor patriotismo a exhibir es el de la verdad histórica que nos permita reconstruir con fuerza lo que en el pasado nos fragmentó.
Vamos ahora a la importante ingerencia inglesa a través de los préstamos financieros.  Doratioto admite que los banqueros ingleses le prestaban a los aliados porque el Paraguay era infinitamente más débil y riesgoso, esto es una verdad de Perogrullo, probatoria sin embargo de los fuertes intereses británicos en la región y en la guerra. Aquellos banqueros, por cierto no muy diferentes de los actuales, invertían tratando como siempre de jugar a ganador. Por lo tanto le prestaban a los aliados y no a los paraguayos: esto en portugués, en castizo o en chino significa que el dinero anglosajón apoyó al bando mitrista. Que esto generó deuda a pagar en estos países solo demuestra la lógica dominante  del capital extranjero. La política son hechos y los hechos son que los “logros” que Mitre señala en el discurso citado arriba  favorecieron el librecambio impulsado por Gran Bretaña y Francia.
 Moniz Bandeira señala en un documentado y excelente libro[7] -que no comparte las tesis revisionistas-, que su país en 1865 obtuvo un préstamo de la banca Rothschild,  de 6.693.000 libras, y emitió otros empréstitos que le implicaron consumir más del 60% “en escala creciente” del saldo de su balanza comercial.
Doratioto califica de “hecho mentiroso” el “mito” de una Paraguay desarrollado y pujante. Se trata de una “mentira a medias”. Dice en el reportaje: “Los revisionistas dicen, por ejemplo, que Paraguay tuvo el primer ferrocarril de América del Sur. No es cierto. Antes hubo un ferrocarril en Chile, después hubo uno en Brasil”. ¡Poco serio! Acaso que hayan existido solamente, otros “dos” ferrocarriles,  ¿cambia algo del aspecto central, que es el desarrollo autónomo importante y comparable con el de Brasil que ese pequeño enclave gozaba en aquella época? 
Para tomar una idea de la diferencia de tamaño entre ambos países y de la desproporción que existió en esta guerra, digamos que el Imperio, tenía más de 8.000.000 de km2 de extensión y 11 millones de habitantes, contra unos 450 mil km2  y entre  450 y 650 mil habitantes que se calcula poseía Paraguay. 
El entrevistado describe las excelentes relaciones de Gran Bretaña con Solano López en base a cartas y algunas inversiones realizadas por esta en la nación guaraní. ¿Acaso no es conocido que Inglaterra siempre tuvo “intereses permanentes”? ¿Por qué no iba Paraguay a tener relaciones económicas y comerciales con países de Europa?  Este hecho por sí solo no demuestra nada. Además cualquier historiador puede reconocer que el sistema de Paraguay no era el librecambista que imponían Mitre o el Imperio. Doratioto afirma haber encontrado “una carta del entonces ministro plenipotenciario de Inglaterra en Buenos Aires” de diciembre de 1864 mostrando “preocupación” por la posible guerra. ¡Es inaudito! ¿Acaso no se recuerdan los “buenos oficios por la paz de Haig y EE. UU. durante la guerra de Malvinas?  Recordemos también la actuación de Lord Ponsomby en la guerra contra el Brasil por la Banda oriental y sus maniobras para crear el “estado tapón”, hoy conocido como Uruguay. En fin: ¿Cuántos sinceros buenos oficios, se le conocen a Gran Bretaña cuando sus intereses comerciales están en juego? Por otra parte si Thornton era el diplomático en cuestión conocido es para Doratioto que este era un buen enemigo de López. En suma ninguna de las naciones de la Cuenca del Plata estaban al margen de las relaciones comerciales y económicas con Europa, tampoco el Paraguay lo que no quiere decir que Gran Bretaña no observara complacida la cruzada librecambista emprendida por el imperio esclavista y la Argentina presidida por Mitre.
Es cierto que Brasil como importante país que era tuvo enfrentamientos con Gran Bretaña pero estos no pasaron de pequeñas escaramuzas diplomáticas y no suponen plena independencia de Inglaterra, ya que la dependencia luso-brasilera era histórica desde el tratado de Methuen entre Portugal y Gran Bretaña en el siglo XVIII.
Triple infamia o triple traición, o “maldita guerra”, ninguno de los calificativos son erróneos –nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio-. El tratado es agresivo por el solo hecho de la debilidad de la desproporción existente entre Paraguay los tres aliados.
Veamos los funestos resultados de la empresa “libertadora”. Paraguay sufrió una inhumana quiebra demográfica en su población. De 600.000 habitantes que había  en 1865 –al inicio de la guerra- solo quedaban 231.000 en 1872 al finalizar esta. La misma concluyó con la muerte de Francisco Solano López el valeroso presidente en Cerro Corá, de un lanzazo, un sablazo y un tiro en el corazón de la partida militar brasilera, (uno de los pocos reconocimientos que Doratioto le hace, aunque no se atreve a llamarlo por su nombre: crimen político). La recuperación del nivel poblacional de este período sobrevino recién medio siglo después, hacia la década de 1920.[8] 


Francisco Solano López, presidente heroico del Paraguay, asesinado impunemente por tropas brasileras en Cerro Corá.

Otro aspecto que Doratioto se guarda de explicar es cómo, el Mariscal Francisco Solano López a quien denomina con sentido despectivo “dictador” -aunque se cuida muy bien de utilizar esta palabra para con su Emperador o Venancio Flores o Mitre cuyas “legitimidades” eran por lo menos, similares a las del gobernante guaraní- tuvo tanto amor de su pueblo que lo siguió hasta la muerte y casi podríamos decir hasta el exterminio. Ninguno de los miembros de la Triple Alianza, generaron un sentimiento de afecto popular semejante en sus respectivos países. Evidentemente la interpretación histórica de este autor brasileño, tributa al liberalismo mitrista que durante décadas predominó en nuestro país.


León de Palleja, coronel uruguayo es retirado muerto del campo de batalla del Boquerón. Una de las imágenes históricas de la sangrienta y devastadora Guerra del Paraguay. (Extraido de http://www.temakel.com/ghdegparaguay.htm)



Hay dos aspectos más del reportaje que son impugnables. Mediante un sutil juego de palabras y cometiendo uno de los peores pecados que puede cometer un historiador: transpolar el pasado al presente anacrónicamente; emparenta a Stroessner con López y por carácter transitivo a nuestra presidenta. A renglón seguido aclara su verdadera postura cuando critica la decisión de la República Argentina de poner el nombre de Solano López al Regimiento de Entre Ríos-: “No imagino al presidente Putin poniendo a una unidad militar rusa el nombre de Napoleón Bonaparte.(…)  Supongo que usted no vio una unidad militar paraguaya que se llame Bartolomé Mitre.”  Aquí sí el encubierto “historiador” se “alista”  claramente en la “política”. ¡Napoleón era el general invasor francés al que el pueblo ruso expulsó dando plena muestra de heroísmo! Era un imperio agresor. ¿Cuál fue el imperialismo de Solano López en la región?  En este caso hablamos de una guerra fratricida, entre países que fueron una misma unidad política apenas 60 años antes. Además la historia ha condenado la perversidad de quienes no persiguieron sino una política de exterminio.
 ¿Acaso el Señor Doratioto pretende que asumamos con seriedad su ridícula interpretación de un Paraguay imperialista invasor de Corrientes y el Matto Grosso??? Ni siquiera poblacionalmente los hermanos paraguayos podían aspirar a controlar militarmente las tres naciones de la Triple Alianza. Solo se defendieron. Así lo entendieron al menos los argentinos, que le impidieron a Mitre retener el poder a través de su canciller Rufino de Elizalde en las elecciones por un nuevo período presidencial. En ellas se impuso Domingo Faustino Sarmiento a esa altura distanciado ya del fundador de “La Nación”.
Con gran valentía intelectual Cristina Fernández repara aquel horror histórico poniendo el nombre de un héroe nacional paraguayo que por esa razón lo es del MERCOSUR y de la Comunidad Sudamericana de Naciones, a uno de nuestros regimientos. 
 “En Brasil la historia es historia, no como en la cuenca del Plata donde todavía se utiliza la historia para el combate político presente.”  Afirma el entrevistado haciendo gala de orgullo barrial,  para criticar al revisionismo uruguayo y argentino y al Gral. Perón (¿asimilable a López?) ¡Evidentemente el suicido de Vargas reconoce causas profundas!
Es preciso superar antiguas interpretaciones, para lograr en el siglo XXI la unidad sudamericana que el propio Brasil impulsa hoy. Afortunadamente las vetustas consideraciones del reportaje están quedando fuera de la historia o al menos esto debemos intentar si no queremos entrar al futuro retrocediendo.
El histórico Tratado del MERCOSUR firmado el  26 de marzo de 1991, sintomáticamente lo fue en Asunción, “madre de ciudades”. Tenemos la obligación de reparar aquel “crimen de la guerra”, como en su momento lo hicieron Yrigoyen y Perón. Hoy, Cristina Fernández ratifica y profundiza un camino que resulta estratégico.
La decisión política de bautizar al Grupo de Artillería Blindada 2, de Rosario del Tala, Entre Ríos, como Mariscal Francisco Solano López es un paso en el camino de la integración americana. Como dijo Jorge Abelardo Ramos hace medio siglo: “Somos un país porque no pudimos constituir una Nación. Fuimos argentinos porque fracasamos en ser latinoamericanos.” Sin duda es hora de revertir ese fracaso.

Combatientes paraguayos durante la guerra



Enzo Alberto Regali







[1] “La expresión “infame tratado”  pertenece a Ignacia Gómez, quien la utiliza en una carta que le escribe a Alberdi sobre la situación en Buenos Aires y el descubrimiento del texto del tratado. Citado por Jorge M. MAYER, Alberdi y su tiempo, Buenos Aires, Abeledo Perrot, 1973, tomo II página 890. Ignacia Gómez de Cáneva era una viuda que el gran tucumano conoció en Lóndres en casa de Manuelita Rosas y  mantuvo una importante correspondencia con el tucumano al igual que otras mujeres.  
[2] Pérez Amuchástegui, A. J. Crónica Argentina. Más Allá de la Crónica: El Fratricidio T. 4 LXVI Editorial Codex  1972.
[3] Escude, Carlos y Cisneros, Andrés. Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas. El tratado secreto de la Triple Alianza Tomo VI.
[4] Escudé y Cisneros Ibíd. Historiografía anglosajona Pelham Box y McLynn. Tomo VI.
[5] Pérez Amuchástegui. Ibíd.Tomo 4. Pág. LXXI
[6] Recordemos que del lado de la ciudad de Paysandú sitiada y bombardeada por la flota imperial respaldada y abastecida por el gobierno de Mitre, lucharon algunos argentinos ilustres como Rafael Hernández, hermano de José autor del Martín Fierro. En esta batalla el valiente general Leandro Gómez se rindió con sus hombres con la promesa que se respetarían sus vidas. Las tropas brasileras no obstante, los pasaron a degüello. Así  se iniciaba  un conflicto entre hermanos sudamericanos que concluiría con la destrucción del Paraguay. 
[7] Moniz Bandeira, Luis Alberto, Argentina, Brasil y Estados Unidos. De la Triple Alianza al MERCOSUR. Grupo Editorial Norma Buenos Aires. 2004
[8] Brezzo,Liliana  “Argentina-Paraguay- (1810-2000)” Caviar Bleu Edit. Andina Sur-. Doratioto en su ánimo justificatorio  sostiene que los datos de población y  víctimas son discutibles y de mucha variación numérica. En todos los casos las cifras son inhumanas.