No
es sencillo hablar sobre San Martín porque sobre él se han escrito ríos de
tinta y abarcando probablemente todos los aspectos de su vida. Por otra parte
la historia no es ni ingenua ni aséptica al contrario, forma parte de la
política (dicho de otra manera, esta
última es la historia del presente) y por lo tanto cuando hablamos de historia
o de recuperar la identidad, todos,
historiadores o aficionados, alumnos o profesores introducimos pensamientos que
tienen que ver con nuestro enfoque de la realidad y quien no lo admita se
engaña a sí mismo o a los demás, lo cual es mucho peor.
No
por casualidad pretendo enfocar dos aspectos centrales de su personalidad: su
política e ideología y la soledad a la que se lo condenó por mucho tiempo
debido precisamente a la
primera. Hay muchas maneras de aislar y olvidar a una
persona. Una de ellas es mistificarla, la otra deformar u ocultar parcialmente
sus ideas con lo que accedemos a esas verdades a medias que tanto mal nos hizo
y nos hacen.
El
hecho asombroso para muchos es que San Martín, el Libertador de tres países de
la América de Sur, solo vivió en estas tierras 14 o 15 años de su no corta
vida, murió a los 72. Siendo un niño, hijo de un honrado funcionario español de
mediana actuación, emigró a España (cumplió 5 años en el barco), adonde ingresó
a los 11 años, el 15 de julio de 1789, como cadete del Regimiento de Murcia.
Por lo tanto su formación fue española y militar. Dato curioso fue que los
colores de este regimiento eran el blanco y el azul, luego cambiado este
último, por el celeste...
España
había iniciado un proceso de decadencia difícil de controlar. Carlos IV inició
su reinado en 1788 y debió pilotear sin tener las condiciones para ello, el
proceso que generó uno de los mayores cambios en la historia “universal” de
occidente, la
Revolución Francesa.
Europa
“sufriría” o quizás sea más correcto decir, “viviría”, tiempos de profundos
cambios políticos, económicos, sociales, ideológicos. La incapacidad para gobernar del nuevo Borbón, que también se
manifestaba en la intimidad del “hogar”,
hizo que con errores y aciertos las riendas del reino quedaran en manos
del “servicial”, Manuel de Godoy, guardia real y conocido amante de la
accesible reina. La ausencia de políticas de estado, claras y efectivas, de
modernización y desarrollo van a estar ausentes del reinado de este timorato
sucesor de Carlos III. Pero el gobierno era la expresión de una corte banal y
displicente que representaba, sobretodo a una España que se resistía a morir y
a perder anacrónicos privilegios que la Historia estaba derrumbando.
El
novel cadete del Murcia va a vivir,
así, una época de revoluciones que modificarán el mundo occidental. Las
nuevas ideas se esparcían por toda Europa. La Revolución Francesa
de la mano de una burguesía en ascenso, trastocaba mentalidades y sobretodo
hacía crujir el andamiaje de las viejas monarquías absolutistas. Por su parte
Inglaterra ya había iniciado su Revolución Industrial, que la transformaría en
“el taller del mundo” cambiando la economía occidental.
Floridablanca
, a cargo del gobierno desde la época de Carlos III, imbuido de las ideas del
despotismo ilustrado, inicia una fuerte persecución de las nuevas ideas, pero
la ola era demasiado grande para ser detenida por las bayonetas. El liberalismo
se difundía a pesar de las persecuciones y los militares no eran ajenos al
resto de la sociedad necesitada de cambio. Las logias masónicas ya estaban
dentro del ejército y de otras corporaciones.
La
muerte de Luis XVI a manos de los revolucionarios franceses el 21 de enero de
1793, lanzará a España a una guerra por
solidaridad absolutista y monárquica contra su vecino. Ya se sabe, la guerra es
la expresión de la política y Francia con sus nuevos y brillantes generales y sus
ejércitos del “pueblo en armas” lograba enfrentar a toda la Europa coaligada
con éxito.
En
1796, España firma el 1er. Tratado de San Ildefonso. Una alianza ofensiva
defensiva con el Directorio francés, lo
que implicaba la guerra contra Gran
Bretaña, que se inicia en octubre. Esta errátil política exterior era el
indicio más claro del ocaso ibérico.
El
ascenso de Bonaparte era irrefrenable. En 1799 obtiene la designación de Primer
Cónsul por 10 años, en 1802 se transforma en cónsul vitalicio y en 1804 en
Emperador de los franceses con gran apoyo popular. Seguramente el hecho generó
en los militares españoles grandes contradicciones. Por un lado admiraban
profesionalmente al brillante corso y también veían con simpatía, algunos de
ellos, el liberalismo político, el Código Civil de Napoleón, que en las
mochilas de los ejércitos galos se desparramaba por la Vieja Europa. Por
el otro, tenían la certeza del potencial peligro que la vecindad francesa
representaba para su débil patria. Nada impediría cuando llegara el momento, la
resistencia al poder del Emperador cuando este finalmente, resuelva la invasión
a la península.
La vacilante política era para los buenos militares del reino
una constante frustración y sensación de derrota nacional.
El
Tratado de Fontainebleau en 1807 por el cual Francia y España se repartían
Portugal a futuro, legaliza la
penetración de los ejércitos franceses en el territorio peninsular con la
excusa de invadir el rebelde territorio lusitano. Esto sirvió como detonante de
la rebelión hispánica. El 17de marzo de 1808, Fernando (por conveniencia propia
no por convicción) en Aranjuez intenta un golpe contra su padre que terminará
fracasando por su misma cobardía. En
efecto Carlos abdica en un primer momento en Fernando, pero este servil, busca
el reconocimiento de Napoleón, que los manda a llamar a Bayona. Allí en un acto
bien denominado “Farsa”, va a obligar al
nuevo rey a devolver la corona a su padre y a la vez, a Carlos a abdicar y
ceder todos sus derechos (España e Indias) al emperador de Francia. En el
ínterin, la rebelión contra los que el pueblo español acertadamente consideraba
invasores, estalla el 2 de Mayo en Madrid. La lucha fue heroica pero el
mariscal Murat con fuerzas muy superiores reprimió y aplastó momentáneamente la
revuelta.
El 4 de junio de 1808 José I Bonaparte, es
proclamado rey con el apoyo de las legiones francesas. Comenzaba una guerra de
independencia nacional por todos los medios y en la que hubo no pocas muestras
de heroísmo. El pueblo inicia el movimiento “juntista” mediante el cual este
reasume la soberanía al estar el rey Fernando, apodado a partir de ahora “el
deseado”, impedido de gobernar, por su prisión.
Detrás
del movimiento juntista predominaban las nuevas ideas del siglo que deseaban
transformar la vieja
España caballeresca. Sin embargo, los liberales españoles, no
tuvieron la fuerza para hacer la guerra y la revolución al mismo tiempo. Sus
actitudes vacilantes impedirán por ejemplo otorgar hacia 1810 la igualdad a los
americanos sublevados y en las Cortes liberales de 1812 ni siquiera aceptaron
una participación igualitaria de los diputados indianos. El absolutismo nunca
perdió el poder totalmente porque sabía que Fernando VII esperaba con malicia
su turno para aplastar estos intentos modernizadores.
En
este contexto, San Martín como tantos otros militares españoles debido a las
necesidades de la guerra, traban contacto con los oficiales ingleses que
habiendo hecho “cabeza de playa” en Portugal enfrentaban a Bonaparte.
Aclaremos
que el enfrentamiento anglo - francés no tenía bases ideológicas, sino
económicas: disputaban el mercado mundial para los productos industriales.
Los británicos no tenían en su país una monarquía absoluta
sino parlamentaria, es decir eran ideológicamente liberales moderados,
monárquicos y en esto coincidían más con
los franceses que con las otras potencias absolutistas, pero lo que predominaba
eran los intereses económicos permanentes y la necesidad de impedir que
cualquier potencia continental hegemonizara el continente. Recordemos también
que tanto España como Francia habían cometido la “picardía” de apoyar a los
rebeldes norteamericanos que lograron declarar la independencia de las colonias
inglesas... una “factura” que tarde o temprano se encargarían de pasar los británicos.
La
descomposición de la monarquía española la sufrían sobremanera los militares.
En 1793 guerra contra Francia, en 1796 alianza y guerra contra Gran Bretaña, en
1805 derrota de Trafalgar y perdida del control de los mares a manos de los
ingleses, 1807 firma de un tratado con Napoleón denigrante que permite la
entrada al territorio hispano de los ejércitos franceses, 1808 farsa de Bayona
y coronación de José I Bonaparte como nuevo rey.
No
es de extrañar entonces que los oficiales liberales entre los que se encontraba
San Martín se identificaran con ideas que hubieran permitido una transformación
nacional. En el caso de los americanos las ansias revolucionarias se ligarían
con las de aquellos jóvenes doctores, clérigos, militares, que allende el océano
ya comenzaban a generar los grupos que encabezarían la revolución por la
independencia.
Un
hecho destacable de todo este proceso es el que San Martín había logrado
ascender más rápidamente que otros cadetes y fue ganándose la estima de sus
superiores en base a su profesionalismo.
En
el ejército es raro que exista excesiva amistad entre los oficiales superiores
y sus subalternos, en general se exacerba el orden jerárquico. Algunas
condiciones especiales tenía este oficial americano que lo diferenciaban de
otros. El general Francisco María Solano, marqués del Socorro y de la Solana,
por ejemplo lo tuvo como su oficial de confianza y amigo al punto que se los
solía ver juntos (hasta parecido físico tenían) en fiestas sociales o
compartiendo la mesa. También
compartían su participación en la logia masónica “Integridad” de Cádiz.
Un
hecho desgraciado marcaría a San Martín en esta época. En los momentos de alza
popular contra el dominio francés el General Solano fue visto por la multitud
como poco enérgico y afrancesado, lo que no respondía a la realidad pero el 29
de mayo de 1808 una muchedumbre exaltada asaltó su casa y aunque intentó
escapar terminó entregándose lo que no fue respetado por la turba que lo
asesinó cruelmente. San Martín intentó salvarlo pero a duras penas pudo escapar
él personalmente. Este cruento suceso lo marcaría de por vida. Tal vez por ello
siempre fue, un liberal moderado sin definición tajante entre la monarquía o la
república y partidario de los gobiernos fuertes y ordenados, y desconfiado de
las acciones de masas.
La
invasión napoleónica iba a permitir mayor gloria al oficial criollo. En la
carga de Arjonilla, y en Bailén, batalla en la que se desempeñó como edecán del
General Antonio Malet, marqués de
Coupigny, el 19 de julio de 1808 y por su destacado comportamiento, fue
ascendido a teniente coronel graduado de caballería. Posteriormente cayó
enfermo y esto lo mantuvo alejado por un tiempo, lo que fue muy sentido por su
general.
En
este lapso, la superioridad militar francesa comenzó a hacerse sentir con la
obtención de varios triunfos importantes. La Junta Central de
Sevilla jaqueada decidió trasladarse a la isla de León al amparo de la flota
inglesa y delegar su poder en un Consejo de Regencia de 5 miembros a principios
de 1810.
Los
franceses iniciaron un prolongado sitio a Cádiz, ciudad en la que se encontraba
San Martín, quien hacia 1811 decide pedir el retiro del ejército español.
Destaquemos que era no solo el hombre de confianza del marqués de Coupigny en
esta época sino también cofrade de este en la Logia de los Caballeros
Racionales N° 3 como “maestro masón”.
América
a esta altura era toda efervescencia. El liberalismo moderado o radical se
expandía rápidamente y la mezcla era interesante. Españoles y americanos militarán
en ambos bandos en lucha, la línea divisoria no era clara.
No
acuerdo con las teoría que establece que la revolución americana fue una guerra
de liberación nacional exclusivamente, en desmedro de otras teorías que
sostienen que fue una guerra civil entre la España liberal y la
absolutista...Entiendo que fue ambas cosas al mismo tiempo. Numerosos hechos lo
ratifican. Se inició como un conflicto interno, pero concluyó como una lucha
por la independencia favorecida por le cortedad de miras y la descomposición de
una monarquía cobarde y mediocre. Si España hubiera comprendido la necesidad de
producir una reforma política profunda e igualitaria tal vez la historia
hubiera discurrido por otros canales. Lo demuestran tanto San Martín como
Bolívar que en cuanto los liberales españoles tomaban el gobierno en la Madre Patria y
ofrecían acuerdos estos nunca los rechazaron totalmente. Así están los pactos
de Miraflores y Punchauca o los planes bolivarianos para una Confederación
Hispano - Americana.
Vientos
de Independencia y Unidad
Inglaterra
en pleno proceso de revolución industrial necesitaba el dominio de los mercados
y entendía desde fines del siglo XVIII que la pelea no se debía dar solo en el continente, sino
también en el mar y allende el océano. Habiendo perdido sus colonias con la
complicidad de España y Francia, lógico era que apoyara a veces abiertamente y
las más solapadamente, todos los intentos independentistas que producto de las
ideas liberales recorrían el Viejo y el Nuevo Mundo.
El
Gran Oriente Escocés fue quizás la principal Logia Masónica
que apoyada por los ingleses recorría Europa y América. El liberalismo político
impulsado por Inglaterra no era necesariamente republicano y contribuía a
sustentar las ideas más o menos independentistas de muchos americanos que
recorrían el Viejo Continente. El carácter secreto de los ritos y las
discusiones de la logia ayudaron a construir demasiados mitos sobre la masonería. En
realidad el carácter secreto obedecía a la dura lucha que se sostenía contra
las policías secretas de los regímenes absolutistas, en la cual se jugaban la
posibilidad de largos años de cárcel o la vida misma. ... Por otra parte Gran
Bretaña no tenía problemas con los
“conjurados” en tanto y en cuanto la conjura sirviera a su política exterior y
no se le volviera en contra. En realidad los apoyos recibidos por los criollos
siempre fueron más simbólicos que concretos y nunca desinteresados.
Londres
fue pues el centro de la propaganda americanista e independentista. Desde allí
Miranda acaudillaba la Gran Reunión Americana logia cuya sede se hallaba
aparentemente en Gibraltar y desde donde se predicaba el nuevo evangelio que
“regeneraría los pueblos”.En el país de este singular patriota, Venezuela, se
produce la primera invitación formal a los demás pueblos de Hispanoamérica
(27-4-1810) para formar la “gran confederación américo – española”. Poco más
tarde Bolívar y otros diputados venezolanos plantearían concretamente similar
proyecto a Lord Wellesley en Londres.
Pero Inglaterra ya estaba firmando con Fernando un tratado contra Francia que
le impediría realizar públicamente esta tarea. En Chile la Junta formada
también proponía algo similar el 26 de noviembre de 1810. El Plan
Revolucionario de la Junta de Buenos Aires, redactado por Mariano Moreno
también hablaba de la unidad del antiguo virreinato del Río de la Plata,
ampliándolo incluso a Río Grande, Brasil.
San
Martín se inicia probablemente hacia 1808 en estas sociedades secretas. Se
trató de la logia
Integridad de Cádiz ya mencionada, en la que el general
Solano era venerable maestro y a partir de lo cual comenzó nuestro hombre a
ocupar empleos más importantes (Patricia Pasquali). Poco después se afilió a la
Logia de los Caballeros Racionales N° 3 en la que recibió el grado de maestro
masón, convirtiéndose a partir de allí en el inseparable edecán del general
Antonio Malet, marqués de Coupigny. Este tipo de logias también existieron en
Buenos Aires desde el siglo XVIII: en 1795, una, llamada Independencia, fundada probablemente por un
grupo de franceses que obtuvieron carta constitutiva de la Gran Logia de
Versalles según algunos o de la Logia General Escocesa
de Francia según otros, absorbidas en 1805 por el Gran Oriente Francés, dejando
en libertad de acción a la logia local. A esta se habrían incorporado entre
otros: Castelli, Hipólito Vieytes, Belgrano, Passo, Nicolás Rodríguez
Peña, Donado, Chiclana que luego serían la conducción de la revolución en
Buenos Aires.
Con
las invasiones inglesas o seguramente con el contrabando anterior también
llegaron algunas logias al Río de la Plata,
entre ellas la de los “Hijos de Hiram” o la “Estrella del Sur” con
carta constitutiva de la
Gran Logia de Irlanda,
a la que pertenecían Aniceto Padilla y Saturnino Rodríguez Peña que ayudaron
a escapar al general inglés Beresford. También se fundó la de “San Juan de
Jerusalén de la Felicidad de esta parte de América” que se reunía habitualmente
en un templo ubicado en la calle de la Santísima Trinidad
entre Santo Tomás y Santa María (hoy San
Martín entre Paraguay y Charcas) con carta constitutiva de la Gran Logia de Maryland.
Esta fue descubierta por casualidad y la denuncia a las autoridades obligó a
algunos de sus miembros a pagar algún dinero para parar el proceso. En esta
participaba Gregorio Gómez, el único
amigo que se tuteaba con San Martín y al que luego, ya en el ostracismo le
encomendaría la administración de sus propiedades en Buenos Aires.
El
14 de septiembre de 1811 el teniente coronel retirado se embarcó desde Cádiz
para Londres con apoyo seguro de los “hermanos” y diciendo en su nota al
Consejo de Regencia que se iba a trasladar a Lima. Al llegar a Inglaterra
participó durante los 4 meses que allí estuvo, de las reuniones de la Gran Reunión Americana
las que se realizaban en la casa de los agentes venezolanos Luis López Méndez y
Andrés Bello.
Aclaremos
que en estos tiempos no hay que ver a estos americanos y al propio San Martín
como agentes británicos. Sucedía que Inglaterra necesitaba expandir su comercio
por todo el mundo y las colonias el Nuevo Mundo eran uno de los puntos más
codiciados, si se tiene en cuenta además, que lograrlo implicaba un fuerte
debilitamiento del poder de los rivales europeos. Los patriotas americanos
conscientes de esta contradicción entre europeos solicitaban apoyo para lograr
mayores libertades y la independencia.
Las
diferencias, entre aquellos que terminaron confundiendo el interesado apoyo
británico y adhirieron a políticas que comprometieron el futuro soberano de los nuevos países de la
mano de la “vieja raposa”, y quienes de diversas maneras lucharon por la
soberanía política y económica, estarán presente desde los primeros momentos de
la revolución y costará no pocos derramamientos de sangre entre hermanos.
En
el gabinete británico ya empezaba a destacarse la figura de George Canning
entre los partidarios de impulsar la independencia de los países
hispanoamericanos. Conociendo estos aspectos los logistas entendían que la
máscara de Fernando debía caer o por lo menos que la guerra contra el
absolutismo español debía ser firme sintetizándose la consigna en:
“Independencia y Unidad”. (Antonio J. Pérez Amuchástegui).
Este
es el motivo por el cual varios logistas entre los que se encontraban San
Martín, Carlos María de Alvear, Zapiola , el Barón de Holmberg a bordo de la fragata inglesa “George
Canning” (vaya paradoja!!!) arribaron a Buenos Aires aproximadamente el 6 o 7
de marzo de 1812 para ponerse al servicio del gobierno rioplatense.
Bernardo
O’Higgins otro “hermano” ya se encontraba en Chile tratando de conducir aquella
rebelión cuyo principal problema eran las luchas internas entre patriotas.
Arribados a la ciudad puerto, los
“juramentados”, comenzaron a tejer las políticas para acercarse al poder y
llevar adelante sus proyectos. Como primera medida se pusieron a disposición
del Triunvirato.
San Martín es comisionado a formar un cuerpo
de granaderos a caballo y se le reconoce el grado militar que ostentaba.
Probablemente
gracias a las relaciones de Alvear conoce a Remedios Escalada y de la Quintana,
una niña con la que se casaría, entrando
de esta manera en la sociedad porteña y ganando “respetabilidad social”.
Los
recién llegados sin perder un instante se dedicaron a crear una logia en el Río
de la Plata que sirviera a sus propósitos. Siempre se la ha mencionado como
Lautaro pero Patricia Pasquali sostiene en base a documentación recogida, que
esta primer Logia se denominó de los Caballeros Racionales y que recién en 1816
cuando luego de la caída de Alvear, y en pleno Congreso de Tucumán, San Martín
y Pueyrredón con Tomás Guido, entre
otros, reorganizan la Logia para sostener el Plan Sanmartiniano, la denominaron Lautaro
que significaba “expedición a Chile” y no guerra a España. Los masones gustaban
de utilizar este tipo de leguajes secretos y crípticos.
San
Martín ya en España se impondrá como misión la independencia y unidad de las
colonias americanas. Nada lo podrá distraer de su objetivo. El plan
sanmartiniano consistente en una especie de estrategia de aproximación
indirecta, en la que los ingleses siempre fueron especialistas, preveía la toma
del reino de Chile, a través de la cordillera de los Andes para luego por mar
acceder al principal centro sudamericano de poder realista, Lima. Este
operativo debía combinarse con una expedición desde el norte argentino para
tomar el Alto Perú, dejando a los españoles encerrados en un juego de pinzas.
Este
plan se parecía mucho al sugerido por un militar escocés sir Thomas Maitland
hacia 1800, al gobierno inglés. Pero en realidad esto no debe sorprendernos
demasiado, ya que los ingleses tuvieron varias propuestas tendientes a
independizar a las colonias españolas. La de Popham , la de Vansittart de
1796 que seguramente conocía el primer mencionado y que coincide con las órdenes que tenía el
general inglés Craufurd, quien tuvo que variarlas debido a la reconquista de
Buenos Aires. Además San Martín era amigo del masón escocés James Duff que
pertenecía a la logia
St. Andrew N° 52 en Banff . Maitland frecuentaba la taberna
de los masones a la que asistía sir James Mackintosh famoso partidario de la
independencia americana y crítico de la política gubernamental de alianza con
España. Pero también es cierto que la propia experiencia convenció a nuestro
general de la imposibilidad de tomar el Alto Perú y el Perú por la ruta del
Desaguadero. Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma y por último Sipe – Sipe así lo
demostraban. El teniente coronel Enrique Paillardele también presentó el 29 de
noviembre de 1813 un plan de similares características que se sumaba a otro que
presentó el diputado argentino ante el gobierno de Chile, el Dr. Bernardo Vera
y Pintado al Triunvirato, el 18 de abril de 1813, en similares términos. Este
último pudo ver, como su propuesta empezaba a cumplirse, desde su puesto de
auditor de guerra del Ejército de los Andes. Otra suerte corrió Paillardele y
su hermano que disgustados con San Martín pasarían a Buenos Aires donde
militarían en el alvearismo, terminando fusilados injustamente, el 2 de mayo de
1815, a
la caída de esta facción.
En
suma creemos que San Martín no fue el artífice absoluto del plan mencionado del
que también participó el Gral. Tomás Guido, sino el genial encargado de
sostenerlo e impulsarlo en el momento adecuado para llevarlo al triunfo.
Cuando
mencionamos el carácter de “misión” que el misionero...o correntino, se impuso,
lo hacemos porque a pesar de su permanente actitud prudente, ordenada y
respetuosa de los gobiernos establecidos, en repetidas oportunidades apeló a la
desobediencia para llevar adelante su proyecto. Cuando se hizo cargo del Ejército
del Norte se apoderó de caudales -que debían enviarse a Buenos Aires de acuerdo
a las órdenes del Director Posadas- para poner al día los sueldos de tropas
desanimadas y desmoralizadas luego de las derrotas de Vilcapugio Y Ayohuma.
Posteriormente se negó a destinar sus tropas a la guerra civil que se libraba
en el Litoral contra los caudillos, lo que le hubiera impedido su campaña al
Perú. Enterado de la caida del Directorio luego de la batalla de Cepeda, se
desentendió de las autoridades rioplatenses apelando como otras veces a la renuncia. En este
caso debido a la acefalía existente en el Río de la Plata, una Junta de
Oficiales reunida en Rancagua (donde se encontraba el ejército) el 2 de abril
de 1820 declaró por voto general: “que la autoridad que recibió el señor
general para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país,
no ha caducado, ni puede caducar, porque su origen que es la salud del pueblo,
es inmudable.” (A. J. Pérez Amuchástegui). No solo esto, sino que además en
base a esta autoridad designó a Güemes jefe del ejército de observación sobre
el Perú. El 20 de agosto de ese mismo año partieron hacia Lima los
libertadores.
E 1
de enero de ese mismo año, en España el
general liberal Rafael del Riego se subleva con las tropas destinadas a
reprimir a la América rebelde y los liberales españoles intentaron recobrar el
poder frente al absolutismo fernandista.
Existiendo
una gran cantidad de oficiales liberales en América, la convulsión llegó a
estas tierras y San Martín accedió a negociar la paz en base al previo
reconocimiento de la independencia del Río de la Plata, Chile y Perú y la
coronación de un príncipe español...estas negociaciones fracasaron por la
debilidad de los reformistas cuyas tímidas medidas no llegaban al reconocimiento
de la independencia de Hispanoamérica. También Bolívar según una propuesta
descubierta en 1966 envió al patriota Francisco Antonio de Zea embajador de la Gran Colombia en
Londres para proponer a Fernando una especie de Confederación de España y América...Se
desconoce el rumbo que tomó la propuesta pero los hechos demuestran que el
inservible Fernando solo tenía fuerza para aliarse a las potencias absolutistas
europeas. Los hechos descriptos, vuelvo a resaltar, son según mi modo de ver,
probatorios del carácter “nacional” pero al mismo tiempo “civil” que adoptaba
la lucha contra España.
La
Unidad de Hispanoamérica
San
Martín, Bolívar, Artigas, Moreno, O’Higgins, Belgrano entre tantos otros
sostuvieron de distinta manera la necesidad de la unidad de los pueblos que se
liberaban de España. Sin embargo entre ellos hubo diferencias en cuanto a sus
planteos, tal vez en algunos casos por las distintas realidades que les tocó
vivir.
Artigas
y Bolívar por ejemplo sostuvieron firmemente la necesidad de una forma
republicana de gobierno y en el caso del oriental, el federalismo como
condición innegociable. El caraqueño no descartaba una confederación mayor pero
sostenía la grandes unidades territoriales, descreyendo del federalismo, como
lo demuestra su Gran Colombia, que llegó a agrupar Venezuela, el ex virreinato
de Nueva Granada y Ecuador, intentó avanzar con Perú y Alto Perú pero ya las
fuerzas de los intereses económicos centrífugos unidos al condimento político
de europeos y norteamericanos imponían la desunión. El caso
rioplatense fue paradigmático de la cortedad de miras de las oligarquías
portuarias: en el caso del Alto Perú cuando fueron consultados sobre el destino
de esas provincias, Rivadavia a cargo virtualmente del gobierno contestó que
las dejaba en “libertad de acción”. Bolívar calificó la actitud de “inaudita”.
Artigas
en su defensa del federalismo y la independencia nacional, llegó a constituir por breve tiempo, la Liga de los
Pueblos Libres que abarcó la
Banda Oriental , Corrientes y Entre Ríos y la zona de las
misiones, Santa Fe, Córdoba llegando a tener alguna influencia en Cuyo. Las
diferencias entre estos patriotas se minimizan cuando vemos a través de su
accionar que persiguieron en todo momento la unidad de las nuevas regiones
independizadas. La derrota de los tres en este proyecto se debió a múltiples
factores, entre ellos la primacía de los intereses económicos de campanario,
las ambiciones individuales y la cortedad de miras de muchos de los
protagonistas de la época.
San
Martín educado en el ejército español, y bajo la influencia del liberalismo
moderado inglés, si bien afirmaba su republicanismo en algunas cartas, a la vez
sostuvo firmemente que en América hacía falta un gobierno monárquico y de algún
príncipe europeo. Si bien no se pronunció en contra de la solución propuesta
por Belgrano y otros, de la restauración incaica, a través de sus cartas se
percibe desconfianza por la
misma. Veía en cambio con buenos ojos, una especie de
confederación de reinos con algunas casas europeas a la cabeza, obviamente
prefería las inglesas o cercanas a esta.
Mucho
influyeron en estas ideas, las continuas divisiones y luchas intestinas que en
plena guerra de la independencia, hicieron peligrar el triunfo final. Al
comodoro Bowles, escribe claramente San Martín: “dividir la América del Sur
entre las principales potencias europeas, formando tal número de reinos que se
pudiera proveer con ellos a un príncipe de cada casa real” (A. J. Pérez
Amuchástegui). Esta propuesta hecha en medio del avance absolutista en el Viejo
Mundo y las disensiones civiles, llevaba incluida la necesidad de que
Inglaterra ayudara a mantener la paz y la independencia de América del Sur. De
todas maneras para él la forma de gobierno no era demasiado importante ya que
hasta podía aceptar la república pero a condición que se lograra el orden, la
libertad y el bienestar de los pueblos. No podemos dejar de pensar si lo
observamos con una óptica actual, la ingenuidad del Libertador, pero en aquella
época los estados naciones estaban en plena formación, solo recordemos que
Italia y Alemania recién consiguieron la unidad nacional en la segunda mitad
del siglo XIX, por lo que en este contexto se deben analizar estas propuestas.
La
admiración del general por el gobierno
de Rosas, si bien se basó en gran medida en la defensa que de nuestro
territorio hizo el restaurador contra la prepotencia anglo-francesa, también
respondió al carácter de fuerza y orden que este le imprimió. De la mutua y
cordial relación hay cartas testimoniales. Fue don Juan Manuel el primer
gobernante argentino que reivindicó la acción del Libertador en nuestro país y
su campaña a Chile y Perú.
Sin
embargo la personalidad del general debe haber sido tan especial que dos
enemigos importantes de Rosas, Alberdi y Sarmiento, también exaltaron su figura
habiendo tomado contacto con él en 1843 y 1846 respectivamente. De hecho este último recibió con un discurso
sus cenizas cuando se repatriaron en 1880, y Mitre lo inmortalizó en su
Historia, aunque también ella haya servido para desnaturalizarlo.
La
firme voluntad independentista y de unidad de los pueblos hispanoamericanos son
los dos ejes políticos que permiten que hoy el pensamiento sanmartiniano tenga
vigencia. De hecho recién con la constitución del MERCOSUR se puso en marcha la
mayor posibilidad de unidad sudamericana...y fue al finalizar el siglo XX!!!
Simón Bolívar Libertador de Suramérica |
La
entrevista de Guayaquil
Guayaquil
tiene fundamental importancia porque a partir de ella se han tejido y destejido
y se seguirá haciéndolo, muchas interpretaciones. Lo cierto es que aquella
entrevista significó el retiro definitivo de San Martín de América aunque no de
la política ya que en Europa mantuvo una gran actividad liberal y no pocas
veces tratando de interceder ante las cancillerías en favor de su Patria.
Nadie
podrá tener nunca la total certeza sobre lo que conversaron a solas los
libertadores. Hay sin embargo testimonios de amigos y viajeros que conocieron
al general, que ofrecen versiones que permiten suponer el tenor de los temas.
Tan importante como estos documentos son los hechos, las actitudes personales y
políticas posteriores a la entrevista que es lo que nos puede dar un análisis
más objetivo de los hechos.
De
entrada digamos que ambos libertadores hablaron muy poco y si lo hicieron fue
en la intimidad, sobre la entrevista de Guayaquil y en el caso de San Martín
expresamente lo hace (el silencio) para no perjudicar la batalla final por la
independencia de América. Temía tremendamente que su accionar pudiera ser
utilizado por los enemigos de la independencia y la unidad. Guido cuenta
que este, dándole las razones de su retiro del Perú renegaba de cualquier
enfrentamiento que pudiera darse con Bolívar y decía: “Los despojos del
triunfo, de cualquier lado que se inclinase la fortuna, los recogerían...nuestros
enemigos y apareceríamos convertidos en instrumentos de pasiones mezquinas. No
seré yo, mi amigo, quien deje tal legado a mi Patria.”
Lamentablemente
haciéndole poco honor a la voluntad de ambos patriotas sus seguidores, tomando
como esto a algunos contemporáneos de los héroes y a historiadores modernos
también, se dedicaron a generar enfrentamientos entre venezolanos y argentinos,
peruanos, colombianos, etc. La estupidez no es patrimonio de pocos... Los
venezolanos hablan de la renuncia y claudicación de San Martín. Los argentinos
de la terrible ambición de un Bolívar inhumano frente al.....tímido?, generoso?
General argentino. Este hecho al que no fue ajena la Academia Nacional
de la Historia y los Institutos Sanmartinianos insisten en sacralizar a Don
José y su generosidad frente al ambicioso caraqueño.
Entrevista entre San Martín y Bolívar realizada entre los días 26 y 27 de julio de 1822 en Guayaquil |
Los
hechos. San Martín se encontraba en el Perú, aislado, con las Provincias Unidas
del Río de la Plata en manos de Rivadavia su enemigo o adversario, un hombre
solamente interesado en los intereses comerciales del puerto. Chile se debatía
en enfrentamientos internos no menores y con un O’Higgins políticamente
debilitado y un San Martín criticado. Simón Bolívar en cambio era un general
triunfante con la república de la Gran Colombia recientemente organizada y con un
importante ejército en armas. Lógico es suponer, dado que sin ambición no
existiría la historia, que deseara concluir su obra liberadora. San Martín que
podía ofrecer??? Su persona, combatir bajo las órdenes del venezolano...que
hizo este? Rechazar la oferta porque cualquier descuidado observador político
se da cuenta que dos figuras de tanto peso tienden a nuclear gente detrás de
sus personas para terminar al margen de su voluntad, enfrentándose entre sí.
Esto
es lo que a Castilla, a Miller, a Guido, a Alberdi, a Lafond, a Sarmiento el
Libertador de alguna, manera les transmitió. Es probablemente cierta aquella
frase de “Bolívar y yo no cabemos en el Perú”. Como también quizás lo sea la
carta al caraqueño del 29 de agosto de 1822 que Lafond dio a conocer en 1843.
¿Y qué? como dicen los niños. No es entendible acaso que San Martín asumiera su
retiro para no poner palos en la rueda pero al mismo tiempo le hiciera saber a
Bolívar su contrariedad, juramentándose
hacer silencio, cosa que cumplió ampliamente? Solo quienes interesados en las
pequeñas rencillas e intereses de campanario decidieron deformar la voluntad de
los héroes, se dedicaron consciente o inconscientemente a deformar su voluntad y transformar a
Guayaquil en el símbolo de la impotencia latinoamericana.
Guido
íntimo amigo del libertador nunca tuvo sino elogios para con Bolívar y en casa
de Grand Bourg, como lo atestigua entre otros Sarmiento se encontraba el
retrato del venezolano que poco antes de morir, al ver la disolución de su gran
Colombia y el asesinato de Sucre exclamaba “Yo repito. Todo está perdido.”
San
Martín se retiró del Perú porque sus profundas convicciones
hispanoamericanistas no le permitían siquiera correr el riesgo de participar de
una guerra civil. En realidad la política "porteñista" lo había abandonado a su
suerte y esto fue porfiadamente ocultado durante años por una historiografía
deformante.
No
pocas veces fue tentado para asumir el gobierno y encabezar alguna de las
facciones en pugna con posterioridad a su retiro, pero sistemáticamente lo
rechazó. Una muestra de la firme personalidad del exiliado de Grand Bourg es
cuando, desaprobando algunos crímenes que el régimen rosista consentía, sin
embargo aclaraba: “A pesar de esto yo no aprobaré jamás el que ningún hijo del
país se una a una nación extranjera para humillar a su Patria” en referencia a
los unitarios que se unían a quienes bloqueaban nuestros ríos.
Tal
vez como síntesis se podría recordar que nunca aceptó tener partido y por ello
para no derramar sangre americana rechazó las propuestas de gobernar por la fuerza. En cierta forma
simpatizaba parcialmente con la autoridad de un Rosas pero nunca aceptó llevar
adelante esa tarea. Los pequeños conspiradores
permanentemente hicieron correr rumores que lo involucraban en enjuagues
e intrigas aun estando en Europa, lo que lo deprimió siempre.
En
los países que liberó lo llamaron ladrón o dictador cornudo opiómano y otros
epítetos. Solo poco antes de morir llegó en Perú y Chile la reivindicación que
justamente merecía. Rosas por primera vez lo reivindicó, en la Confederación Argentina ,
agradeciendo su apoyo durante los bloqueos, sin embargo nunca lo instó a volver al país.
Tal
vez y en honor a la profunda convicción patriótica de San Martín sea importante
concluir con las palabras que pronunció Sarmiento, cuando frente a las reliquias repatriadas del Libertador, el
28 de mayo de 1880 exhortaba a los argentinos “Que otra generación, que en pos
de nosotros venga, no se reúna un día en este mismo muelle a recibir los restos
de los profetas, de los salvadores que nos fueron preparados por el genio de la
Patria y habremos enviado al ostracismo,
el desaliento y la desesperación.”
Lic. Enzo Alberto Regali
Córdoba julio de 2014.
Escrito de la conferencia realizada el viernes 25 de julio en la Casa de la Cultura de Villa Allende por la Comisión Vecinal Nogal Histórico y la Municipalidad de Villa Allende
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