sábado, 16 de marzo de 2013

joaquin f. meabe: el "abelardo ramos" de enzo alberto regali

JOAQUÍN F. MEABE, es abogado y doctor en derecho por la Universidad Nacional de Nordeste (UNNE), es filósofo, jurista, historiador e investigador. Se desempeña como Director del Instituto de Teoría general del Derecho (UNNE) y es profesor titular de Filosofía del Derecho y de Introducción al Derecho en la Facultad de Derecho de la UNNE. 


Dr. Joaquín F. Meabe




JORGE ABELARDO RAMOS: UNA ASIGNATURA PENDIENTE DE LA HISTORIA DE LAS IDEAS POLÍTICAS EN LA ARGENTINA, RECUPERADA MAGISTRALMENTE POR ENZO ALBERTO REGALI


En la Argentina contemporánea el interesado en la historia de las ideas políticas a poco que se detenga a examinar el arco ideológico, del que se nutrieron los movimientos sociales y los partidos en la segunda mitad del siglo XX, no podrá dejar de advertir ciertas asignaturas pendientes.

Algunas más pendientes que otras; y, quizá ninguna, como en el caso de la vida y la obra de Jorge Abelardo Ramos, tan relegada y desatendida por la mayoría de los estudiosos que se han ocupado de todos esos temas inflamados por la disputa y el antagonismo intransigente siempre más apto para el desahogo retórico antes que útil a la inteligencia de esa accidentada etapa de nuestra vida social que se inicia en la década infame y que aun continua sin alcanzar una dirección definitiva para encausar las expectativas de mejoramiento, progreso y justicia.

Hasta entrado el presente siglo ha proliferado en nuestro país una más que abundante literatura en la que se observa un singular deslinde entre las obras de pretensión erudita y académica, no siempre tan sólida e informada como se pretende por parte de sus autores, y esa otra producción ideológica y panfletaria donde se rinde, ante todo, tributo a la ideología. Sin embargo, en ese extenso conglomerado, donde se acumulan toda suerte de libros y periódicos, algunos importantes autores como Jorge Abelardo Ramos están completamente ausentes en el examen de detalle del último medio siglo.

Dentro de ese singular reparto de hijos y entenados en la familia de las ideas políticas argentinas Jorge Abelardo Ramos es algo parecido a un pequeño bastardito no legitimado que ha esperado inútilmente el pronunciamiento apropiado de los ideólogos y los expertos para su ingreso al panteón del imaginario instituyente que sostiene o nutre los reconocimientos.

Como buen entenado de una cultura invertebrada, en esta paradójica Argentina errante en sus enclaves, el conglomerado de los expertos, eruditos y teorizadores, al igual que ese amplio remanente de ensayistas, aficionados y opinólogos que fatigan nuestra literatura política, lo relegó a las bibliografías, más en la producción ideológica que en la ilustrada o académica; y, a veces, las noticias le prestaron alguna acotada atención, en los periódicos de circulación nacional, cuando los sucesos lo llevaron al centro de la escena como ocurrió en las elecciones 1973 cuando con el Frente de Izquierda Popular liderado por él arrimó, desde la izquierda, mas de novecientos mil votos, contribuyendo al triunfo de Juan Domingo Perón que, tras esa compulsa, volvió a la presidencia de la república luego de dieciocho años de proscripción.

Tamaña negligencia, sin embargo, no se compadece, ni por cierto, respeta la peculiar influencia de Jorge Abelardo Ramos en la historia de las ideas políticas dentro y fuera de la Argentina, en el último medio siglo, y su mas que destacado aporte al pensamiento y a la acción progresista y revolucionaria representada por ese notable conjunto formado por la denominada izquierda nacional que, fuera de toda duda, ha tenido un incuestionable impacto en la cultura política latinoamericana, hoy orientada hacia un nuevo tipo de socialismo entroncado con las propias tradiciones históricas del continente.

Sea cual fuere el juicio definitivo sobre la obra y la vida de Jorge Abelardo Ramos poca duda cabe de que este intempestivo intelectual obsesionado con la política y las causas populares ha jugado un rol crucial en el viraje de las ideas políticas de izquierda en la Argentina del pasado medio siglo hacia un nueva enfoque y una nueva práctica, entroncada con la tradición nacional, donde se rescata obras y figuras como el grupo FORJA cuyo antagonismo con el orden establecido constituye un rasgo de identidad selectiva asociada al mejoramiento y a la transformación de la sociedad.

La historia de las ideas políticas en Argentina aun no se ha anoticiado de ese fenomenal cambio que ha signado los desempeños y las opciones de varias generaciones que no siempre acertaron en oportunidad del giro ideológico hacia la izquierda nacional operado entre 1945 y 1989. Incluso toda la etapa posterior en Argentina hasta hoy transita irregularmente ese cauce sin tomar en cuenta a las figuras decisivas de esa peculiar vuelta de tuerca ideológica que se opera desde fines de los años cuarenta del pasado siglo XX de la mano de Jorge Abelardo Ramos, Rodolfo Puigross, Juan José Hernández Arregui, Alfredo Terzaga y un puñado más de entusiastas e inteligentes seguidores.

Ramos junto a partidarios y colaboradoras. 


Hacia falta en este último sentido un trabajo amplio, documentado y de conjunto que colocarla mismo tiempo las cosas en su contexto y la figura de Ramos en la perspectiva de aquel singular giro ideológico y eso es, justamente, lo que no ofrece este magnífico libro de Enzo Alberto Regali que parece contar con buena aceptación tanto por le hecho de ir ya por su segunda edición como por la circunstancia de haber agregado ahora un interesante prólogo de Ernesto Laclau y una breve nota final de Laura Ramos hija de Jorge Abelardo Ramos. Este grueso volumen de 577 páginas, tan útil como necesario para el mejor conocimientos de la historia de las ideas políticas en Argentina se titula Abelardo Ramos. La izquierda nacional y la nación latinoamericana y ha sido editado en la ciudad de Córdoba el año 2012 por las editoriales Ciccus, Ediciones Corredor austral y Ferrera editor. .     

Por cierto, no es el primer libro dedicado a Ramos y le preceden unos pocos que no satisfacen demasiado como Abelardo Ramos creador de la izquierda nacional de Cristina Noble (Bs. As., ed. Capital intelectual, 2006), Jorge Abelardo Ramos y la Unión sudamericana del escritor boliviano Andrés Solís Rada (Bs. As., ed. Caminopropio, 2006) y Jorge Abelardo Ramos historia y política de Honorio Díaz (Bs. As., ed. Plexo, 2008) a los que se deben agregar las notas y comentarios que en diversos blocs y sitios de Internet firman Roberto Ferrero y Calos A. Falcone.

Fuera de algunos méritos relativos lo que se percibe en toda esta reciente y no muy abundante literatura sobre Ramos es la crucial falta de contexto y la más que escasa referencia documental relativa a la vida y la acción política de Jorge Abelardo Ramos. El libro de Noble es seguramente el más flojo y descontextualizado; pero tampoco es mucho lo que se puede utilizar con provecho en la encomiástica obra de Solís Rada, un político boliviano afín a Ramos. Más interesante es el libro de Díaz pero tampoco escapa este trabajo a falta de contexto que en el caso de Ramos resulta más que indispensable para entender el cauce por el que ha transitado la izquierda nacional desde fines de la década del cuarenta del pasado siglo XX en Argentina. Y el resto de los trabajos debido quizá a su brevedad tampoco satisfacen la necesidad de registro amplio y detallado que se impone cuando falta todo o casi todo y cuando todo eso comprende un segmento de mas de setenta años.

Regali, por el contrario, honra su tema al reconstruir con minucioso detalle el contexto histórico que da lugar a la formación de la izquierda nacional con una continua referencia al más amplio escenario global en el que han discurrido las acciones y las ideologías durante nuestro difícil y accidentado siglo XX.

A lo largo de once densos capítulos Regali examina ante todo el cambiante mundo del siglo XX (Capítulo I), el escenario de sus facciones (capítulo II), y las figuras centrales de la revolución socialista triunfante en Rusia (capítulo III). Entre luego Regali a ocuparse de las facciones nacionalistas oligárquica y popular que jugaron un rol formativo en hombres como Ramos y Terzaga (capítulo IV); el curso de las rebeliones y la formación autodidacta de Ramos (capítulo V); para llegar luego al momento en el que emerge históricamente la izquierda nacional como conglomerado de ideas y de acción política que forma el núcleo duro del libro y su más extensa sección (capítulo VI). A esa reconstrucción morosa y detallada sigue luego el examen del paso del partido Socialista de la Izquierda Nacional al Frente de Izquierda Popular (capítulo VII) y su ulterior giro hacia el Movimiento Patriótico de Liberación  donde se opera la ruptura con Jorge Spilimbergo importante compañero de ruta la accidenta tareas orientada a posicionar a la izquierda dentro del campo nacional y popular (capítulo VIII). La etapa postrera signada por su incorporación al gobierno de Menem como embajador en México es examinada junto la creciente inclinación por el peronismo (capítulo IX), que se manifiesta en un nuevo giro histórico que debía culminar con su afiliación al partido justicialista que no llega a concretar por su repentino fallecimiento el 3 de octubre de 1994 (capítulo X). El libro se cierra con un breve balance que coloca a Ramos en el contexto de la época (Capítulo XI) y se completa con una muy útil bibliografía muy bien desagregada. El prólogo de Ernesto Laclau hace, por su parte, justicia a Ramos desde el horizonte de la erudición de izquierda y el epílogo de Laura Ramos completa la faceta familiar que integra el escorzo de esta singular figura a quien Jauretche calificara como el único marxista con sentido del humor.    

Valiosa contribución hecha desde fuera de la erudición académica esta obra de Enzo Alberto Regali cubre holgadamente el hueco de aquella asignatura pendiente de nuestra cultura intelectual y poca duda cabe de que, de ahora en adelante, va a ser una referencia obligada para el mejor conocimiento de nuestra historia reciente y de las ideas que lo nutrieron.



sábado, 1 de diciembre de 2012

Los Amores, Santa Fe Departamento Vera Argentina: La que no podía ahorrar en dólares.




EL PRECIO DE UNA CASUAL IRREVERENCIA SOCIAL

En primer lugar y a título de confesión, no soy “kirchnerista”, soy peronista  y provengo de la izquierda nacional, es más, soy absolutamente crítico de “La Cámpora” y sus métodos. Busquen en internet (“gugleenmé” como se dice hoy) y verán que acuerdo con algunas políticas pero no con otras y que apoyo a José Manuel De La Sota aunque sigo manteniendo puntos de vista propios que hoy no vienen al caso.
Sobre todo admiro entre otros a Octavio Paz y su frase: “el escritor debe ser un francotirador”. Lo mismo sostiene Jorge Asís. 
Me impactó la “caza mediática” y social/política que se hizo de la obra de teatro protagonizada por niños de una escuela del departamento Vera de mi querida provincia de Santa Fe.
En primer lugar. La maravillosa actuación de la niña protagonista y también de sus compañeritos, aunque fueran menos histriónicos, importó poco. Solo se mencionó como subsidiario o en el “termo” de los despachos. Tampoco escuché que nadie reparara en la alegría que demostraron los niños –las “pilas” que pusieron- al recrear la obra salida de la pluma de un maestro. Cabe aclarar que los maestros son ciudadanos como usted o yo que simplemente cumplen una función importante para la sociedad que es enseñar y/o instruir a nuestros niños y jóvenes. No necesariamente deben ser grandes literatos o poetas, artistas o eruditos…
Los lobos o los gatitos están hambrientos. Los titulares hablaban de “adoctrinamiento de la Campora” –entre paréntesis pongan las barbas en remojo, el que le toque, porque ya llegaron al confín de una provincia no K-. Una funcionaria defensora de niños o algo así – ¡arreglados están los niños!- ya se puso a investigar si no se vulneró la convención del niño, tal vez desee llegar a la UNICEF… Un prudente educador dijo “se merecen una sanción el maestro y el director por bo…. y una felicitación los niños por su esmerada participación”. Una pedagoga por radio dictó clase con la discutible afirmación de “la falta de comprensión de los niños a esa edad”, respecto del texto de la violencia, en la escena con el revólver y de las ideas políticas expuestas, en suma nos dio y les dio a los docentes que seguramente escuchaban esa radio,  una clase de pedagogía y psicología infantil, agregando que, existiendo tanta literatura infantil excelente ¡cómo no eligieron otra cosa! Otro de los funcionarios, que descubrió que había micrófono de los medios para el tema, habló de “investigar si no hay incitación a la violencia” ¡! dado que hay armas y un “chico en silla de ruedas” ¡! En fin seguramente se me quedan en el tintero muchas afirmaciones más sin dejar de lado las del “filósofo lenguaraz”  Aníbal Fernández demostrando su escaso nivel de conocimientos tal vez debido a la altura de los edificios capitalinos: “El senador del FpV repudió el escandaloso acto en el que los chicos hablaron de dólares y planes sociales. No es saludable, porque los pibes no saben de qué se trata”declaró a la prensa.
A todo esto demostrando dignidad humana tanto el director de la escuela como el intendente del pueblo y algún otro ciudadano mantuvieron a pie firme la defensa del maestro y la obra realizada por los niños.
Tratemos de salir de los intereses políticos, “del todo vale” contra mis enemigos y/o adversarios, de los “tilingos” que usan micrófono cuando no corren riesgos y repiten como cuscos ladradores la “buena opinión”, de los “guarangos” que torpemente agitan “el intento de lavado de cerebro” y de los zonzos como Aníbal que asustado por sus anteriores dichos quiere reconvertirse a un hombre “políticamente correcto”.
Escribo desde el corazón porque se necesita. En primer lugar ¡Que maravillosa actriz es esa niña! ¡Cuánta simpleza y alegría en la actuación! Cuando le dice “matame” a Rogelio el estanciero que no se acordaba o no se animaba a usar el “arma” y luego cuando, ya tirada en el suelo impactada por la “bala”, le dice “el micrófono, poneme el micrófono” a Ana Paula (la sobrina en la ficción). En fin el resto de la actuación es realmente maravillosa. Claro está nadie pensó realmente en los alumnos, salvo para el uso político que había que darle al tema. Se va lentamente perdiendo el sentido del humor.
Sostengo un análisis diferente al de la pedagoga y a los leídos últimamente. Ya que sin soberbia creo, que la educación es demasiado compleja para que quede en manos de licenciados en Ciencias de la Educación, psicólogos y psicopedagogos exclusivamente.
La obra obviamente no está escrita por Roberto Arlt o algún surrealista, tampoco es metafórica. Es lineal, directa y explícita, con muchos lugares comunes, con un razonamiento infantil y por momentos excesivamente obvia. Ahora bien pidiendo disculpas por mi ignorancia, falta de pedagogía y de conocimientos digo: un niño puede sacar como conclusión varias cuestiones: a) la ambición desmedida, trae consecuencias fatales y se vuelve en contra de quien la practica; b) es éticamente condenable pretender enriquecerse por medios delictivos, c) la “mala” condena, que la presidenta (ojo, hoy es Cristina, pero mañana puede ser otro) elegida por el pueblo, haga una política “para los pobres” únicamente “y los ricos que…” lo que por oposición y absurdo (como se prefiera) establece la necesidad de ocuparse de los desposeídos. No es esta simplificación mi pensamiento porque es un  relato parcial que no condice linealmente con la realidad pero tampoco es traumático que los niños estén convencidos que es “bueno” pensar en “el pobre”. Obviamente los “ricos” no son necesariamente malos pero Rogelio no aparece como símbolo de la perversión por ser pudiente, aunque Ana Paula dice que es explotador lo que resulta un pensamiento más que habitual en las zonas rurales. Es innegable que lo que se expresa en la obrita es parte de la realidad cotidiana que vive nuestra sociedad. Que nadie mire para el otro lado. No afirmo que sea bueno o malo, pero es así y la escuela no es la responsable al menos no la única, ni la principal.
Desafío a que periodistas y funcionarios (la mayoría lo saben porque como yo seguramente tiene hijos en escuelas públicas privadas, o sea no hago bandera de exclusivismo estatista, solo describo) charlen con sus hijos y encontrarán numerosas expresiones discriminatorias pero al revés ¿o no está o estuvo de moda decir fulanito “es un negro” para descalificar algún compañero, aunque sea rubio? ¿Acaso no repiten jovencitos “bien educados” que el gobierno favorece la vagancia al otorgar planes de asistencia social? Claro está quienes esto afirman nunca trabajaron… y es correcto, pero hay otros que tempranamente piden en la calle o limpian vidrios y así otras tareas que les permite hacerse de una monedas. Los padres –especialmente los que pertenecemos a la clase media- sabemos, aunque algunos no le ven así porque comparten lo que dicen sus hijos, que  permanentemente hay que “machacar” para que los niños y jóvenes sean solidarios, no discriminen, no se muevan con violencia, no se emborrachen, no se droguen en fin es una práctica diaria y constante de amor y educación, en un mundo sumamente complejo. La violencia entre la clase media es calificada y cruel. ¿O no hay profesionales de nuestras universidades entre los que conducen las barras bravas de algunos clubes? ¿No hay rugbiers que en patota agreden a chicos  débiles en forma desigual en las salidas nocturnas? ¿Acaso los niños en la platea de futbol, no observan las peores palabras y agresiones de los “cultos” contra jugadores técnicos y réferis? En esto muchos miran para otro lado y de vez en cuando acusamos al gobierno de turno, pero somos nosotros, ciudadanos responsables los que tenemos que comprometernos en educar para erradicar lentamente la discriminación, la violencia y el individualismo extremo que atenta contra la solidaridad.
El uso de armas y de una silla de ruedas. ¿Acaso en todos los medios, escritos y/o audiovisuales, novelas de la tarde, chimentos “siesteros”, no usan permanentemente armas de distinto tipo incluido los excesos verbales? La silla de rueda por otra parte forma parte de la realidad con la que los niños, afortunadamente, muchas veces conviven en las aulas, hecho que enaltece a la escuela argentina que tiene una política activa para la integración de las personas discapacitadas o con capacidades diferentes (aunque mi hijo que es ciego me diría “dejate de joder papá a mi me falta un sentido, la vista, no me vengan a decir que no tengo una discapacidad”). Creo que en este teatro escolar, si algo queda claro es que la violencia no es “buena”, que el uso de armas trae consecuencias y que la persona discapacitada es un estanciero enamorado y es rico, aunque allí no aparece como malvado salvo por alguna expresión de Ana Paula (la encargada de “enamorarlo”, enviada por su tía mala), que sin embargo es “tan bondadosa” que está dispuesta a decirle la verdad Rogelio. Por el contrario la malvada es una persona que aparenta ser de clase media y que no le importa nada, ni el país ni los pobres.
Ahora bien vayamos directamente al “adoctrinamiento”: hay en la obra por oposición una defensa de los planes sociales. ¿Es que acaso alguno piensa que los planes fomentan la vagancia? Bueno quien esto escribe no piensa así y creo que no sería correcto transmitirlo a los niños ni ricos ni pobres ni de ningún tipo. En todo caso es preciso debatir cómo los planes llegan a quien lo necesita realmente y como evitamos que pequeños o grandes ladronzuelos con la excusa de “la revolución” o el “proyecto” o su “desvelo por la pobreza”, medren con ellos. La asignación universal por hijo fue votada por todos o casi todos nuestros legisladores y que yo sepa nadie realizó hasta ahora una propuesta más adecuada, lo que no obsta para que se debata el tema, pero en todo caso no es nocivo para los niños que saben que existe porque sus familias en muchos casos la cobran y se benefician con ella. Rechazo de plano la liviana afirmación “los niños a esa edad no entiendan nada”. ¿O es que acaso creemos que un concepto abstracto o ideal como “patria” –para dar un ejemplo habitual- goza de una comprensión absoluta a esa edad? Sin embargo se trabaja desde el ingreso a la escuela a los tres o cuatro años y es correcto que así sea.
También el maestro hereje en el texto defiende la nacionalización de YPF. ¿Es que hay quien se atreva a defender su privatización que la llevó adelante Menem y la mantuvo Kirchner (Eskenazi por medio) ¿Acaso es perjudicial y lava la mente  de un niño que le hagan mencionar la defensa de una YPF nacional? La privatización tal y como se realizó fue un atraso para el país pero tampoco la nacionalización ha demostrado hasta ahora que recuperamos soberanía, falta mucho para ello. No obstante deseo niños -y adultos- a los que se les ocurra discutir la soberanía nacional de una empresa como YPF, no repetidores de fantasías que solo cuentan los adultos. Aclaro que no hago ideología, creo que las empresas del estado deben modernizarse y funcionar tal vez al estilo PETROBRAS, para dar un ejemplo. Lo que no consiento es que utilizando uan supuesta preocupación por la mentalidad impoluta de los niños “instalemos” que introducir a YPF en una obra de teatro, el día de la independencia argentina, sea lesivo para  estos. O que Campanela (¡qué le pasa al cineasta!), autor de películas extraordinarias aunque discutibles –como el Secreto de sus Ojos- desee el repudio del gobierno nacional… a este hecho ¿No es un poco exagerado? Tanto, como algunos discursos de la presidenta para con sus adversarios en ocasiones de tensión.
Que un niño diga que “el peso” es nuestra moneda nacional y no el dólar, resulta un razonamiento correcto en un país donde todavía predomina el prejuicio contra lo nacional y una profunda admiración por Europa o EE. UU. según los casos. ¿O no sabemos de personas que viajan cada dos meses, más o menos, a traer mercadería de Miami y si no se paga aduana mejor?  Nadie se haga el tonto dentro de la clase media (empleados, docentes, obreros, profesionales, etc.) y por cierto tampoco los de más poder adquisitivo: empresarios, profesionales etc. todos venían comprando dólares para ahorro, viajes o negocios financieros. El gobierno decidió –desde mi pensamiento un poco torpemente- tomar algunas medidas para evitar fuga de divisas que en definitiva terminan perjudicando a todos. Estas medidas no están del todo mal vistas por institutos como IERAL de la Fundación Mediterránea. Cavallo, Roberto Alemann, entre otros, ya hace tiempo denunciaron la cantidad de dólares que había en el exterior y la necesidad de tomar medidas para que ese ahorro argentino no sea gratis para quienes lo usufructúan. El primero incluso llegó a proponer en la cámara de diputados un impuesto a quienes poseían esos fondos en el exterior. El gobierno actual decidió actuar, hacer algo, poner algún límite y aunque ciertamente no lo hizo bien y que algunas cacatúas oficialistas hablaron demás, sabemos que como país soberano, no nos favorece que los dólares se fuguen alegremente. Es más yo hasta diría que más importante que lo hecho –lo cual puede y debe mejorarse y sobre todo eficientizarse- sería llevar adelante la propuesta de Alemann o Cavallo en lo posible.
Por último y tal vez lo más criticable en la obra es desvalorizar la expresión masiva de muchísimos argentinos el 8 de noviembre en las calles. Esa movilización es mucho más compleja que la simplificación realizada por el maestro o Anibal Fernández, Ernesto Jauretche y tantos otros que así opinaron. Sin embargo ¿Qué es lo grave o indignante? ¿Acaso no es parte de la sociedad esa opinión -que  no comparto- sobre el cacerolazo?
En definitiva la batalla o confrontación política debería tomar por carriles razonables alejados de las dramatizaciones de las que luego debemos arrepentirnos o al menos desdecirnos. Mucho menos cuando nos encontramos ante los niños. ¿Alguien puede suponer que los escolares quedaron al margen de la controversia? ¿Acaso podemos padecer la  necedad de no percibir que ellos ya están opinando sobre el tema? Alguien habló de sancionar levemente a director y profesor por haber elegido tema tan sensible en lugar de optar por otras opciones…Algo de razón tiene quien esto afirma porque evidentemente los argentinos somos “lo que somos” y la discusión crítica está planteada. Ahora bien, tampoco creamos que una leve sanción no va a afectar a los niños, por el contrario, apostaría sin ningún temor a perder que van a apoyar a su profesor. Amigos lectores pocas cosas son secretas y cuando hablamos que la escuela no debe estar al margen de la realidad, luego cuando ellos ocurre aunque sea con errores…no nos asustemos.
El tema es desdramatizar y acordar entre todos los que tenemos responsabilidades políticas de algún tipo, no jugar con la educación de nuestros niños y jóvenes. También comprender que nuestras discusiones no están al margen de la escuela, ni los niños son sujetos de baja comprensión. Si esto no ocurriera estaríamos ante un feudo escolar tabicado por las “aduanas” que protegen de la vida exterior.
Dialoguemos para hacer un paréntesis sobre los temas actuales y sensibles, comprometámonos a conversar, respetar y escuchar, pero no avancemos sobre ninguna libertad de expresión o conciencia y sobre todo no exageremos las controversias ya que esta actitud tarde o temprano se nos vuelve perjudicial para el conjunto. 
Los ministerios deben superar el pensamiento único de las intricadas polémicas pedagógicas y bizantinismos metodológicos para colaborar en la formación docente en historia, política, literatura, arte, música, cine, en fin cultura general, que siempre derramará en las aulas y que hoy está demasiado ausente de las capacitaciónes que brinda el estado. Ni que hablar de las ciencias llamadas duras que son estratégicas. No puede la pedagoga mencionada hablar de “todo lo que existe en literatura”y lamentarse porque no decidió la escuela interpretar alguna obra de calidad cuando los contenidos han sido dejados de lado en nombre de incomprensibles “planeamientos” y una inextricable “construcción participativa del conocimiento”, algo que termina siendo una entelequia más de intelectuales al servicio de sus intereses.  
Afortunadamente la escuela, los niños, los jóvenes y los docentes suelen no conmoverse por la “dureza de corazón” de los intelectuales y/o políticos.
Hace tiempo ya, leí una gran novela del cubano Leonardo Padura, no “fidelista” aunque aparentemente si “raulista”. Se llama “El hombre que amaba a los perros” –la recomiendo, es excelente-. Casi al comienzo el protagonista que es un escritor en la isla de Fidel Castro, relata su alegría de estudiar letras, su ambición de ser escritor y sus logros inmediatos en la universidad, con premios incluidos. El caso es que poco tiempo antes de terminar los estudios con laureles incluidos, escribe un cuento sobre un revolucionario que antes de ser delator de compañeros  prefiere suicidarse. Feliz, considerando que su narración es una auto superación, síntesis del enriquecimiento intelectual provocado por la lectura de Kafka, García Márquez, Hemingway y otros se siente en la cima. Pero “los compañeros comunistas” ven en el cuento “confusión ideológica”, “inoportunidad”, “impublicabilidad” y deciden “perdonar” al hereje del “socialismo” y hacer como que ese cuento nunca existió… (Cualquier leve similitud con algunas realidades nuestras, es mera coincidencia).
Bien, la obrita de teatro de los niños y el maestro de Vera, nunca más va a existir por la coincidencia ¿ideológica? de oficialistas y opositores.
Yo me quedo con Octavio Paz cuando comenta que Hölderlin dice que los hombres hemos aprendido a nombrar lo divino y los poderes secretos del universo desde que somos un diálogo y podemos oírnos los unos a los otros.
Que así sea.
San Antonio de Arredondo, atardecer del 26 de noviembre de 2012.


sábado, 10 de noviembre de 2012

Esencia del Artiguismo



El presente artículo es una colaboración del amigo oriental Alberto Umpierrez que actualmente se desempeña como coordinador del Programa Bicentenario de las Instrucciones a la Asamblea del año XIII que dirige la presidencia de la Cámara de Diputados del Uruguay.





“La soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada, como el objeto único de nuestra revolución” (Artículo 8º de las instrucciones dadas por Artigas a Tomás García de Zúñiga para orientar su misión ante el gobierno de Buenos Aires, documento fechado en Paso de la Arena en febrero de 1813)

La dimensión política
Tal vez pueda parecer arbitrario tomar esta frase como definición de la “esencia” del Artiguismo. La elección obedece a que es la primera expresión conceptual de un ideal político propio de Artigas y del Pueblo que ya lo había elegido como Jefe en 1811.
Pero esta frase por sí sola ha dado lugar a muchas discusiones teóricas desde hace más de un siglo, por lo tanto su interpretación debe ser contextualizada en el momento histórico y alumbrada por otros pronunciamientos de nuestro Prócer.
El documento de referencia se produce en el marco de los famosos conflictos y negociaciones con Manuel de Sarratea y con el gobierno de Buenos Aires, entonces ejercido por el “Segundo Triunvirato”. Afortunadamente buena parte de esas negociaciones están documentadas en numerosas cartas que fueron publicadas fundamentalmente en el Tomo 9 del Archivo Artigas.
Entonces, este concepto de la “Soberanía particular de los pueblos” es una primera diferencia muy importante ante la postura “centralista” del gobierno porteño, que en aquella época pretendía gobernar a las Provincias del Río de la Plata de modo prepotente y tiránico, “designando pro-cónsules” al mejor estilo del Imperio Romano, como le relata el propio Artigas al General José María Paz muchos años después en su exilio paraguayo.
Pero la buena disposición de Artigas para negociar un acuerdo con Manuel de Sarratea y con el Triunvirato, también marca una diferencia muy importante con la postura mucho más independentista sostenida por la Junta Gubernativa del Paraguay, que ya evolucionaba hacia el aislamiento que caracterizó al largo mandato de Gaspar Rodríguez de Francia. En este sentido es muy clara la carta que le envía el representante oriental Andrés Campana al secretario de Artigas, Miguel Barreiro, desde Villa Rica el 21 de agosto de 1812, refiriendo afirmaciones del vocal de la Junta paraguaya Pedro Juan Caballero:
“los primeros oficios de Artigas eran muy conformes con nuestros sentimientos, pero los últimos que recibimos, antes que los que Usted ahora conduce, no prueban aquella sinceridad, porque quiere mezclarnos en pacto con Buenos Aires y nosotros, con aquel pueblo no podremos guardar consecuencia, porque tarde o temprano o luego que haya pacificado el Perú, volverá la vista sobre nuestra provincia y sucederá como el año pasado, que nos afligieron con una guerra pesada, y es probable, que el ejército de Artigas sirva para realizar esas intenciones de los Porteños…”
Mucha desconfianza traslucían las palabras sin duda proféticas de Pedro Juan Caballero en agosto de 1812, y por supuesto también mucho de razón. Basta leer la Proclama de Artigas al Pueblo Oriental con motivo de haberse firmado el Pacto del Yi con los representantes de Manuel de Sarratea, el 8 de enero de 1813:
“Gloria eterna a la constancia de los bravos Orientales. Paisanos: Ved ahí el cuadro de vuestros Anales. La perspectiva horrible de una desunión entre hermanos puso el sello a nuestras angustias, ahora temblarán los enemigos del sistema, viéndonos abrazar con nuestros Auxiliadores. Memoria eterna a día tan precioso en que brillen los designios santos de la Libertad, el luce solo para hacer su más digno triunfo y rendir el homenaje a todas las virtudes. Erijamos su monumento eterno a esta conciliación feliz que reuniendo el objeto de todas nuestras pretensiones sofoca los resentimientos, y nos abre la época de presentarnos con dignidad, y humillar delante de nuestro esplendor a los déspotas indignos que infaman la existencia de nuestros compaisanos dentro de Montevideo….”
Por supuesto que el pacto con Sarratea quedó en la nada apenas se había secado la tinta de las firmas… “Es muy veleidosa la probidad de los hombres…” decía Artigas poco después, en abril de 1813.
Es de subrayar que para Artigas “El pueblo de Buenos Aires es y será siempre nuestro hermano, pero nunca su gobierno actual. Las tropas que se hallan bajo las ordenes de Vuestra Excelencia (Sarratea) serán siempre el objeto de nuestras consideraciones, pero de ningún modo V.E.” (carta de Artigas a Sarratea, Navidad de 1812), concepto que se repite consistentemente a lo largo de toda su trayectoria y bajo distintos gobiernos porteños.



El Proyecto político representado por Artigas queda claramente plasmado en las Instrucciones del Año XIII, en forma por demás consistente con la idea formulada inicialmente de “Soberanía particular de los pueblos”:
“Artículo 1º - Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas Colonias, que ellas estén absueltas de toda obligación de fidelidad a la Corona de España y familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España es y debe ser totalmente disuelta.
Artículo 2º - No admitirá otro sistema que el de confederación para el pacto recíproco con las Provincias que forman nuestro Estado.
Artículo 3º - Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.
Artículo 4º - Como el objeto y fin del Gobierno debe ser conservar la igualdad, libertad y seguridad de los Ciudadanos y los Pueblos, cada Provincia formará su gobierno bajo esas bases, a más del Gobierno Supremo de la Nación.
Artículo 5º - Así este como aquél se dividirán en poder legislativo, ejecutivo y judicial.
Artículo 6º - Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí, y serán independientes en sus facultades.
Artículo 7º - El Gobierno Supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado. El resto es peculiar al Gobierno de cada Provincia.
Artículo 8º - El territorio que ocupan estos Pueblos desde la costa oriental del Uruguay hasta la fortaleza de Santa Teresa forman una sola Provincia, denominante la Provincia Oriental.
Artículo 9º - Que los siete Pueblos de Misiones, los de Batoví, Santa Tecla, San Rafael y Tacuarembó que hoy ocupan injustamente los Portugueses y a su tiempo deben reclamarse serán en todo tiempo territorio de esta Provincia.
Artículo 10º - Que esta Provincia por la presente entra separadamente en una firme liga de amistad con cada una de las otras para su mutua y general felicidad, obligándose asistir a cada una de las otras contra toda violencia, o ataques hechos sobre ella o sobre alguna de ellas por motivo de religión, soberanía, tráfico o algún otro pretexto cualquiera que sea.
Artículo 11º - Que esta Provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho que no es delegado expresamente por la confederación a las Provincias Unidas juntas en congreso.
Artículo 12º - Que el puerto de Maldonado sea libre para todos los buques que concurran a la introducción de efectos y exportación de frutos poniéndose la correspondiente Aduana en aquel Pueblo; pidiendo al efecto se oficie al Comandante de las Fuerzas de su Majestad Británica, sobre la apertura de aquél Puerto para que proteja la navegación o comercio de su Nación.
Artículo 13º - Que el Puerto de la Colonia sea igualmente habilitado en los términos prescriptos en el artículo anterior.
Artículo 14º - Que ninguna tasa o derecho se imponga sobre artículos exportados de una Provincia a otra; ni que ninguna preferencia se de por cualquiera regulación de Comercio o renta a los Puertos de una Provincia sobre las de otras ni los Barcos destinados de esta Provincia a otra serán obligados a entrar a anclar o pagar Derechos en otra.
Artículo 15º - No permita se haga ley para esta Provincia sobre bienes de Extranjeros que mueren intestados, sobre multa y confiscaciones que se aplicaban antes al Rey; y sobre territorios de este mientras ella no forma su reglamento y determine a qué fondos deben aplicarse como única al Derecho de hacerlo en lo económico de su jurisdicción.
Artículo 16º - Que esta Provincia tendrá su Constitución territorial; y que ella tiene el derecho de sancionar la general de las Provincias Unidas, que forma la Asamblea constituyente.
Artículo 17º - Que esta Provincia tiene derecho para levantar los Regimientos que necesite, nombrar los oficiales de Compañía, reglar la Milicia de ella para la seguridad de su libertad por lo que no podrá violarse el Derecho de los Pueblos para guardar y tener armas.
Artículo 18º - El Despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la Soberanía de los Pueblos.
Artículo 19º - Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires, donde reside el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas.
Artículo 20º - La Constitución garantirá a las Provincias Unidas una forma de gobierno republicana; y que asegure a cada una de ellas de las violencias domésticas, usurpación de sus Derechos, libertad y seguridad de su soberanía que con la fuerza armada intente alguna de ellas sofocar los principios proclamados. Y asimismo prestará toda su atención, honor, fidelidad y religiosidad a todo cuanto crea o juzgue necesario para preservar a esta Provincia las ventajas de la Libertad y mantener un Gobierno libre, de piedad, justicia, moderación e industria.”
Este texto, además de ser “Instrucciones” a los diputados que representarán a la Provincia Oriental en la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, también tienen un carácter en sí mismo “Constituyente” de la Provincia Oriental, lo cual resulta lógico porque mal podría enviar diputados una Provincia que aun no existía como tal.
Entonces, recomponiendo la secuencia lógica: primero, los Pueblos de la Banda Oriental se constituyen como Provincia; segundo, esta nueva Provincia “por la presente entra separadamente en una firme liga de amistad con cada una de las otras…”; y luego envía sus diputados a la Asamblea Constituyente de la Confederación que se pretende formar. Y esto último supone que “Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas Colonias…”, una independencia que ya se estaba ejerciendo de hecho, al igual que la autonomía provincial. Más aun cuando se establece su primer Gobierno Económico en la villa de Guadalupe (actual Canelones).
La dimensión económica y social
La “cuestión política” planteada por las “Instrucciones” derivó luego en una guerra civil, porque la oligarquía portuaria “centralista” de Buenos Aires no estaba dispuesta a negociar ningún tipo de autonomía provincial y mucho menos aceptar o someterse a la “Soberanía particular de los pueblos”, ni siquiera la del propio pueblo de Buenos Aires.

Obviamente que esta confrontación bélica no se explica solamente en una diferencia de opiniones teóricas sobre distintos modelos de organización del Estado. Pensar esto resulta de una ingenuidad pueril. No, no. La confrontación se daba entre grupos con intereses opuestos, antagónicos y en ese determinado momento irreconciliables.
Por una parte había un pequeño grupo de familias porteñas que ya estaban ejerciendo y disfrutando del Poder político y económico desde los tiempos coloniales. Por estar asociados al Poder durante décadas, fueron obsequiados con todo tipo de beneficios económicos y llegaron a niveles de acumulación de riquezas que les permitía sentirse “distinguidos” de los demás. Eran una auténtica casta aristocrática muy conservadora del “Orden” establecido, monárquico por supuesto, y acostumbrada a las prácticas cortesanas de las monarquías europeas.
En las antípodas estaban “los Pueblos” con toda su heterogénea diversidad: los “Orilleros” de Buenos Aires, las pequeñas burguesías comerciales y artesanales de las ciudades del interior, los “Gauchos” productos del constante mestizaje, los “indios salvajes” en sus comunidades, los guaraníes evangelizados en sus villas y misiones, los negros libres y los esclavos… Cada uno con sus propios intereses, pero todos luchando por conservar y eventualmente mejorar sus precarias condiciones de vida, frente a la voracidad expropiadora de un pequeño grupo de poderosos asociados a los grandes Imperios de Europa, particularmente Inglaterra.
Por supuesto, viendo la cuestión de este modo, es lógico que Artigas planteara la redistribución de la propiedad de la tierra y el fomento de la campaña, con pautas que resultaron en su momento y resultan aun hoy profundamente revolucionarias:
“6º) Por ahora el señor alcalde provincial y demás subalternos se dedicarán a fomentar con brazos útiles la población de la campaña. Para ello revisará cada uno, en sus respectivas jurisdicciones, los terrenos disponibles; y los sujetos dignos de esta gracia con prevención que los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia, los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia, si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad, y a la de la provincia.
7º) Serán también agraciadas las viudas pobres si tuvieren hijos. Serán igualmente preferidos los casados a los americanos solteros, y estos a cualquier extranjero.”
Es lógico, siempre y cuando se entienda que la “Soberanía particular de los pueblos” está en las antípodas de la “Soberanía absoluta de la oligarquía” que finalmente resultó triunfante. Por eso en su esencia, el Artiguismo continúa tan vigente en el presente.


Alberto Umpiérrez

martes, 16 de octubre de 2012

EL 17 DE OCTUBRE COMO EPÍLOGO



La presente colaboración es del Abog.  Pablo Yurman y agradezco al Prof. Marcelo Gullo habérmelo facilitado.                                                                  

Por Pablo Yurman*   


           No es fácil arrimar al lector alguna novedad con respecto al Día de la Lealtad, fecha fundacional de peronismo, pero que indudablemente entronca con los hitos históricos del Movimiento Nacional. Mucho se ha dicho desde la historia, el sindicalismo, la política, la sociología, entre otras disciplinas. Conocidas son las discusiones sobre si el millón de personas congregadas aquél 17 de octubre de 1945, en Plaza de Mayo y sus adyacencias, concurrió espontáneamente o a las órdenes de una aceitada planificación de líderes sindicales y hasta de la mismísima Evita. Adelanto mi opinión entre quienes ven un poco de ambas cosas. Ningún líder sindical ni Evita hubieran podido juntar mucha gente si alguien no hubiese trabajado sobre la realidad de cientos de miles desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, desde varios años antes.
         Puede señalarse que aquél día, que marcó un antes y un después en la historia argentina, abrió las puertas, en virtud de la magnitud del apoyo popular, a la candidatura de Perón y su triunfo electoral pocos meses después y fue, por lo tanto, prólogo de lo que conocemos como justicialismo.
         Pero acaso pueda entenderse el 17 de octubre no tanto como prólogo de lo que siguió, sino como epílogo de una Argentina que ya nunca más sería la misma.

El querido José María Rosa y el inolvidable Arturo Jauretche en Uruguay 


LA GUERRA Y LA LEALTAD
         
       Quizás no pueda entenderse la fecha evocada, ni el peronismo que fue su consecuencia política, sin comprender los profundos cambios que a todo nivel produjo el impacto en nuestro país de la Segunda Guerra Mundial. Impactos que sobrevendrían a pesar de haber permanecido neutrales hasta casi la finalización de la contienda. Para ello hay que utilizar cierta capacidad de imaginación e intentar visualizar lo que hoy es el Conurbano, pero con la fisonomía que tenían antes de la guerra mundial.
         Esa región era hacia 1939, año en el que comenzó el conflicto entre los aliados y las potencias del Eje por la supremacía mundial, una zona de quintas o de esparcimiento que con sus pequeñas poblaciones semi-rurales distaba mucho de la imagen con perfil industrial y densamente poblada que hoy posee. En el medio, ocurrió la guerra y con ella, el proceso de industrialización del país para sustituir con producción local todo lo que hasta poco tiempo antes importábamos procedente de Europa y, en menor medida, de Estados Unidos. Si bien es dable acotar que ese tibio proceso industrializador había comenzado durante la década del 30, con la guerra se intensificó de modo exponencial.
         De todas formas, el fenómeno en sí no era muy distinto al que ocurrió durante la Primera Guerra Mundial. Con una enorme diferencia: a diferencia de aquél, este no sería desaprovechado, sino profundizado en sus rasgos más salientes vinculados con la creación de un mercado interno. En 1945 ese proceso formaría lo que agudamente Marcelo Gullo denomina nuestra “insubordinación fundante”.
         El país comenzó a manufacturar la gran cantidad de materias primas que antes exportaba, por dos motivos básicos: nuestros antiguos compradores, ahora disputaban una lucha descarnada por su supremacía mundial. Y precisamente por esto último, las fábricas inglesas o norteamericanas, francesas o belgas, que antes suministraban todo tipo de objetos a mercados como el nuestro, desde galletitas hasta vehículos, ahora se habían reconvertido a fabricar armas y municiones.
         Fue así como lentamente, sin estímulo oficial alguno, sin planificación, en un país con una forma mentis para la cual la industria nos era totalmente ajena, donde antes hubo clubes de remo, de fútbol, o quintas y baldíos, comenzaron a aparecer, primero simples talleres artesanales que apenas ocupaban a los parientes del innovador operario que devendría empresario. Pero después, en virtud de la mayor demanda de esos bienes, los talleres se transformaron en fábricas que daban trabajo a cientos de obreros. Ello explica el proceso de migraciones internas que trasladaron a cientos de miles de hombres del interior profundo que a duras penas sobrevivían de alguna changa rural, a los suburbios de Buenos Aires, donde los sueldos eran muy superiores y las condiciones de vida mucho más dignas.
         La generalidad de la Argentina “visible” de entonces, esto es, la dirigencia política tradicional, los sindicatos comunistas y socialistas ya existentes pero que utilizaban categorías de análisis ajenas a nuestra realidad, la prensa y la universidad, no captaron el fenómeno. El único político con la habilidad suficiente no ya para captarlo sino para encauzarlo a través de una revolucionaria legislación laboral, fue Perón.
         Y lo de revolucionaria legislación laboral no sólo pasaba por escuchar, quizás por primera vez, a un delegado de fábrica o de comercio, sino por dar respuestas a sus reclamos.

NI UN SOLO CRISTAL ROTO
         
        Un testigo privilegiado que estuvo en la Plaza aquél día de reivindicación colectiva, José María Rosa, dejó plasmado acaso el más fidedigno relato del ambiente que se vivió en aquella jornada en que la masa dejó de ser amontonamiento humano amorfo y se constituyó en Pueblo, al saberse comunidad de ideales compartidos. Cuenta el historiador citado: “Gente que no se estaba acostumbrado a ver en las calles del centro de las ciudades, los despreciados cabecitas negras… venidos de la campaña para trabajar en fábricas de las orillas ciudadanas, desarropados como andaban los obreros de entonces (descamisados los llamará Américo Ghioldi).’¡Sin galera y sin bastón/los muchachos de Perón!’. Sucios con la grasa y el aceite del Riachuelo, destrozadas las alpargatas por la caminata; pero alegres, muy alegres, al verse juntos y saberse tantos. Los más jóvenes marchaban con saltos, ‘¡Aquí están/éstos son, los muchachos de Perón!’, ‘¿Si esto no es el Pueblo?/¿el pueblo dónde está?’. No iban en orden, zigzagueaban a lo ancho de las avenidas como si tomaran posesión de algo suyo. Silbaron al pasar ante la casa socialista, herméticamente cerrada;… pero nada más; ninguna piedra cayó contra el cortinaje metálico que protegía las vidrieras cerradas. Oí consignas nacionalistas –nuestras consignas- que me desconcertaron, porque no imaginaba que hubieran llegado hasta ellos: ‘¡Patria sí, colonia no!, ¡La Argentina para los argentinos!”. Es cierto: no hubo un solo vidrio roto y no se derramó una sola gota de sangre.
         El relato nos recuerda que las revoluciones populares se han hecho siempre de cara al pueblo, nunca dándole la espalda. Es algo que sube de abajo hacia arriba y no al revés. Por ello, las minorías que se sienten vanguardistas, con independencia del ropaje ideológico del que circunstancialmente se valgan, jamás comprenden al Pueblo y generalmente lo aborrecen.

Perón y Evita en uno de los tantos actos populares





* Abogado, Profesor adjunto de la Cátedra de Historia Constitucional Argentina, Facultad de Derecho, Universidad Nacional de Rosario.

sábado, 13 de octubre de 2012

nexo suramericano: FEDERICO LORENZ PSICÓLOGO DE LA DESMALVINIZACIÓN Y LA DERROTA CUESTIONA AL COLORADO

nexo suramericano: FEDERICO LORENZ PSICÓLOGO DE LA DESMALVINIZACIÓN Y LA DERROTA CUESTIONA AL COLORADO

FEDERICO LORENZ PSICÓLOGO DE LA DESMALVINIZACIÓN Y LA DERROTA CUESTIONA AL COLORADO






“El psicoanalista llegará a decir
que la palabra oculta y el cuerpo habla”
Michel de Certeau


En un artículo del diario Perfil de ayer 12 de octubre el señor Lorenz, un reconocido “malvinólogo”, a quien desde hace tiempo el Ministerio de Educación de la Nación, le ha pagado muchos honorarios para que coordine la comisión de Educación y Memoria, a la cual transformó en la comisión de la “memoria selectiva” ha vuelto a demostrar su voluntad desmalvinizadora. También forma parte el mencionado académico, por mérito propio del CONICET todo lo cual no le impide que sus oscuras reflexiones sobre Malvinas sean un “pastiche” por momentos inentendible aunque no lo suficiente para que quienes puedan leer lo subyacente, entiendan su actitud de desprestigio permanente de la gesta.  No vaya a creer el público lector que todo es penumbra en sus teorías, claramente explica a nuestros niños y jóvenes en texto ministerial, que la recuperación de las Malvinas es la continuación del Proceso de Reorganización Nacional y los muertos, heridos y suicidados forman parte de los desaparecidos de la represión…Claro está como esto es descarnado e imposible de sostener dado el carácter popular de la causa y que los “Kirchner provienen de una de las provincias australes y entonces tiene otra mirada del conflicto” (Lorenz), este autor asume la tierna perspectiva de entender a todo el mundo.
En este artículo no se le puede negar claridad y voluntad para tratar de desprestigiar a Alberto Lettieri, aunque al hacerlo para muchos lo elogia. Demuestra por que Alberto Lettieri está en el Instituto revisionista Manuel Dorrego y Lorenz forma parte de la corte de desmalvinizadores.  
Dice Lorenz: <Jorge Abelardo Ramos, actualmente desempolvado para estigmatizar a investigadores e historiadores de diversas posturas bajo el rótulo genérico de “académicos”, “antipopulares” o “mitristas”.>. Una lamentable simplificación que demuestra de falta de lectura de Federico. Abelardo, el Colorado, resurge porque existe un cambio en América Latina que permitió la llegada al gobierno de movimientos nacionales y populares que resolvieron dar un gran impulso a la Patria Grande. 
Es en este contexto que el presidente Chavez releyó o leyó uno de los libros más importante de Ramos: “Historia de la Nación latinoamericana” y lo exhibe antes las cámaras. Libro que dicho sea de paso se lo había obsequiado un antiguo seguidor de la izquierda nacional en el primer viaje que el comandante realizó a la Argentina, aproximadamente en 2005/6. Quiero decir con esto que el supuesto “uso” del Colorado para estigmatizar a la academia es una falsedad del “empolvado” Lorenz (por sus ideas antiguas). Reafirmo, que lo principal es la concepción de Ramos sobre la nación latinoamericana y es, en este encuentro de la idea con la realidad donde se produce su resurgimiento como lectura de los jóvenes y otros que no lo son tanto.  
Por supuesto que Abelardo realizó una crítica profunda a la “academia” y a los “mitristas” pero lo hizo desde los años 50, en momentos en que el hecho costaba el exilio, la cárcel o más humanamente el silencio del aparato cultural que regía en aquellos tiempos. De la misma manera Ramos en los duros años del Proceso no se exilió, llegó a ir preso y durante todo la dictadura mantuvo su organización, el Frente de Izquierda Popular, enfrentando a los dictadores cuando intentaron ir a la guerra con Chile, denunciando la represión y asesinato de algunos de sus dirigentes, incluso ante la comisión de derechos humanos que visitó el país. Sacó el periódico "Patria Grande" que atacaba la entrega nacional, no almorzó ni cenó con ninguno de los responsables de tanta masacre como sí lo hicieron personas que hoy integran los organismo de derechos humanos o que se llenan la boca hablando de los mismos. Tampoco emigró a los EE. UU. buscando el apoyo de los liberales demócratas y algún premio de prensa como ocurre con el actual "fiscal de la república" Horacio Verbitsky tan de moda. Cierto es que Lorenz tal vez desconoce todo esto por su juventud, aunque su carácter de académico lo debería obligar a leer algo más.
En cuanto al informe Rattenbach, creo que la cita me exime de explicar lo que Ramos sostenía, que no es precisamente un aval a la dictadura, sino la voluntad de seguir luchando, no ya por las armas sino por otros medios por lograr un país soberano en unidad con América Latina. Lorenz en cambio cuando producía material para educación hablaba de todos los genocidios pero nunca lo hizo respecto del perpetrado por Gran Bretaña, Holanda, Francia, EE. UU. o la misma Bélgica. Hizo más culturalmente, por denunciar el horror del colonialismo, Mario Vargas Llosa, un liberal asumido y coherente,  en El sueño del Celta, que el encargado de Educación y Memoria.
Lorenz en realidad se dedica sistemáticamente, no a esclarecer el papel cumplido por el imperialismo británico todavía vigente -aunque sin la fortaleza del siglo XIX y principios del XX- o los negocios que estos mantienen en el país o las formas posibles de presionar a Gran Bretaña para que restituya lo que robó por la fuerza en 1833 y en 1982. Por el contrario se esfuerza en una especie psicoanálisis social para que los jóvenes “desarmen la frase las Malvinas son argentinas”, se “interpelen a sí mismos”, “hagan inteligible las creaciones simbólicas”, en fin es un psicólogo de la derrota y la desmalvinización.
Agrego algunos aspectos sobre el Informe Rattembach que no fue desclasificado ayer, sino cuando se escribió el mismo,  ya que algún sector de la prensa (recuerdo que Clarín era luego de la derrota un desmalvinizador permanente, al igual que La Nación) lo compró.
El Informe es la  investigación confidencial sobre la conducción política y estratégico-militar de las Fuerzas Armadas Argentinas en la Guerra de Malvinas. A fines de 1982 los militares que no pelearon ni compartieron la decisión de recuperar las Malvinas, en derrota y desbande, atemorizados por las presiones internas y externas constituyeron la Comisión de Análisis y Evaluación de las responsabilidades políticas y estratégico militares en el conflicto del Atlántico Sur. 
La Comisión estaba integrada por el Teniente General (R) Benjamín Rattenbach y el General de División (R) Tomás Armando Sánchez de Bustamante por el Ejército; el Almirante (R) Alberto Pedro Vago y el Vicealmirante (R) Jorge Alberto Boffi, por la Armada; y el Brigadier General (R) Carlos Alberto Rey y el Brigadier Mayor (R) Francisco Cabrera por la Fuerza Aérea. Rattenbach como miembro más antiguo presidió esa Comisión de oficiales de alta jerarquía y elevó el informe que lleva su nombre. El señor Rattenbach, según dicen gozaba de alto prestigio en la FF. AA. aunque de lo investigado deducimos que dicho “prestigio” solo venía de sus “arriesgadas acciones” en el arte de conspirar contra gobiernos constitucionales. Entre otros cargos políticos que detentó, presidió el Estado Mayor Conjunto entre 1955 y 1956 para luego ser uno de los que obligó la renuncia del presidente Arturo Frondizi. Otro tanto cabe al Brigadier Rey, comandante de la Fuerza Aérea durante el gobierno militar durante la Revolución Argentina, y cuya acción más riesgosa fue firmar el pedido de mediación a la reina Isabel II de Gran Bretaña para el caso del Beagle con Chile.
Es interesante destacar la opinión del general golpista Sánchez de Bustamante  sobre la represión: El terrorismo es un hecho de excepción y de gravedad tal que reclama derechos proporcionales. Hay normas y pautas que no son de aplicación en este caso. Por ejemplo, el derecho al “Hábeas corpus”. En este tipo de lucha, el secreto que debe envolver las operaciones especiales, hace que no deba divulgarse a quien se ha capturado y a quien se deba capturar. Debe existir una nube de silencio que rodee todo... Y esto no es compatible con la libertad de prensa”. Por su parte el brigadier Carlos Rey era miembro de la Junta Militar de la Revolución Argentina como el Gral. Alejandro Agustín Lanusse y hoy tiene un proceso relacionado con  la masacre de Trelew. Rattembach fue golpista de 1955, firmante de la proscripción del peronismo y además entre el 20 de diciembre de 1955 y el 17 de octubre de 1956  se desempeñó como Jefe del Estado Mayor de Coordinación y también estuvo -reiteramos- involucrado en el derrocamiento del Dr. Arturo Frondizi.  Ninguno de ellos ha efectuado autocrítica pública de su pasado ¡Vaya con los encargados de juzgar una guerra anticolonial!
Finalmente deseo hacer conocer un texto de Ramos que contiene gran actualidad si deseamos conocer la verdadera historia y no panfletos que falsean la misma: “Al elevar el presente Memorial no me inspira otro interés que no sea el de la patria, hoy tan olvidado. Respecto a los Señores Comandantes procesados, y a los otros responsables anteriores del llamado Proceso de Reorganización Nacional, tampoco me considero ligado en términos políticos o personales.
Jamás almorcé en la Casa de Gobierno con el General Videla o Harguindegui, como tantos escritores y políticos, hoy muy en alza. Tampoco ni yo ni mis amigos gozamos de cargo alguno en el régimen militar. No fuimos embajadores, ni ministros, ni gobernadores, ni intendentes, según era costumbre en la inmensa mayoría de los partidos políticos (hoy “democráticos”) de izquierda a derecha.
Por el contrario, el régimen militar de 1976 – 83 me agravió con varios allanamientos, dos detenciones, cuatro procesos por violar la ley que prohibía la actividad política, algunos centenares de detenciones a miembros del FIP y seis afiliados muertos y desaparecidos. De donde se deduce la total objetividad del presente escrito. No podría estar fundado en otro propósito que no fuera la causa de la Nación, superior a la más amarga divergencia.”
Este texto fue dirigido al Presidente de la Nación Dr. Raúl Alfonsín y a los Comandantes en Jefes de la Fuerzas Armadas en febrero de 1986.